ENTREVISTA A PIER PAOLO PASOLINI (publicada en el número 400 de Quimera. Marzo de 2017)

NUNCA ABANDONÓ LA LITERATURA

En el verano de 1975, y por encargo de la revista neoyorquina Antaeus, Eugenia Wolfowicz entrevistó a Pasolini en los estudios de Cinecittà, donde el poeta y cineasta colaboraba en el montaje de Saló o los 120 días de Sodoma. Esta fue la última entrevista que, sobre temas literarios, concedió a un periodista no italiano. Pasolini sería asesinado el dos de noviembre de ese mismo año.

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Hace una docena de años, abandonó usted la literatura por el cine. En varias ocasiones ha explicado que había cambiado para protestar contra la situación de la sociedad italiana. Sin embargo, ahora resulta que ha escrito usted seis obras de teatro en verso. Y no parece que usted haya cambiado de actitud frente a la sociedad. ¿Cómo explica ese regreso a la escritura?

En realidad, nunca he abandonado la literatura. Lo único que he hecho es dejar de escribir novelas. Durante los doce o trece años que hice cine, he continuado escribiendo poemas, y sobre todo ensayos y crítica. He publicado dos libros de ensayos y uno de crítica, así como las seis tragedias en verso que usted ha mencionado. El año pasado reescribí enteramente mi libro de poemas publicado en 1942 en dialecto friulano, empleando casi las mismas palabras, los mismos metros, las mismas rimas y los mismos títulos, le he dado sin embargo un sentido totalmente diferente. Y creo que es lo mejor que he escrito de poesía. No, no he renunciado a la literatura. Lo que he abandonado por completo es la novela. Simplemente, no podía escribir o incluso pensar en una página de relato. Es evidente que contar historias utilizando el cine me impedía escribirlas.

 Hace algún tiempo declaró usted que el teatro había muerto. Luego se dedicó a estudiar la semiología y encontró un vínculo teórico entre el teatro y el cine. ¿Ese descubrimiento explica que haya usted escrito seis obras de teatro?

En uno de mis ensayos sobre el cine en que utilizaba la semiología un poco como un aficionado, puesto que no soy realmente un experto en la materia, establecía efectivamente un paralelo entre el teatro y el cine. Se parecen en el sentido de que los dos representan la realidad mediante la realidad. Sus técnicas son muy diferentes pero su estructura esencial es la misma. Los dos expresan la realidad mediante signos vivos y representativos, no simbólicos o convencionales. Sin embargo, el teatro hacia el cual yo he vuelto es un «teatro de la palabra» que me permite escribir poesía, hacer literatura en estado puro. De hecho, nunca he aceptado que mis obras sean interpretadas. Las pocas veces que se me ha pedido me he negado a ello. No creo en el teatro italiano. Si mis obras fuesen convenientemente traducidas al inglés o al francés me gustaría, quizá, verlas representadas; pero en italiano no.

 ¿Por qué en italiano no?

Porque mis obras de teatro se basan enteramente en la palabra. Son obras totalmente habladas. Su estructura es la misma que la del teatro griego. Ningún acontecimiento, ninguna acción, ni siquiera gestos aparecen en la escena. Los personajes se contentan con hablar. La acción tiene lugar siempre entre los actos, exactamente como en las tragedias griegas. Y como todo en estas obras depende de las palabras, esas palabras deben ser perfectamente pronunciadas. Sin embargo, el italiano hablado no existe. No existe porque hay tantas variedades de italiano hablado como de italianos. En Italia no hay una lengua nacional como en Francia, España o Inglaterra. El italiano estándar no lo hablan más que los presentadores de la televisión y algunos viejos actores: en total cuarenta o cincuenta personas.

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Cuando comenzó usted en el cine, le sorprendió la ausencia de metáforas en el vocabulario cinematográfico. De ahí que estuviera usted de acuerdo con la definición de Jakobson y de Barthes sobre el cine como arte metonímico. Sin embargo, recientemente ha aparecido un artículo sobre Saló o los 120 días de Sodoma en el que Luisa Spagnoli caracterizaba la película como «una metáfora de la crueldad del poder». ¿Qué piensa usted de la aparente contradicción que existe entre esas declaraciones?

Cuando yo pensaba como Jakobson que el cine era más metonímico que metafórico, enunciaba una regla general y hablaba de metáfora en el sentido convencional, casi retórico, de la palabra. Sin embargo, hay una clase de metáfora —la alegoría— que se adapta magníficamente al cine. De hecho yo he realizado dos películas, Teorema y Uccellacci e Uccellini, que son cada una de ellas una gran metáfora, pero metáfora en el sentido de alegoría. O una parábola, si usted prefiere.

Refiriéndose a su Trilogía de la vida (El Decamerón, Los cuentos de Canterbury y Las mil y una noches), ha dicho usted que había querido hacer «cine cine» y «ontología o narración», películas sin ideología evidente o sin tesis. Pero cuando se lee que el título de su nueva película procede de Saló, la sede del Gobierno dependiente de los nazis que Mussolini había establecido en el norte de Italia hacia el final de la guerra, es difícil no preguntarse si no ha hecho usted, una vez más, una película ideológica.

Cuando rodé la trilogía, un gran desastre se había abatido sobre Italia. En seis o siete años nuestro país ha recorrido un camino que otras naciones europeas han recorrido en un siglo o un siglo y medio. La llegada de la sociedad de consumo ha destruido Italia. Mi primera reacción a esta tragedia fue evocar con nostalgia la vieja Italia campesina y proletaria. De ahí que hiciera la Trilogía de la vida. Ahora he comprendido que el tiempo de los recuerdos y de la nostalgia ha terminado. Me he adaptado a la nueva realidad en todo su horror. Esa es la razón por la que, mientras que la trilogía era viva, humana y alegre incluso en medio de un periodo de represión, Saló, en cambio, trata de nuestra época, que se caracteriza por la total comercialización del cuerpo. El sadismo descrito en esta película no es más que una metáfora de la comercialización del cuerpo humano, de la reducción del cuerpo humano a un objeto.

Dice usted que la trilogía era la evocación de la Italia campesina y proletaria. El Decamerón es una obra italiana y sucede en Italia, pero Los cuentos de Canterbury son ingleses y Las mil y una noches está situada en Oriente Medio. ¿Cómo se sirvió de esos ambientes no italianos para lograr sus fines?

Pienso que lo que he querido describir es común a todas las sociedades campesinas preindustriales. A decir verdad, el resultado es más satisfactorio en El Decamerón y Las mil y una noches, pues esas historias sucedían en un mundo preindustrial que conozco bien, el de la Italia del sur, el de los países en vías de desarrollo. Creo que el defecto de Los cuentos de Canterbury fue que intenté describir al pueblo inglés, que no conozco. La película quizá valía algo desde un punto de vista cinematográfico, pero por lo que respecta a su contenido y significado, fue un fracaso.

 Hace tiempo, la lectura de El Decamerón de Boccaccio me dejó —a pesar de la crueldad de ciertos episodios— el recuerdo de gente alegre y jocosa. Los personajes de su Decamerón dan la impresión de una humanidad despiadada y horrible. ¿Su transposición fue consciente y deliberada como la de El Evangelio según San Mateo, donde podría decirse que reconstruyó usted la vida de Jesucristo, más veinte siglos de mito?

Sí, no quise simplemente filmar el libro. Yo quería hacer una obra original conservando la estructura de los cuentos de Boccaccio, que me gustaban mucho, toda la belleza de las intrigas, y su vitalidad, su maravillosa vitalidad. Los personajes de Boccaccio formaban parte de la burguesía ascendente que proclamaba los valores nuevos en oposición a los valores clericales de la Edad Media. Estaban llenos de alegría y de vida precisamente porque eran revolucionarios. Hoy, la burguesía en Italia está envilecida, es horrible y decadente. Trasladé, pues, el escenario al lumpenproletariat napolitano. De ahí que no haya encontrado usted los personajes de Boccaccio, pues los he reducido a un esquema y ese esquema lo he llenado de realidad napolitana, la realidad de un mundo subproletario y no de un mundo burgués.

Recuerdo haber leído en una obra conocida, la Historia de Europa de H. A. L. Fisher, que el relajamiento de la moralidad en la mayor parte de los personajes de Boccaccio y la intensidad con la que vivían eran debidos al hecho de que la peste diezmaba entonces a la población, amenazando con acortar la existencia de la mayoría de la gente.

No, no estoy de acuerdo con esa explicación. Yo creo que la peste no era más que un resto de la Edad Media. Lo importante era que un nuevo mundo nacía alrededor de Boccaccio. Esa evolución, de hecho, acabó muy pronto en Italia con el Renacimiento, mientras que en Inglaterra continuó hasta el siglo XVII y en Francia hasta el XVIII.

 Usted ha hablado frecuentemente de su amor por la realidad y ha declarado que realizar películas era para usted una explosión de ese amor por la realidad. Pero el proceso de realización de una película —el reparto, el rodaje, el montaje—, ¿no conduce inevitablemente a una violación, a una distorsión de la realidad?

Sí, en un cierto sentido sí. En cada medio de comunicación existe una distancia cualitativa entre la idea y su expresión. Ahora bien, existe una diferencia esencial entre la literatura y el cine. Para expresar la realidad en literatura, las ideas deben ser representadas por símbolos convencionales, es decir, por letras y palabras. En el cine se utiliza una técnica diferente, la realidad es representada por signos vivos y significativos de la realidad. Si en una película yo quiero mostrar este árbol que hay aquí, tengo que venir con la cámara a filmarlo.

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 ¿Cómo decidió transponer la acción del libro de Sade Los 120 días de Sodoma a la República de Saló?

Al principio había preparado un script basado en el libro de Sade para otro realizador, Sergio Citti, a quien no le gustó mucho. Luego tuve de repente la idea de transponer el libro a la República de Saló. Pensé en ello durante cierto tiempo y cuanto más pensaba en esa idea, más me gustaba. Total, que me enamoré del proyecto y decidí realizarlo yo mismo. La película es una parábola de lo que la gente que está en el poder hace a sus conciudadanos, de lo que los explotadores hacen a los explotados. Sacan de ellos lo máximo que pueden, les manipulan totalmente y cínicamente, son gente despiadada e inhumana. Pero lo que yo quería mostrar es que el poder es totalmente anárquico, la anarquía del poder. Yo creo que Sade es el gran poeta de la anarquía del poder. Las personas que nos gobiernan parecen representar el orden, la legalidad, las leyes y los códigos, cuando, en realidad, lo que hacen es dirigir todo de manera arbitraria y, como ha dicho Marx, practican la explotación del hombre por el hombre. Nunca el poder, en nuestra época, ha sido tan anárquico, tan arbitrario y por tanto tan violento como en la República de Saló. De ahí que situara en ella la acción de la película.

 Sin embargo, cuando se piensa en el régimen de Mussolini, se asocia con reglamentos rígidos, métodos brutales, con una obediencia ciega. La palabra anarquía parece un poco extraña para caracterizar la República de Saló de Mussolini.

Únicamente al principio. Piense en Hilter, por ejemplo. Su disciplina era la locura pura, ¿no? Hitler es la encarnación misma de la locura, es decir de la anarquía.

 Sí, de la anarquía mental.

Pero también de la anarquía ideológica.

 Muy bien organizada, sin embargo, en un nivel operacional.

Eso no quiere decir nada. A veces, esa clase de gente funciona eficazmente porque está muy bien organizada. Porque cuanto más organizada, planificada y estudiada está la locura, más locura es, ¿no?

 Desde ese punto de vista, sí. Usted mismo ha tenido dificultades con el poder, con la justicia italiana.

Sí, se me procesó en 1963 por la película La ricotta y fui condenado a cuatro meses de prisión con libertad condicional. Peor aún fue que un fiscal confiscara la película y la cortara, es decir, la destruyera. Por cierto, que fue Di Gennaro, el mismo que acaba de ser secuestrado en Roma. Es un horrible fascista clerical.

 Así pues, como en Alemania, ¿los jueces que formaban parte del sistema fascista siguen aún en ejercicio?

Exactamente. No ha habido purga entre los jueces. El código fascista sigue en vigor, igual que los hombres que sirvieron al régimen fascista. Por supuesto, la mayoría hoy ha muerto, pero su mentalidad ha perdurado a través del sistema judicial. Algunos —se llama la justicia democrática— se han alejado de él, pero constituyen una pequeña minoría.

 ¿Piensa que sus películas reflejan la sociedad de consumo de la misma manera que, según usted, el neorrealismo reflejó el movimiento de resistencia contra Mussolini?

Es difícil responder a esa pregunta dado que no existe hoy un concepto equivalente al de la resistencia en la época de Mussolini. Yo no diría que hay verdaderamente un paralelismo. Como le intentaba decir antes, Italia ha cambiado radicalmente. La revolución burguesa reaccionaria representada por la llegada de la civilización de consumo ha invadido el mundo entero. Pero en ningún lugar ha sido tan completa, profunda y violenta como en Italia. Porque cuando esta revolución surgió, Italia no era un país realmente burgués. En Inglaterra y en Francia, donde existía una antigua burguesía, la gente, incluso la pobre, había adoptado ya los valores burgueses imperantes. De ahí que París, Londres y quizá algunas ciudades del norte de Italia estuvieran más o menos preparadas para esta revolución de las derechas, mientras que el centro y el sur del país no lo estaban en absoluto. El modelo burgués aún no había penetrado en los barrios periféricos de Roma, en la lejana Puglia, en Sicilia. La gente continuaba viviendo de la misma manera.

 

¿Quiere usted decir que la sociedad de consumo ha invadido incluso Sicilia?

No sólo la ha invadido sino incluso destruido. Y en pocos años. Si hubiese estado usted allí hace diez años y volviese ahora, no la reconocería en absoluto. Todos los jóvenes han emigrado. Puede usted recorrer la región de Madonia en coche durante horas sin encontrar ni un solo joven. No verá usted más que ancianos, algunos niños y gallinas. ¿A dónde se han ido los jóvenes? A Alemania, a Francia o al norte de Italia, donde llevan una vida totalmente alienante que destruye su sistema de valores y lo sustituye por otro que, para ellos, es falso y absurdo. Esos valores les son impuestos por los horrores de la televisión, de la radio y de los demás medios de comunicación, y por la infraestructura, la moda, etc. Yo mismo me he visto obligado a vivir en medio de este horror, durante todos estos años. Al principio, como ya le he dicho, reaccioné reafirmando los antiguos valores que estaban siendo reemplazados y destruidos. Ahora que la situación no tiene ya remedio —a no ser que me suicide o me vaya de Italia— debo adaptarme a lo que sucede. Como puede usted ver, mis películas reflejan la nueva y horrible realidad italiana.

 El movimiento de protesta de 1968, ¿tuvo algún efecto sobre el desarrollo de la sociedad italiana y sobre su propio trabajo?

En 1968 asistimos a un desbarajuste de todos los comportamientos, de las tradiciones académicas en la universidad y hasta de las maneras de estudiar. Ignoro si el efecto ha sido positivo o negativo. En 1968 sucedieron cosas extraordinarias, pero que también tuvieron resultados catastróficos. Por ejemplo, el descaro, la irrisión que los jóvenes manifestaron entonces frente a la autoridad estaba justificada. Yo, que siempre he adoptado esa actitud, estoy de acuerdo con ella. Pero, tras haber llegado a un cierto punto, esta nueva actitud ha perdido su originalidad. Se ha vuelto mecánica, automática. Ha proporcionado un modelo a la nueva criminalidad. Mientras un joven intelectual, actuando en su propio nombre, se burle de sí mismo, de sus padres, los desmitifique y desenmascare, está en el buen camino. Pero cuando semejante actitud se convierte en la actitud de miles, de decenas de miles, de millones de jóvenes, se vuelve automática, se deshumaniza.

¿Significa eso entonces que sólo grupos reducidos de personas pueden hacer algo?

No, no he querido decir eso. Lo que yo quiero decir es que el individuo puede realizar algo, pero únicamente en una sociedad que todavía le respete. En una sociedad regida por una cultura de masas, el individuo se convierte inmediatamente en un alienado, es laminado por la máquina cultural. Si yo protesto solo o con usted, mi gesto es auténtico, pero si lo hago en la televisión, deja de serlo.

 Aún no me ha explicado cómo los acontecimientos de 1968 han influido en su obra.

Desde 1965, yo estudiaba semiología. En 1968, ya no fue posible hacerlo seriamente, pues parecía evidente que la revolución podía estallar de un día para otro. No se puede leer tranquilamente un ensayo en las barricadas.

 ¿Qué proyectos tiene tras Saló?

Voy a hacer una película sobre el concepto de ideología. Será una película divertida, un poco como Uccellacci e Uccellini, con Eduardo de Filippo y Ninetto Davoli que siguen a un cometa, pues Eduardo de Filippo es uno de los tres Reyes Magos, pero trasladados al mundo actual. En un momento dado, uno de los modernos Reyes Magos ve un cometa que anuncia el nacimiento de un Mesías en Nápoles. Y lo sigue, durante un largo viaje. Ese cometa es una pura locura, una abstracción ideológica, y mientras está siguiendo al cometa, De Filippo adquiere una experiencia de la realidad.

 ¿Y pierde entonces sus ilusiones?

¿Las pierde? No, no, continúa siguiendo al cometa hasta que muere. La película, como puede ver, trata de la disociación entre el cometa mismo y la experiencia que aporta al hombre. Él piensa que el cometa le llevará al Mesías, digamos al Cristo que nació en Belén. Pero el cometa no le lleva allí. Le enseña más bien a conocer la realidad tal como es. La película muestra, en suma, la relación entre la ideología y la realidad. Parece algo muy complicado pero en realidad me gustaría que fuera una comedia alegre y divertida.

 ¿Y su obra literaria? ¿Tiene usted nuevos proyectos?

Sí. En esta etapa de mi vida, estoy a punto de abandonar el cine por la literatura. Hace tres o cuatro años tuve la idea de una nueva novela en la que he comenzado a trabajar. Pero antes quisiera terminar la película de la que le acabo de hablar. Luego me consagraré por entero a esa novela. Quizá no la publique. No lo sé. Sin embargo, intentaré escribirla.

 

ENTREVISTA A EL ROTO (a cargo de Carlos Quesada)

(c) Fotos Adolfo Ontoba

(Publicado en el número 406 de Quimera, octubre de 2017)

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Quedamos en su estudio, sencillo y ordenado. Al principio algo de pudor, por parte de los dos. Adentrarse en el mundo interior de alguien no es fácil. Se abre una brecha en su intimidad, se inicia una liturgia que no tiene vuelta atrás. Andrés Rábago sonríe con timidez, con mesura, pocas veces, pero cuando lo hace aflora en su rostro un destello de ternura, una luz cómplice y sincera. El Roto se ha convertido, aunque él desconfía, en un fenómeno social. Su historia es larga y rica. Primero como OPS y luego como El Roto, siempre Rábago, pintor. Para mí era una entrevista importante, también necesaria. Desvelar una parte de su mundo, entreabrir la puerta del misterio. La publicación de Antitauromaquia junto a Manuel Vicent  —tantas novelas y tantas columnas llenas de poesía y de inteligencia— no deja de ser una excusa para conocer el mundo personal, que uno intuye rico y complejo, de Andrés Rábago. Iniciamos la entrevista, buscamos la complicidad y la mirada.

¿Qué significan las siglas OPS (tu heterónimo inicial) y por qué inicias la nueva etapa con El Roto?

OPS fue una elección arbitraria de letras, propia de una época que giraba alrededor del territorio de lo Dadá, que fue, junto con el surrealismo, mi primera influencia estética. Era una época en la que esas tendencias estaban todavía «calientes». El Roto tiene una definición más racional, tiene un significado: es como llaman a los desclasados en Chile. Tenía sentido porque los primeros personajes que yo dibujaba eran sobre todo gente de la calle, eran «rotos». Incluso, cuando iba por la calle, veía «rotos».

Yo pensaba que tal vez fuera en homenaje al personaje de El Quijote.

Alguna vez me han mencionado esa posibilidad, pero no es así. Cuando yo leí El Quijote, El Roto aún no existía ni en mi imaginación.

En Antitauromaquia, Manuel Vicent dice que hubo un tiempo de su juventud en el que él era partidario de los toros. ¿Tú has participado alguna vez de esa emoción, de esa liturgia?

Yo nunca he sido aficionado a los toros, pero he vivido en una época en la que España estaba impregnada de tauromaquia. Cuando yo era adolescente, los escaparates de las cafeterías y los bares se llenaban de gente mirando desde fuera las corridas de toros que se transmitían por televisión. Las corridas eran un fenómeno popular. Las televisadas, porque entonces la televisión era un instrumento nuevo y la gente podía ver a través de él un espectáculo al que rara vez podía (y quería) acudir en persona. Y así podían satisfacer esas dos necesidades, la de novedad y la de un espectáculo que de algún modo les atraía aunque les fuera lejano. Yo a los toros sólo he ido en una ocasión. Y una vez, de niño, fui a una becerrada.

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¿Y cómo viviste esa experiencia? ¿Te hizo sufrir?

No necesariamente. La primera vez, de niño, cuando fui a la becerrada con el colegio, lo que me sorprendió fue como un mal ambiente, como si fuera un lugar sucio: la entrada y los accesos a la plaza de Las Ventas me parecieron sucios, con impregnaciones feas, negativas. El espectáculo en sí lo recuerdo como una cosa aburrida; estábamos al sol y sudábamos. Fue bastante desagradable. Más tarde fui a ver una corrida con un amigo muy aficionado a los toros y con ganas de intentar entender algo mejor. Había buen cartel, a priori, pero me pareció algo muy cutre, que no tenía nada de la grandeza o del esplendor que uno se espera; sin esa belleza colorista, ni transcendencia, ni liturgia. La corrida fue mala (según me comentó mi amigo) y, para mí, aburridísima y carente de emoción.

¿Crees que a la gente le gustan los toros? Porque no parece que haya un clamor popular masivo en contra…

En este libro, aunque hay ilustraciones referentes al mundo de la tauromaquia, no me ha interesado tanto el fenómeno, ni su gente, ni su sociología; es un libro que nace del rechazo a cualquier tipo de violencia ejercida sobre un animal. Podría haber elegido cualquier otro animal, pero los toros son algo muy específico de España; la tauromaquia se ha utilizado para generar obras artísticas, literarias; y por eso yo quería hacer algo que tuviera relación también con el territorio artístico pero desde el punto de vista antitaurino. De todas formas, toda la fenomenología que rodea al mundo del toreo no me interesa lo más mínimo. Sólo me interesa mostrar la crueldad y la prepotencia del hombre frente a un animal aparentemente poderoso, pero infinitamente débil ante la maldad humana.

¿Cuál ha sido la dinámica de trabajo para crear este libro?

Eso tiene cierto interés, porque, obviamente, he tenido que documentarme sobre el tema, sobre todo para las crear las imágenes. Para ello, lo que hice fue comprar una colección de revistas (El Ruedo) de finales de los cincuenta y principios de los sesenta del siglo pasado, una época que creo que fue importante y que coincidió con el momento en el que yo pude ver más corridas de toros televisadas; una época en la que coincidieron toreros de la vieja escuela con una nueva hornada de toreros, como el Cordobés, que para satisfacer las demandas del turismo se orientaron hacia a la espectacularidad y que representan la decadencia acelerada del mundo taurino. Esta decadencia afecta también a la cría del toro, en la que prima una serie de características para que resulte más fácil torearlo. En las fotos de estas revistas me impregné un poco del ambiente taurino y de allí surgieron los dibujos para el libro.

Leyendo el libro, las imágenes me recuerdan más a OPS que a El Roto…

Yo creo que OPS hubiera hecho algo distinto, más subterráneo (como era su mundo), más en el territorio del inconsciente. En este libro, sin embargo, he trabajado con imágenes muy cotidianas, muy habituales, más próximas al mundo de El Roto. Lo que pasa es que a El Roto estamos habituados a verlo acompañado de texto y aquí he querido dejar sólo la imagen: estampas icónicamente potentes y nada más.

En las viñetas de El Roto, ¿se genera primero el texto o la imagen?

Normalmente lo primero es el texto y luego busco las imágenes adecuadas para ese texto. La mayoría de las veces son ideas sobre alguien que dice algo; luego tengo que averiguar quién puede ser quien lo dice. Sucede un poco como en el teatro: hay que hacer un casting para conseguir el actor más adecuado al texto. Y luego, claro, planear la escenografía (el lugar donde lo dice). Podría ser como hacer el guión de un sketch.

¿Qué evolución tiene tu obra pictórica? ¿Empieza ya con OPS?

Yo me recuerdo de niño dibujando chistes. Mi vocación pictórica nació poco tiempo después, aunque nunca dejé de interesarme por las cosas que pasaban a mi alrededor. Fueron dos caminos paralelos, en el que el OPS inicial empezaba a colaborar en los medios y Rábago (el ortónimo) seguía pintando. Ha sido un trabajo paralelo que he mantenido desde siempre. Para el pintor, los primeros veinte o veinticinco años fueron de aprendizaje autodidacta, creando algunas obras próximas al mundo del surrealismo. Después encontré un territorio que no abarcaban ni OPS ni El Roto, que es el territorio del espíritu, del alma, y que no podía ser expresado con el lenguaje de OPS ni con el de El Roto. Fue entonces cuando empecé a utilizar lo aprendido para transcribir de forma plástica este mundo espiritual. ¡A mi manera, claro! Ahora voy a exponer en una sala municipal de Logroño, con mitad de obra de Rábago y mitad de obra de El Roto.

¿Cómo fue la época de cohabitación entre OPS y El Roto?

Cohabitaron hasta que hubo una ruptura interna, porque OPS estaba dejando de ser útil como instrumento comunicativo la voluntad de comunicación es fundamental tanto en mi obra ilustrativa como en mi obra pictórica debido a su oscuridad, a su lenguaje críptico; sobre todo en una época en la que la gente quería oír las cosas de una forma más abierta, más clara. Entonces tuve una pequeña crisis interna, porque sentía que OPS tenía aún cosas que decir, pero ya no encontraba la manera de hacerlo. A medida que fue languideciendo OPS, se fue fortaleciendo El Roto. Pero no hubo tensiones fuertes, porque yo comprendí que cada uno de los dos heterónimos tenía su interés específico y era el vehículo adecuado para expresar cuestiones distintas. Nunca entendí El Roto como una traición a OPS.

La importancia de tu figura ha ido creciendo, sobre todo con la crisis. ¿Eres consciente de la trascendencia de tu trabajo?

Yo no soy muy consciente de esto porque el territorio de mis relaciones es muy pequeño. Además, ni mis amigos compran ya el periódico. Sé, a través de lo que me dice el diario, que la viñeta es leída. Pero a mí lo que me interesa es poder crear libremente y, a veces, la popularidad te puede coartar.

El texto tiene cada vez más importancia en tu obra…

Para mí el texto es fundamental, aunque a veces resulte difícil buscar la concreción, que es una de sus características principales. No siempre acierto, pero cuando lo consigo me siento muy satisfecho.

¿Qué opinas del espacio que representa la palabra en el mundo actual?

Actualmente, la palabra (como ocurre con casi todo) está contaminada. Y esto es consecuencia de nuestra forma perversa de pensar y de obrar, que está creando graves problemas sociales, medioambientales, de relaciones entre las personas… El lenguaje, que es el principal instrumento de comunicación humana, está degradado, de la misma forma que hemos degradado los otros territorios en los que nuestra mente penetra, desde la materia hasta las relaciones. La palabra está hoy muy enferma.

De El Roto me sorprende su clarividencia, su capacidad de síntesis y su ojo visionario. ¿Eres lector de poesía? ¿La has escrito alguna vez?

Siempre que cae algo en mis manos, lo ojeo; pero cada vez me resulta más oscura la poesía actual. Yo soy más partidario de las cosas profundas pero sencillas; y eso es muy difícil encontrarlo en la poesía que se hace hoy en día. La poesía me gusta porque trabaja en un territorio muy afín a las otras artes: la pintura, la música. Un territorio entre lo emocional y lo intelectual, en el que las cosas no están aún hechas, sino que se están haciendo. Yo, con El Roto, me muevo en territorios más conscientes, más concretos.

En tu educación ha tenido más importancia la imagen que el texto, porque en tu casa tenías muchos libros de pintura. Pero, ¿cuáles fueron tus lecturas juveniles preferidas?

Nunca tuve libros juveniles ni tebeos. En mi casa contábamos con buena literatura pero no de este tipo, así que yo he leído desde pequeño libros de adultos y de arte. Tampoco posteriormente he tenido interés en el cómic; nunca me ha interesado seguir una historia gráfica, ni hacerla. Sin embargo sí que me han gustado siempre las ilustraciones de los libros y los grabados antiguos. Porque te permitían decir cosas de actualidad en un lenguaje arcaico, y esa distancia entre los personajes y los hechos es muy útil para referir hechos de actualidad, para que se lean como si fueran intemporales; es una estrategia de permanencia.

¿Eres lector de filosofía?

A mí me interesa entender las cosas y por tanto me gusta leer a personas que han llegado al entendimiento de cosas que yo no he llegado a comprender aún. Es ese intento de aproximarme a tal conocimiento el que me acerca a la filosofía, al pensamiento humano de cualquier época o lugar. De todas formas, no soy sistemático en mis lecturas. De hecho, no soy sistemático en nada [risas].

¿Cómo ves el futuro? ¿Te inquieta? ¿Tienes alguna certidumbre?

He llegado a la conclusión de que el futuro es imprevisible y que intentar proyectar cómo será nos introduce en un sistema de pensamiento que yo, no sé por qué, llamo numérico del que siempre intento huir. Un sistema en el que la realidad es una convención que se nos impone y que nosotros tenemos que completar. En ese acto de completar proyectando el futuro, lo que uno hace es consolidar ese mundo que se nos ha impuesto. Si uno piensa que va existir un futuro del presente que le cuentan, está sancionando ese presente como algo inamovible. Mi posición es intentar desmontar el presente que nos es impuesto. Actuar en lo que hay y no en la proyección de lo que habrá.

¿Crees en las posibilidades de cambio?

Sí. Y creo que son grandes. Aunque también veo que las posibilidades del sistema para autoperpetuarse son enormes; sobre todo porque está actuando con unos medios cada vez más potentes. La hipnosis colectiva, cada día más evidente, empieza a ser ya una patología social. Ahora lo habitual es que la gente, en la calle, en lugar de mirar a su alrededor vaya mirando el móvil. Por eso la única posibilidad de cambio es romper todos estos «espejitos mágicos» que nos ofrecen. Yo creo en el trabajo personal de cada uno de nosotros para propiciar el cambio, que ha de ser un cambio interno, del que cada uno tiene que ser actor y autor, no simple espectador.

En tu trabajo hay una crítica feroz al poder, pero también al hombre común…

¡Claro! Todos somos responsables de lo que está ocurriendo. Se ha creado una especie de mundo de buenos y malos, donde los pobres son siempre buenos y los ricos siempre malos. Pero los pobres también pueden ser malos; y los ricos buenos. Cada uno tiene sus problemas y sus malas acciones: esto es lo que yo quiero dejar claro.

Los textos que acompañan a tus ilustraciones, aunque certeros y mordaces, siempre tienen cierta mirada tierna…

Sí, todo lo que hago lo hago desde el intento de comprensión y desde el afecto, incluso cuando soy duro. Yo no hago personajes, así que no puedo ser duro con un carácter concreto. Me interesa la forma como actúan algunos seres humanos. De la misma manera que en Antitauromaquia incido en el hecho de que el toro no es un animal al que torear, al que maltratar, cuando hablo de hechos sociales o económicos intento expresar lo que creo que es correcto. No hay una voluntad de agresión sino de comprensión. Si la gente entiende que algo está mal, es más fácil que deje de hacerlo.

¿Qué tipo de literatura lees?

Cuando entro en una librería, me da pánico, me siento muy incómodo ante la inmensa oferta que hay. No sé qué libro elegir. Por eso cuando voy a una librería siempre tengo un objetivo concreto, porque he leído sobre él en algún sitio, porque me lo han recomendado… Sin embargo, en los libros de arte sí que ojeo las mesas de novedades (donde hay poca cosa nueva, por cierto).

Y seguimos hablando —ya fuera de la entrevista— del pasado, de emociones compartidas, también de nuestros miedos, de la complejidad del futuro, incluso de algún sueño inconfesable. Creo que ha habido complicidad, y me alegra, y me hace despedirme de El Roto con afecto, con la alegría de un tiempo compartido, con la certidumbre de la necesidad —ahora sí, sin ninguna duda— de esta entrevista. Al salir a la calle, después de una despedida cordial, pienso en Andrés Rábago y en sus palabras, en el flujo de sus emociones, en su inquietud, en su mirada que busca sin descanso, en su alma que busca la soledad, pero necesita de los otros para reconocerse. Gracias, Andrés.

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Nº 406: octubre de 2017

Portada num. 406 Quimera

Fotografía de portada: Craig Whitehead

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SUMARIO

El salón de los espejos

Entrevista a Juan Goytisolo, por James TennantEntrevista a Juan Goytisolo, por James Tennant

Elisa N. Cabot ©

Entrevista a El Roto, por Carlos Quesada

Entrevista a El Roto, por Carlos Quesada

Adolfo Ontoba ©

 

 

El cielo raso: Seis del setenta

Entrevista a Jorge Carrión, por Álex Chico

Entrevista a Jorge Carrión, por Álex Chico

Carlos A. Schwartz ©

Entrevista a Marta Agudo, por Azahara Alonso

Entrevista a Marta Agudo, por Azahara Alonso

Azahara Alonso ©

Entrevista a Manu Espada, por Ginés S. Cutillas

Entrevista a Manu Espada, por Ginés S. Cutillas

Isabel Wagemann ©

Entrevista a Lara Moreno, por Daniel López

Entrevista a Lara Moreno, por Daniel López

Carolina Cebrino ©

Entrevista a Alejandro Pedregosa, por Elena Gené

Entrevista a Alejandro Pedregosa, por Elena Gené

J. Ochando ©

Entrevista a Guillem López, Por Bel Carrasco

Entrevista a Guillem López, Por Bel Carrasco

cortesía del autor

 

La vida breve

Alejandro Morellón: Un hombre sin sombrero

 

Los pescadores de perlas

Ana Vidal Pérez. Microrrelatos inéditos

 

El castillo de Barba Azul

Martín Lopez-Vega: Poemas del libro inédito Gótico Cantábrico

 

Einstein on the Beach

Andreu Navarra. Novela y mercado laboral

 

 

El holandés errante

Fernando Clemot. Juan Goytisolo: de vuelta a Campos de Níjar

Fernando Clemot. Juan Goytisolo: de vuelta a Campos de Níjar

Vicente Aranda ©

El ambigú

Félix Población: Pasos en la piedra de José Manuel de la Huerga

Víctor Balcells Matas: Réplica de Miguel Serrano Larraz

Víctor Balcells Matas: Réplica de Miguel Serrano Larraz

Bel Carrasco: De este pan y de esta guerra (1916) de Jesús Zomeño

Francisco Fuentes: W de Javier Pérez Walias

Francisco Fuentes: W de Javier Pérez Walias

Alberto García-Teresa: Puentes de mimbre de María Ángeles Maeso

Juan José Castro: Mil formas de decir la palabra universo de David Vegue

José de María Romero Barea: La realidad invisible de Vicente Núñez

José de María Romero Barea: La realidad invisible de Vicente Núñez

 

Recomendaciones de Quimera

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Recomendaciones de septiembre de 2017

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Rendición
Ray Loriga
Alfaguara, 2017

Con esta historia de corte apocalíptico, Loriga se ha alzado con el premio Alfaguara 2017 de novela. Critica los tiempos de guerra que vivimos, donde nunca trasciende de los Gobiernos si somos los agresores o los agredidos. Una familia es evacuada de su casa, arrasando por donde pasan para que el enemigo no pueda aprovecharse de nada. Llegan a la ciudad de cristal, santuario de paredes y suelos transparentes para evitar secretismos. Todo es de dominio público. Pronto el padre se da cuenta de que los adormecen para evitar revueltas y pensamientos personales. La sociedad clara e incorrupta ha de prevalecer sobre el individuo. Reminiscencias de la novela La carretera de McCarthy.

 

Atravesé las Bardenas
Eduardo Gil Bera
Acantilado, 2017

En 1954, el ingeniero Manuel Yaben recluta a diversas «tribus» de presos (las Madrillas, los Rajatablas, los Churris o los Incendiarios) para que, guiados por el joven Torrentera, funden —en el marco del plan del Instituto Nacional de Colonización— un pueblo en el que puedan redimir sus culpas. Con un estilo seco, casi documental, Gil Bera narra la travesía por el desierto de las Bardenas Reales (Navarra) bajo la mirada cada vez más lejana de Yaben, de Torrentera y su pueblo elegido hacia una tierra prometida que no verá, y crea una fábula (o alegoría) cercana al realismo mágico y con claras resonancias bíblicas.

 

Ojerosa y pintada
Agustín Yáñez
Drácena, 2017

Un taxista deambula con su vehículo por México D. F. recogiendo a todo tipo de personajes: marginales, de clase alta, de clase baja, poderosos, descastados, etc., que van desgranando fragmentos de sus vidas —conmovedores algunos, escalofriantes otros— a un taxista que no es protagonista, sino más bien testimonio casi mudo, que cede la palabra para que sea la propia ciudad la que cuente su historia a través de los relatos de sus pobladores. Ojerosa y pintada puede incluirse a un tiempo dentro de la novela coral, al estilo de Manhattan Transfer, de Dos Passos, o La Colmena, de C. J. Cela; pero también dentro de la novela testimonial o neorrealista, como El Jarama, de Ferlosio. Una de las grandes novelas sobre México D. F.

 

Resort
Juan Carlos Márquez
Salto de Página, 2017

El mantra de «reconocer la voz de un escritor con una lectura ciega» se cumple con la obra de Juan Carlos Márquez con una precisión milimétrica. La voz de Márquez se ha ido solidificando y haciéndose reconocible en los últimos diez años en libros como Oficios, Llenad la Tierra, Tangram o el más reciente Los últimos. En Resort, Márquez no juega con una distopía como en Los últimos, sino que lleva al extremo el juego de lo cotidiano, uno de los recursos en los que con más maestría se mueve. Las vacaciones, la playa, la familia, lo cotidiano convertido en monstruoso. Una vez más es un disfrute leer a Márquez, reconocerle, apreciar su ironía chirriante. Un gran libro. Una mirada feroz a nuestros fantasmas cotidianos.

 

Réplica
Miguel Serrano Larraz
Candaya, 2017

Todo es un malentendido y ese malentendido nos va a matar. Es una reflexión que se atribuye a Kafka. Y es, quizás, una de las ideas que se nos vienen a la cabeza tras la lectura de los relatos de Réplica. Quizás ese malentendido no acabe con la vida de ninguno de los personajes, pero tiene tal potencia que determina su vida para siempre. No hablamos de grandes malentendidos, sino de pequeñas decisiones, de caminos levemente truncados, de bifurcaciones minúsculas que  condicionan la existencia de los personajes. Detalles insignificantes en apariencia y, sin embargo, titánicos, inabarcables en los efectos que provocan. Serrano Larraz vuelve al cuento con la misma intensidad y el mismo interés que ya encontramos en sus libros anteriores. Con piezas como las que se reúnen en Réplica, y antes en Órbita, entendemos por qué Bolaño fue uno de los primeros escritores que se fijó en el potencial literario de Serrano Larraz.

 

La vaga ambición
Antonio Ortuño
Páginas de espuma, 2017

Antonio Ortuño presenta este libro de relatos, merecedor del V Premio Ribera del Duero, dotados de unidad a través de la figura protagonista de Arturo Murray, un escritor cuarentón que trata de no naufragar en su deriva familiar y profesional. Obligado a escribir reseñas mediocres, guiones de televisión, entrevistas vanas… Murray trata de no renunciar a su vocación de escritor a pesar de todo y de todos. Con humor (a veces negro), con sarcasmo en la descripción del oficio de escribir, con pasión y con hondura, Ortuño logra la difícil tarea de emocionar y hacer reír al lector.

Tarántula
Bob Dylan
Malpaso Ediciones, 2017

Libro escrito en 1966 que se dio a conocer por las copias piratas que circularon antes de su publicación en 1971. Obra un tanto inclasificable donde un Bob Dylan embrionario nos muestra su mundo particular a partir de textos en prosa y líricos carentes de composición musical. Ejercicio de escritura automática en el momento álgido de la generación beat, de la que se ve la influencia de Ginsberg, Kerouac y Burroughs. Tras la publicación de su celebrado disco Highway 61, el autor deja el folk para adentrarse en la oscuridad del rock, a todos sus niveles. Se entrevé ya el inconformismo que caracteriza al premio Nobel y la espontaneidad de uno de los últimos genios vivos.

 

Historia de la locura
Rubén Romero Sánchez
El sastre de Apollinaire, 2017

Historia de la locura es el tercer libro de poemas de Rubén Romero, un autor al que también conocemos como novelista y como crítico literario y cinematográfico. En esta nueva entrega, Romero reflexiona, analiza, descompone la locura, sus múltiples variantes y caras, desde una voz poética fieramente humana, a través de una geografía que, de tan reconocible, nos resulta enigmática, casi espectral. Un poema río (no hay títulos, a veces tampoco puntuación) que fluye, valga la redundancia, hacia abajo, como una grieta o una herida que se abre y nos arroja hacia un mundo turbio, descarnado, tumultuoso, cargado de una memoria que nos sitúa en el mundo y, a la vez, nos desdibuja, nos desplaza y nos condena. Y siempre en conflicto con un lenguaje inaccesible, por ubicarse en la delgada línea que nos separa del abismo. Al final, sólo queda una de las preguntas que se formulan en el libro: «Adónde iremos todos sin nadie que nos sueñe».

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Nº 405: septiembre de 2017

Fotografía de portada: Clem Onojeghuof

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SUMARIO

El salón de los espejos

Entrevista a Gioconda Belli, por Miriam Reyes

Entrevista a Juan Trejo, por Fernando Clemot

Fernando Clemot ©

 

Entrevista a Joan Álvarez, por Bel Carrasco Salvador

Giovanna Fernández ©

 

El cielo raso: Semblanzas literarias

Reinhard Huamán Mori: La maldición de Weldon Kees

David Aliaga: Almendra vacía, azul regio

José de María Romero Barea: John Berger: la disposición intersubjetiva

Ji-Elle

Aitor Francos: Sylvia Plath: la ausencia del padre

Antón Sánchez Testas y Lucía Alba Martínez: La saga de Nápoles: Elena Ferrante y el regreso de los grandes relatos

Alejandro Padrón: El amor es más frío que la muerte

Como la heroína. Un ensayo sobre Hijo de Jesús y la figura de Denis Johnson

RNJohnson

 

La vida breve

Marina P. de Cabo: La hoja roja. Diario de lectura

 

Los pescadores de perlas

Ernesto Ortega Garrido. Microrrelatos inéditos

 

El castillo de Barba Azul

Francisco José Najarro: poemas inéditos

 

 

Einstein on the Beach

Javier Sáez de Ibarra. Eduardo Cano. La máquina enfurecida

Mikaël Gómez Guthart. Lin Shu, autor del Quijote

 

El holandés errante

Ginés S. Cutillas. La literatura del desierto

Ginés S. Cutillas ©

El ambigú

Gemma Pellicer: La quietud de Ignacio Ferrando

Félix Población: Examen de ingenios de J. M. Caballero Bonald

Ricardo Martínez Llorca: Mosaico de una vida de Claire Nicolas White

José de María Romero Barea: El odio a la poesía de Ben Lerner

Agustín Calvo Galán: Muerte y amapolas en Alexandra Avenue de Eduardo Moga

Agustín Calvo Galán: Muerte y amapolas en Alexandra Avenue de Eduardo Moga

Sandro Luna: Sangre seca de Josep M. Rodríguez

Raúl Quinto: Las célebres órdenes de la noche de Diego Sánchez Aguilar

Alberto García-Teresa: Mantente firme de Kate Tempest

 

Recomendaciones de Quimera

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Recomendaciones de julio-agosto de 2017

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El triunfo
Francisco Casavella
Anagrama, 2017

Anagrama recupera la primera novela del malogrado Francisco Casavella, que obtuvo el prestigioso premio Tigre Juan en 1991 y en la que ya despliega todos los recursos que harán de su El dia del Watusi una de las novelas fundamentales en lengua castellana de los últimos años. Con un estilo brillante y singular, mezcla de humor, ironía y hondura lírica, Casavella narra una historia de mafia y de rencores en el barrio Chino de Barcelona que deviene una profunda reflexión sobre la ambición y la venganza. Una novela cuyo ritmo y tensión narrativa seducen desde la primera página y que consigue que personajes como Palito, el Nen o el Gandhi formen parte para siempre del  imaginario mítico del lector.

 

Vida con estrella
Jiří Weil
Impedimenta, 2017

Tras Mendelssohn en el tejado (su testamento vital y literario) vuelve Impedimenta a obsequiarnos otra obra del escritor checo Jiří Weil, en este caso el relato de la dureza de los años de ocupación nazi en Checoslovaquia. El título marca bien a las claras el tema de la novela: lucha y supervivencia. Weil narra con una prosa magistral, magnética (convendría destacar también el trabajo de Patricia Gonzalo de Jesús). Vida con estrella no es un libro más sobre el nazismo y la vida durante la ocupación. Es el libro.

 

Bonavia
Dragan Velikić
Impedimenta, 2017

Dragan Velikić es el autor serbio con mayor proyección de la actualidad, ganador en dos ocasiones (2007 y 2015) del prestigioso premio NIN de la República Serbia por sus novelas La ventana rusa y El forense. En Bonavia, el autor explora la disolución de Yugoslavia como país a través de la vida cruzada de los personajes que pueblan sus páginas, un restaurador que huye de Belgrado para instalarse en Viena, una filóloga con pánico a la soledad, un novelista frustrado que escribe una «guía para evitar disgustos»… Todo con el fin de retratar la incapacidad de un país para llorar por su pasado.

 

Walden
Henry David Thoreau
Errata Naturae, 2017

Nueva edición conmemorativa del doscientos aniversario del nacimiento de Thoreau. Incluye ilustraciones de Michael MacCurdy y un prólogo escrito por Michel Onfray. Uno de los clásicos fundamentales del ensayo moderno, donde se prima la libertad del ser humano frente al adoctrinamiento del trabajo como único reconocimiento social. Libro totalmente actual que enseña a la gente descontenta con el tiempo que le ha tocado vivir que hay otros caminos para llegar a la felicidad; muchos de ellos, más simples de lo que siempre nos han enseñado y con menos bienes materiales de los que realmente necesitamos.

 

Impresiones de mis viajes por las Indias
Princesa Prem Kaur de Kapurthala (Anita Delgado)
Ediciones del Viento, 2017

«Este pequeño manuscrito que acabo de terminar es la recapitulación de las impresiones sobre alguno de mis viajes más interesantes por las Indias, país en el que vivo desde hace ocho años…». Esta anotación, de 1915, encabeza el libro de viajes que con apenas veinticinco años escribió Anita Delgado, desde 1908 maharaní de Kapurthala. En sus páginas relata los viajes diplomáticos que hizo con su marido por Rajputana, Calcuta, Birmania, Decán y Hyderabad. Un testimonio maravillosamente respaldado por un prólogo y unas anotaciones finales de Elisa Vázquez de Gey, la mejor especialista en la vida de esta mujer singular. Excelente el material gráfico que incluye y un hermoso mapa de época.

 

Historial
Marta Agudo
Calambur, 2017

Después de Fragmento y 28010, Marta Agudo regresa a la poesía con Historial, un libro tan conmovedor como intenso. Entre la sequedad documental y el fogonazo expresionista, como se apunta en la solapa, Historial se aproxima al tema de la enfermedad y al descenso y caída del ser humano. Con una estructura sugerente, los poemas que integran este volumen sobrepasan la página y se convierten en cuchillos que, al diseccionarnos, también nos sacuden, con aspereza y emoción y sin estridencia alguna. Gracias a un profundo dominio del idioma poético, Marta Agudo lleva hasta el extremo el lenguaje para acercarnos a la complejidad que todos albergamos, a la extrañeza que supone estar vivos y a la  existencia, nunca resuelta, con una enfermedad poliédrica que, por mucho que queramos, nunca nos abandona.

Los primeros angeles
Mateo Rello
La Garúa, 2017

La Garúa publica el sexto poemario de Mateo Rello, probablemente su mejor libro hasta el momento. En este poemario, a la rigurosidad y perfección formal que caracterizan su poesía, Mateo suma la intensa emoción de la evocación de la agonía y la muerte de su madre (consumida por un cáncer), consiguiendo poemas profundamente tiernos y, a la vez, contundentes como un mazazo. El libro, dividido en diez partes, comienza con una aprehensión lírica del pasado familiar en Andaluz (Soria) y de la emigración a Barcelona, para acabar con un periplo por los hospitales del extrarradio barcelonés y un (imposible) intento de comprender la muerte y el olvido. Uno de los mejores libros de poesía de los últimos años.

 

Vilanos por el aire
Antonio Rivero Taravillo
La Isla de Siltolá, 2017

Rivero Taravillo demuestra, una vez más, que es uno de los autores españoles  contemporáneos que mejor se desenvuelve en diferentes géneros. A su libro sobre Yeats o su traducción de Poe se suma también Vilanos por el aire, un magnífico conjunto de aforismos publicado por La Isla de Siltolá. En ellos vuelca una mirada lúcida, profunda, crítica, ácida, siempre sugerente, sobre diferentes aspectos de la trama cotidiana: la creación artística, la biografía, la traducción, la política, el lenguaje, el lugar del poema, la biografía, la sociología literaria… Una espléndida radiografía que aborda un sinfín de cuestiones, con el escritor y el ciudadano como eje vertebrador. Una suma de aforismos que, como nos explica Sara Mesa, se mueven «entre el profundo lirismo y la ironía, el humor y su pequeña dosis de mala leche». Vilanos por el aire viene a ampliar el universo literario de un autor único, singular, cada vez más imprescindible.

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Nº 404: julio-agosto de 2017

Ilustración de portada: Miquel Rof

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SUMARIO

El salón de los espejos

Entrevista a Leonardo Padura, por Alfonso Salazar

Joaquín Puga ©

 

Entrevista a Sergio Galarza, por Fernando Clemot

Giovanna Fernández ©

Entrevista a Mateo Rello, por Sergio Gaspar

Jordi Gol ©

Clarence Brown: resurrección: entrevista a Carmen Guiralt, por Bel Carrasco Salvador

El cielo raso: Especial Philip K. Dick

Johana Do Rosario: La inseguridad ontológica de Philip K. Dick

Miquel Rof ©

Alejo Steimberg. Philip K. Dick, profeta de una realidad amenazada y tal vez inexistente

MIQUEL ROF ©

Oriol García. Un activista en Marte: ¿qué es la realidad?

MIQUEL ROF ©

OG-Nexus-7. Dick, los otros, mi programador y yo: ¿qué significa ser humano?

MIQUEL ROF ©

Pau Bosch. La Exegesis, penúltima verdad de Philip K. Dick

MIQUEL ROF ©

 

 

 

La vida breve

Francisco Rodríguez Criado: La mujer del cine Lorca

Ginés S. Cutillas: ¡Diles que no me lo marquen!

 

Los pescadores de perlas

Elena Casero Viana. Microrrelatos inéditos

Ana Grandal. Microrrelatos inéditos

 

El castillo de Barba Azul

James Womack: seis poemas

Carlos Pardo: poema inédito

Aitor Francos: aforismos del libro Manos de pintura

 

Einstein on the Beach

Jaume Marí Prunella. La frontera poética (A propósito de dos poemas de Bartomeu Rosselló-Porcel y Marià Villangómez, en homenaje)

Noelia Martín

Jordi Doce. Noticias del impostor (fragmentos)

Ángel Cerviño. Cuando despertó, la poesía del futuro todavía estaba allí

 

El holandés errante

Álex Chico. Historia de dos (o más) ciudades

Álex Chico ©

El ambigú

Carlos Robles Lucena: La otra parte del mundo de Juan Trejo

Gemma Pellicer: La hija del comunista de Aroa Moreno Durán

Gemma Pellicer: La hija del comunista de Aroa Moreno Durán

Alfonso Salazar: Cine Aliatar de José María Pérez Zúñiga

Bel Carrasco: Un viaje solo para hombres de Raúl Ariza

Daniel Dapía Barral: Fat City de Leonard Gardner

Daniel Dapía Barral: Fat City de Leonard Gardner

Félix Población: Sopa de fauno de Diego Prado

José de María Romero Barea: Estabulario de Sergi Puertas

Aitor Francos: Todos estaban vivos de Javier Bozalongo

José Antonio Vila: El bazar de los malos sueños de Stephen King

Alberto García-Teresa: Libros de sangre (volúmenes I, II y III) de Clive Barker

Iván Sánchez-Moreno: Grochowiak! de José Antonio Arcediano

Iván Sánchez-Moreno: Grochowiak! de José Antonio Arcediano

Federico Abad: Lunáticos de José Ángel Cilleruelo

Pablo Acevedo: La piel de la intemperie de Juan José Castro

Roberto A. Cabrera: Un sudario de Rafael-José Díaz

Raúl Quinto: Los salmos fosforitos de Berta García Faet

Unai Velasco: Poesía completa de José Lezama Lima

Unai Velasco: Poesía completa de José Lezama Lima

 

Recomendaciones de Quimera

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Recomendaciones de junio de 2017

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Reencuentro de personajes
Elena Garro
Drácena, 2016

Una mujer mexicana de clase alta recorre las carreteras europeas con su amante huyendo de los prejuicios clasistas. Su viaje se convertirá en una pesadilla debido al maltrato psicológico al que constantemente la somete su pareja, un inquietante y abyecto millonario en perpetua huida. Con el instinto sádico de Patricia Highsmith y la capacidad de crear atmósferas asfixiantes y personajes espectrales de Patrick Modiano, Elena Garro narra la historia de un agónico personaje desposeído de su voluntad por un grupo de perversos oligarcas capaces del delito y del chantaje por mantener su frívolo y vacío tren de vida. Una novela profunda y fascinante sobre el miedo, la debilidad y el poder del sexo y el dinero.

Reencuentro de personajes 

Cáscara de nuez
Ian McEwan
Anagrama, 2017

Ian McEwan retoma la ironía y la malevolencia con la que nos sorprendió en Amsterdam para narrar una truculenta historia desde la imposible perspectiva de un nonato. A pesar del asombro y la desconfianza inicial ante tal narrador, McEwan consigue sumergir al lector en la trama y arrastrarlo, junto a sus personajes, por una trama de egoísmos y deslealtades que, como corresponde a estos tiempos, tiene el dinero como móvil principal. El tour de force del enfoque narrativo, la crítica social soterrada y el estilo a un tiempo elevado y socarrón hacen de Cáscara de nuez una de las mejores novelas de McEwan.

Cáscara de nuez 

Mil mamíferos ciegos
Isabel González
Dos Bigotes, 2017

Después del maravilloso libro de relatos Casi tan salvaje en Páginas de Espuma, vuelve González con una novela basada en los pilares del amor, la soledad y el placer. La autora realiza un ejercicio de estilo con la palabra para dar empaque a una alegoría potente. Una historia sobre un trío amoroso, donde uno de los vértices escribe cartas de amor y talla un tronco derribado por la tormenta, el otro se hunde en el fetichismo y el tercero lame sus heridas. Tránsito de la pasión a la razón, de lo animal a lo humano.

Mil mamíferos ciegos 

Enviada especial
Jean Echenoz
Anagrama, 2017

Varios autores franceses, no sólo Le Clézio o Modiano, serían dignos merecedores del Premio Nobel de Literatura. Ahí tenemos a Michon, Quignard o al gran Jean Echenoz, cuyo libro Enviada especial, traducido recientemente al castellano, acaba de llegar a las librerías. Quizás esta nueva novela no esté a la altura de otras obras míticas, como Correr o Relámpagos, pero se equivoca quien vea en ella un entrega menor dentro de la producción literaria de Echenoz. Hay trama, hay personajes, hay voluntad de estilo, hay preocupación por el lenguaje y hay, en fin, una sugerente meditación sobre la novela y sobre los vasos comunicantes entre autor y lector. Enviada especial es, además, una novela entretenida, fresca, divertida, con toques de un humor elegante, para esta historia un poco delirante sobre personajes que van de aquí a allá, seres un poco culposos y oprimidos, más que por el pasado, por un futuro que nunca les llega del todo.

Enviada especial 

El mosquito de Nueva York
Daniel Díez Carpintero
Sloper, 2017

En El mosquito de Nueva York encontramos una colección de nueve relatos de una frescura desbordante. El autor conjuga con maestría la búsqueda de situaciones extremas, paradójicas, en escenarios aparentemente comunes pero modificados por su lupa. En algunos de sus cuentos se crea una mixtura de tensión, humor negro
e ironía que nos lleva a una atmósfera anómala, pocas veces recreada en la narrativa breve española. A destacar la creación de unos escenarios suburbiales, extraños, que aumentan si cabe la originalidad del libro de Díez Carpintero. Una revelación.

El mosquito de Nueva York 

Juan Rulfo. Biografía no autorizada
Reina Roffé
Fórcola, 2017

Se va convirtiendo en una tradición y un placer recomendar cada mes alguna de las novedades de Fórcola, una de las editoriales que con más fuerza está apostando por los ensayos de calidad. En este caso es la figura de Juan Rulfo (un autor que siempre se tuvo como enigmático) la que se repasa de una forma exhaustiva en las trescientas páginas del libro. Cada una de las fases vitales del autor mexicano (su juventud, su familia, su éxito, sus últimos años) se analiza en profundidad, así como las relaciones del autor con autores como Octavio Paz y Juan José Arreola. Un libro imprescindible para cualquier lector que quiera entender una de las figuras clave de la literatura hispanoamericana del siglo XX.

Juan Rulfo. Biografía no autorizada

O
Alejandro Pedregosa
Cuadernos del Vigía, 2017

Reunión de trece relatos de este escritor marbellí. El autor juega con personajes de gran profundidad en distancias cortas, ofreciendo al lector historias potentes nacidas del saber popular y con reminiscencias de Lorca. Se confunden la leyenda local y la fábula de moraleja con regusto ácido. El estilo es sumamente delicado y consigue lo que se propone: construir maquinarias de relojería perfecta marcando con el punto final el momento álgido del relato.

O 

Escrito con luz
José Antonio Marcos y Javier Pérez Walias
Editora Regional de Extremadura, 2017

En las páginas preliminares a Escrito con luz, Eduardo Moga escribe: «Eso hacen, en este libro, José Antonio Marcos y Javier Pérez Walias: crean un paisaje que ya existía». La frase es una síntesis estupenda del trabajo emprendido por estos dos autores en un libro tan singular como este. Las fabulosas y enigmáticas imágenes de Marcos van precedidas de un buen puñado de poemas en prosa, no menos enigmáticos ni sugerentes, de Pérez Walias. Ambos, textos e imágenes, crean una plasticidad que escapa a la página y convierten en insólito lo ya observado mil veces antes. El paisaje de los textos y de las fotografías se establece, así, a medio camino entre lo vivido y lo soñado: rostros que se ocultan tras la corteza de un árbol, gotas efímeras que aún penden de una hoja… Esos son algunos de los focos donde dirigen su mirada, atenta a lo que subyace tras la superficie. Al desdibujar el paisaje, el entorno se convierte en un mundo lleno de posibilidades. Por eso Escrito con luz, más que un libro, es un viaje, un tránsito en el que se ejercita toda la capacidad artística de dos creadores para enseñarnos a mirar de otra forma lo que acontece, en silencio, a nuestro alrededor

Escrito con luz

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Nº 403: junio de 2017

Quimera, Núm. 403 junio de 2017

Fotografía de portada: Jens Johnsson (unsplash.com)

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SUMARIO

El salón de los espejos

Entrevista a Patrick Deville, por Jordi Gol

Patrick Deville

Cinta Moreso ©

 

 

El cielo raso: Nueva literatura latinoamericana

Darío Zalgade: La nueva literatura latinoamericana

Entrevista a Patricio Pron, por Darío Zalgade

Entrevista a Patricio Pron

Javier de Agustín ©

Entrevista a Fernanda Trías, por Darío Zalgade

Entrevista a Margarita García Robayo, por Darío Zalgade

Entrevista a Margarita García Robayo, por Darío Zalgade

Mariana Roveda ©

Fernanda Bustamante Escalona: Frank Báez: poeta que escribe crónicas, cronista que recita poesía

Entrevista a Ave Barrera, por Darío Zalgade

Entrevista a Liliana Colanzi, por Darío Zalgade

Entrevista a Liliana Colanzi, por Darío Zalgade

Fotografía cedida por la autora

Entrevista a Carol Bensimon, por Darío Zalgade

Lorena Amaro: Los nuevos «raros» latinoamericanos

Entrevista a Alia Trabucco, por Darío Zalgade

Entrevista a Alia Trabucco, por Darío Zalgade

FOTOGRAFÍA CEDIDA POR LA AUTORA

Entrevista a Brenda Lozano, por Darío Zalgade

Entrevista a Constanza Ternicier, por Darío Zalgade

Entrevista a Constanza Ternicier, por Darío Zalgade

Julietaferoz ©

Los pescadores de perlas

David Calvo Sanz. Microrrelatos inéditos

 

El castillo de Barba Azul

Luis Llorente. Poemas inéditos

 

Einstein on the Beach

Aitor Francos. Chulkaturin, el hombre superfluo de Turguénev

Ivan Turgenev (1874, Ilya Repin)

Ivan Turgenev (1874, Ilya Repin)

 

El holandés errante

Fernando Clemot. Hans Fallada. Berlín-Carwitz-Strelitz: locura e infierno

Fernando Clemot. Hans Fallada. Berlín-Carwitz-Strelitz: locura e infierno

Aufbau Verlag ©

El ambigú

José Antonio Vila: El monarca de las sombras de Javier Cercas

José María Merino: En Islandia no hay árboles de Ángela Romero-Astvaldsson

David Pérez-Vega: El espíritu de la ciencia-ficción de Roberto Bolaño

David Pérez-Vega: El espíritu de la ciencia-ficción de Roberto Bolaño

Ricardo Martínez Llorca: Las plumas de Salim Barakat

Francisco Javier Guerrero: Velocidad de los jardines de Eloy Tizón

Francisco Javier Guerrero: Velocidad de los jardines de Eloy Tizón

Félix Población: Leonor. Memoria de la niña-esposa de Miguel Ángel Baamonde

Azahara Alonso: No estábamos allí de Jordi Doce

Azahara Alonso: No estábamos allí de Jordi Doce

Mario Martín Gijón: En las aguas de octubre de Marta López Vilar

Miriam Reyes: Novunque (Vertebre Romane) de Begonya Pozo

Miriam Reyes: Novunque (Vertebre Romane) de Begonya Pozo

Alejandro Ratia: Obra poética completa de Fernando Ferreró

 

Recomendaciones de Quimera

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Recomendaciones de mayo de 2017

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La vida negociable
Luis Landero
Tusquets, 2017

Landero siempre es una apuesta segura. Este autor que ha ido depurando su estilo hacia una sencillez suma, digna de los mejores maestros, nos sorprende ahora con una novela donde se cuenta la vida de Hugo Bayo, peluquero inmerso en la crisis de los cuarenta que se pregunta el sentido de la vida y que desgrana capítulo a capítulo su vida con los clientes que acuden a la barbería, desde sus andanzas por el barrio de adolescente hasta su relación amoral con su madre. El humor y la literatura, huellas inconfundibles de este escritor, impregnan todo el texto de una manera justa e inteligente.

La vida negociable Luis Landero 

Lesbia mía
Antonio Priante
Piel de zapa, 2016

Piel de zapa reedita esta magnífica novela de Antonio Priante (publicada en 1992 por Seix Barral) que ya contó en su momento con el reconocimiento unánime de la crítica. A través de las cartas apócrifas del propio poeta y de sus amigos, Priante se sumerge en los turbulentos amores de Catulo y Lesbia en el marco de los últimos días de la República romana, ante el inminente ascenso de Julio César. Aunando magistralmente el género epistolar, la anécdota histórica y la trama amorosa, Priante trasciende las etiquetas de la novela de amor y de la novela histórica para lograr un libro profundo y de largo alcance sobre el significado del arte, los conflictos sentimentales y los entresijos del poder.

Lesbia mía Antonio Priante 

Estabulario
Sergi Puertas
Impedimenta, 2017

Seis piezas largas que beben de otras disciplinas como el cómic o el cine. Sergi Puertas, redactor jefe de Kiss Comix y director de la revista Víbora hasta su desaparición, deja ver esta influencia claramente en sus textos. Hace una exhibición tremendista de presentes y futuros cercanos distópicos, desde una Andalucía independiente, hasta trajes ligados por el ADN del que lo lleva, o el terrorismo Yihadista, donde la televisión habla a sus mujeres para liberarlas. Destaca un relato al más estilo Chirbes que habla de la corrupción en Valencia. Recomendable para las nuevas generaciones de lectores enganchados a series televisivas.

Estabulario Sergi Puertas 

La antivida de Italo Svevo
Maurizio Serra
Fórcola, 2017

Ensayo sobre la vida de Italo Svevo (1861-1928), uno de los autores más traducidos de la literatura europea pero que sigue siendo un desconocido para el público español. En el libro, Maurizio Serra aborda su biografía, pero también analiza su obra y las corrientes de pensamiento que influyeron en su obra. Un libro que redime la figura y la obra del autor de Trieste y que viene acompañado de un muy interesante prólogo de Jorge Edwards y unas entrevistas sobre Svevo con Claudio Magris y Predrag Matvejević.

La antivida de Italo Svevo Maurizio Serra 

El uso de las ruinas. Retratos obsidionales
Jean-Yves Jouannais
Acantilado, 2017

Ya desde su sorprendente prólogo, en el que Jouannais tiene la audacia de atribuirle el texto a Vila-Matas —mientras advierte que él es el autor de Historia abreviada de la literatura portátil—, este libro se anuncia como un juego literario de largo alcance. A través de figuras históricas como Escipión Emiliano, Abert Speer o Shang Yang, Jouannais reflexiona sobre la posibilidad de una cosmología fundamentada en las ruinas de las ciudades y los edificios destruidos por la guerra. Los personajes que pululan por sus páginas esbozan diferentes perspectivas ante los escombros de urbes destruidas o sitiadas: su perpetuación en la historia (Naram-Sin), su razón de ser (Speer), su uso adivinatorio (Bogacki)… Un libro mágico para leer y releer sin descanso.

El uso de las ruinas. Retratos obsidionales Jean-Yves Jouannais 

La vida enorme
Xavier Rodríguez Ruera
Témenos edicions, 2017

Posiblemente, una buena elección de citas o de autores mencionados, a modo de homenaje, no asegure la calidad de un libro. Sin embargo, a veces funcionan como una declaración de intenciones, porque esas palabras prestadas pueden hacernos entender mejor a quien las emplea. Eso sucede en La vida enorme, de Xavier Rodríguez Ruera. Su alusión a otros escritores nos proporciona un refugio, como una apoyatura necesaria desde la que observar lo que nos rodea. Con un magnífico tono elegíaco, Ruera repasa algunos lugares, especialmente uno que aparece en las dedicatorias que anteceden al libro: Barcelona. Un poemario bien escrito (parece una obviedad, pero conviene recalcarlo) que nos hace retroceder hacia el pasado del autor y, con él, reinterpretar las claves de nuestro propio presente, con esa visión tan aguda, también reposada, que agradecemos tanto cuando leemos un libro.

La vida enorme Xavier Rodríguez Ruera

Estación en curva
Alejandro Salse Batán
LeTour1987, 2016

Con la paciencia y la dedicación que presuponemos a cualquier editor, Mario Quintana, director de LeTour1987, está creando un catálogo que merece toda nuestra atención, tanto en su continente como en su contenido. Un buen ejemplo es uno de sus últimos títulos, el poemario Estación en curva, del autor vigués afincado en Barcelona Alejandro Salse. Es un buen ejemplo, decimos, porque bajo una edición muy cuidada nos encontramos con un poeta al que seguirle la pista. Entre otros motivos, por su forma de construir el escenario, de configurar un decorado a través de lo que acontece alrededor de la voz poética. Una voz, por cierto, que tiene algo de sabia impostura. Bajo esa primera persona no está forzosamente el propio autor, sino la máscara, a veces irónica, que ha construido para configurar sus poemas. Estación en curva es, también, una reflexión sobre la ausencia, sobre el fracaso, como si lo uno y lo otro actuaran como fe de vida. Todo ello con la narratividad que subyace en los buenos poemas. Como esas historias que, sin la mirada del autor, acabarían perdiéndose.

Estación en curva Alejandro Salse Batán 

El bebedor
Hans Fallada
Maeva, 2017

En la novela gráfica El bebedor no sólo se desgrana la existencia del protagonista de la novela (Erwin Sommer), sino que aparecen algunos momentos esenciales de la vida de Hans Fallada (1893-1947) que se mezclan con especial ingenio con las de Sommer, con el que tantos puntos tiene en común. El bebedor no es sólo la traslación de una de las novelas más desgarradoras de Fallada a la ilustración, sino que va mucho más allá creando una de las novelas gráficas mejor engranadas y desarrolladas de los últimos años. Imprescindible.

El bebedor Hans Fallada

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