HANS FALLADA: BERLÍN-CARWITZ-STRELITZ. LOCURA E INFIERNO por Fernando Clemot

Queridísimo hijo mío, Uli, mamá me ha contado que no te encuentras del todo bien, que andas muy alicaído. Sospecho que es posible que hayas oído cosas sobre tus padres que te han apenado mucho. Quiero sincerarme contigo…

Han sucedido —por mi culpa— algunas cosas que jamás deberían haber ocurrido. Pero nada de lo que cuenta pasó como dice la gente: todo fue menos grave y, por encima de todo, reina la certeza de que todo volverá a ponerse en su lugar. Yo llevaba mucho tiempo enfermo sin saberlo… Me estoy curando y espero…

Escribiré un par de líneas sobre mí: la casa en la que vivo es triste y extraña, y está llena de hombres muy enfermos entre los que yo soy el más sano. Las reglas de la casa son muy severas: nos hacen acostarnos a las siete y media y levantarnos a las seis menos cuarto. Como comprenderás tu padre no puede dormir tantas horas. Me paso la noche despierto, miro las estrellas en el cielo, oigo el zumbido de los aviones, escucho cómo el reloj da las horas, invento historias y pienso en vosotros.

Esta noche, tu padre, que te manda muchos recuerdos, ha pensado sólo en ti.

Ditzen

 En El bebedor (novela ilustrada). Maeva: 2017. Ilustrado por Jakob Hinrichs

Rudolph Dietzen vs. Hans Fallada

La literatura centroeuropea de entreguerras parece sacudida por la rabia, el dolor y el exceso. Escritores como Stefan Zweig, Joseph Roth, Walter Benjamin, Franz Kafka, Fernando Pessoa o, el protagonista de este artículo, Hans Fallada, buscan el refugio de una sociedad que muta hacia la tragedia en las drogas, el alcohol o la locura.

Quizá sea uno de los casos más paradigmáticos el de Hans Fallada, cuyo nombre real era Rudolph Willhelm Friedrich Ditzen[1] y había nacido en Greifswald, en el norte de Alemania, en 1893. La carta enviada desde el manicomio de Strelitz a su hijo Uli en el otoño de 1944 debía representar en una vida común un hito, un punto de inflexión. Pocas semanas antes, en julio de 1944, en un incidente poco aclarado, había disparado un arma que hirió levemente a su mujer Anna “Suse” Issel y entró en el manicomio con un cargo de asesinato a cuestas. Pero en la vida de Fallada no era una excepción. Desde su juventud su vida había sido hasta ese momento un carrusel de adicciones, de momentos bajos, depresión y locura. El escritor había tocado fondo ya muchas veces. Quizá venía marcado desde su infancia por la presencia de un padre estricto y distante, juez del Tribunal Supremo, y por un accidente en 1909, cuando tenía apenas dieciséis años, que casi le cuesta la vida y unas fiebres tifoideas poco después del accidente que mermaron para siempre su salud.

Crucial para el devenir posterior del autor parece también un falso suicidio enmascarado en duelo que perpetró con su amigo Hans Dietrich von Necker en 1911 y que acabó con la muerte de este. Posiblemente el hecho escondía algún tipo de relación homosexual que querían sofocar pero el hecho marcó de una forma definitiva la personalidad de Fallada, que desde entonces se embarcó en un sinfín de conductas autodestructivas.

Desde su juventud Fallada será adicto a la morfina (que tan bien refleja en Diario de un morfinómano), al alcohol, la nicotina y todo tipo de fármacos. Su juventud y madurez será un ir y venir a hospitales, manicomios y clínicas de desintoxicación. Ya durante la Primera Guerra Mundial fue descartado del servicio e ingresado en varias clínicas de Turingia de las que salió en 1919, con la guerra acabada y con Alemania azotada por una de las mayores crisis económicas de su historia. En esos años servirá como mozo en un corral, una vida que lo apacigua y que en cierta forma tratará de reproducir años más tarde con su exilio rural en Carwitz, donde vivirá los años más sosegados de su existencia.

Berlín: triunfo literario, cárcel y locura

Los primeros años veinte suponen el despegue literario de Fallada. La ciudad, pese a la terrible crisis económica, es un hervidero de vida y de ideas que lo alimentan. Nunca ha estado tan viva la capital alemana como en esos años: la Postdamer Platz, Alexander Platz, Unter den Linden, son un hervidero de cafés, de tertulias, de vividores y supervivientes. De estos años son sus dos primeras novelas: Der junge Goedeschal, de 1920, y Anton und Gerda, de 1923, que no tienen todavía una gran repercusión. Las adicciones de Fallada siguen ahí, escribe con rabia y delirio pero también se mete una y otra en problemas financieros que acaban con una reclusión de unos meses por fraude en 1923 y posteriormente con una condena y encarcelamiento más largo en la prisión de Münster, por malversación de fondos.

La morfina es la compañera principal de ese tiempo, incluso por encima del alcohol. Ya no está en Berlín, reside en la ciudad de Neumünster, a unos sesenta kilómetros al norte de Hamburgo. Sólo hacia 1928 parece que el destino le da una pequeña tregua: se afilia al SPD (Partido Socialdemócrata Alemán), entra a trabajar en pequeño diario, el General-Anzeiger, y se compromete con otra periodista, Anna Issel, el gran amor de su agitada vida.

Parece que algo cambia en esos años, que puede, pese a seguir con sus adicciones, reconducir su vida. En el año 1931 se traslada de nuevo a Berlín, a Neuenhagen, en la zona este de la ciudad. Trabaja ya para la editorial Rowohlt, nace su hijo Uli, publica su primera novela de éxito Bauern, Bomben und Bonzen (1931) a la que sigue poco después Pequeño hombre, ¿y ahora qué? (1932) que amplia el eco de la anterior. En Estados Unidos y Reino Unido llegaría a ser libro del mes en el año 1934 y con los derechos que cobra parece que se alivia su situación financiera de una forma, a priori, definitiva.

Los años de Carwitz

El 30 de enero de 1933 sube al poder el Partido Nacionalsocialista Alemán y Adolf Hitler es el nuevo canciller. A la muerte de Hindenburg, el año siguiente, Hitler toma plenos poderes como Führer (líder) de Alemania. Ha nacido el Tercer Reich.

Pronto las leyes antisemitas son aplicadas y se empieza a mirar con recelo a Fallada, ya que su novela Pequeño hombre, ¿y ahora qué? ha sido llevada al cine en Hollywood por productores de origen judío. En abril de 1933 su casa de Neuenhagen es asaltada por miembros de la Gestapo y Fallada pasa algunas horas en un calabozo. El escritor está próximo a un colapso nervioso. Se siente amenazado. Algunos amigos escritores e intelectuales son apresados, represaliados en incluso enviados a uno de los primeros campos de concentración, Dachau, en Baviera. La salud mental de Fallada se resiente. Tiene crisis de ansiedad y fobias y se reproducen sus problemas de adicción. En ese mismo año 1933 adopta la decisión de emprender un exilio interior y para ello compra una finca en Carwitz, unos cien kilómetros al norte de Berlín, una región rural donde permanecerá los diez años siguientes.

Este exilio interior consciente es minoritario en la intelectualidad alemana. Los escritores e intelectuales que han optado por el exilio activo lo critican por su tibieza e incluso figuras emblemáticas de la literatura alemana como Thomas Mann escriben artículos en los que critican la decisión de Fallada.

En los primeros años en Carwitz encontrará un refugio que le permitirá escribir con cierta tranquilidad. Cuida un huerto y tiene panales de abejas. Allí nacerá su hija Lore. En 1935 se recrudece la censura y Fallada es declarado “autor indeseable”. Su obra no puede ser traducida ni reproducida en el extranjero. Su siguiente novela Corazón viejo a la ventura tiene problemas también para ser publicada. Se agudiza la correa de la censura y en los años siguientes el autor se centrará en publicar libros infantiles y juveniles, inicuos para los censores del Reich. En 1937 esta situación se revierte. La publicación y el éxito de Wolf unter Wölfen (Lobo entre lobos) marcan el regreso temporal de Fallada a su antiguo estilo serio y realista. La censura nazi reconoce en el libro una aguda crítica a la República de Weimar y así su publicación resulta aprobada. Joseph Goebbels lo destaca como "un gran libro" e incluso le propone trabajar en algún libro de propaganda del nazismo.

Así su siguiente libro Der Gustav (De Gustav) era una mirada a las privaciones causadas por la Primera Guerra Mundial, pero al revisar el manuscrito Goebbels sugeriría a Fallada que estirara la línea del tiempo de la historia para incluir el surgimiento de los nazis y su representación como solución a los problemas de la guerra y la república de Weimar. Fallada se ve maniatado, capitula y escribe un libro adaptado a lo que le pide Goebbels. Se siente más presionado que nunca y con la ayuda de su editor inglés, George Putnam, planea un intento de fuga a Inglaterra en 1938 que finalmente fracasa. Fallada y toda su familia pasarán toda la guerra en Carwitz, en el refugio que finalmente se ha convertido en una nueva prisión.

La guerra. El manicomio de Strelitz

 Había sido un engaño que el mundo solo esperase ayudar al pueblo alemán a salir del barro, de ese enorme cráter causado por una bomba al que la guerra los había lanzado a todos, Por otra parte, también había sido un engaño que él, el alcalde Doll, mereciera una consideración distinta a la del resto de sus compatriotas: al igual que todos ellos, él nuera más que un animalito malvado.

Pesadilla (1946). Maeva: Barcelona, 2016.

 Los últimos años en Carwitz son mucho más duros. Llega el racionamiento, el fanatismo, las leyes raciales extremas e incluso, a partir de 1943, se raciona también el papel que únicamente se utiliza para publicaciones oficiales. Muere el editor Rowohlt y las relaciones con su esposa se tensan. Fallada sólo escribe algún libro infantil por pura supervivencia y ahonda en sus adicciones y en una serie de relaciones extramaritales que complican su vida doméstica. Cuando ocurre el incidente de verano de 1944 que acaba en el encierro en el manicomio de Strelitz el matrimonio está prácticamente separado. Los meses en Strelitz son indescriptibles: poca comida, frío, privaciones, locura y el cada vez más cercano rumor de la avalancha militar rusa que acecha por el Este. En esos meses escribe El bebedor, una de sus mejores novelas. Abandona el manicomio en diciembre de 1944, con los rusos ya a pocos kilómetros de la frontera alemana.

Los últimos años

Los primeros meses del año 1945 son un baño de sangre. Las últimas fuerzas del Reich se agotan en la resistencia de Berlín que queda totalmente arrasada. El 30 de abril los rusos toman la ciudad y pocas semanas después, con la rendición, Alemania queda dividida en dos zonas de control: aliados y soviéticos. Los últimos años de Fallada los vivirá en la zona controlada por los rusos, que incluso lo promueven a alcalde de la ciudad de Feldberg, muy cerca de Carwitz. Se casa con Ursula Losch, treinta años menor que él y también drogodependiente. Los últimos meses de su vida los emplea en la redacción de Sólo en Berlín. Una escritura enloquecida, febril, que hace que presente al editor un manuscrito de más de ochocientas páginas en menos de dos meses. Se diría que Fallada sabía que se acababa su tiempo.

El cinco de febrero de 1947 aparece muerto en su apartamento de Berlín. El informe médico indica “causas naturales” pero probablemente se encubre un suicidio por sobredosis.

[1] Ditzen adopta el nombre de Hans Fallada a partir de 1920 resultado de la fusión de dos nombres de personajes de cuentos de los Hermanos Grimm (de Juan con suerte, el de Hans, y de La pastora de ocas, Fallada, ya que hay un caballero con ese nombre que aparece en el relato).

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