JUAN GOYTISOLO: DE VUELTA A “CAMPOS DE NÍJAR” por Fernando Clemot

 

«Tanto en Andalucía como en Cuba, al principio de la Revolución, buscaba siempre el lenguaje adecuado. Había un trabajo de búsqueda que se completaba con la experiencia del viaje. Siempre la mirada de alguien que llega a un lugar que no conoce concede una visión distinta y siempre he querido mezclar la frescura de la visión con el conocimiento del lugar…»

Juan Goytisolo en el documental El regreso, de Nonio Parejo, 2009.

Casi cincuenta años después de la publicación de Campos de Níjar (Seix Barral, 1960) y de que Juan Goytisolo visitara por primera vez Almería el escritor volvía a visitar aquellas comarcas. Hay un plano cenital de un monovolumen oscuro circulando por una autopista rodeada de desiertos; atraviesan barrancos de nombres tan desolados (barranco de los Feos, Venta del Pobre, Salto del Lobo) como la aridez del paisaje circundante. Es el reportaje de Parejo un viaje tan austero como todo lo que les rodea, nada que ver con la charlotada ostentosa en Rolls-Royce de Cela por La Alcarria. Frente a un mismo paisaje pero otra realidad (por fortuna diferente) el escritor reflexiona sobre lo que le llevó a retratar lo que era en aquellos momentos algunas de las comarcas más pobres y atrasadas de España.

Fueron dos viajes, bastante breves y casi consecutivos, los que dieron lugar a dos libros (Campos de Níjar y La Chanca). El primero en el año 1956, en coche, en compañía de su compañera Monique Lange y posteriormente, en la primavera de 1957, acompañado de Vicente Aranda como fotógrafo, ya con la idea de concretar un proyecto narrativo a medio camino entre el diario de viajes y la novela breve. En Campos de Níjar aquel doble viaje quedará unificado en uno: una síntesis de una duración de unos pocos días, que el relato no lo deja claro ya que habla en algunas ocasiones de setenta y dos horas y en otras de treinta y seis.

El viaje a pie

 En ese tiempo, en esos días, el narrador recorre sin darse apenas tregua buena parte del oriente almeriense: en la primera jornada Almería (con visitas a los barrios míseros de La Chanca y El Alquián), Rodalquilar y Níjar, donde hace noche. Al día siguiente se dirige a Cabo de Gata y también hace noche en sus cercanías. Por la mañana marcha hacia San José, La Isleta (aunque no menciona su nombre), Las Negras, Carboneras y regresa a Almería, donde se supone que también hace noche, y al día siguiente toma la carretera con dirección a Murcia de donde venía en un principio. Todo el recorrido lo hace a pie, en autobús aunque también lo recoge de tanto en tanto algún vehículo que lo lleva de un pueblo a otro y le permite concretar la travesía en tan poco tiempo.

No era nuevo este tipo de narración a pie, tan cercana, en que el paisaje ostenta un peso casi protagónico. Casi contemporáneo a Campos de Níjar, y centrado en un par de capítulos en esas comarcas de Almería, se había publicado Al sur de Granada (1957), de Gerald Brenan, aunque sin duda el parentesco más inmediato que le podemos encontrar a este tipo de narración de viajes novelada sería con los libros de viajes de Camilo José Cela[1], tan importantes en las primeras dos décadas de la producción del autor gallego. En el formato y presentación de las escenas se emparenta con Cela pero en la forma de observar el paisaje y describirlo con plenitud posiblemente encontramos una conexión más cercana con la obra de Josep Pla, con sus viajes a pie y en autobús de finales de los años cuarenta[2]. La prosa rica y descriptiva de Goytsolo se amalgama mejor con la del escritor ampurdanés. Utilizan diapasones parecidos. Se diría que Pla y Goytisolo utilizan un pincel mientras que Cela usa un martillo.

Una de las máximas de Pla era que el viaje, para ser provechoso, se ha de realizar con total lentitud y cercanía. Sólo podemos entender la realidad trasladándonos de un lugar a otro a pie, o en autobús si la distancia lo hace estrictamente necesario. Sólo así nos podemos relacionar con el paisaje, hablar con las gentes del lugar, zambullirnos hasta penetrar en aquello que queremos retratar. Este joven Goytisolo llevará esta máxima a la práctica y en su breve itinerario por las comarcas del oriente almeriense hablará con campesinos y hombres de bar, con jornaleros y terratenientes, subirá a soñolientos autobuses, recorrerá carreteras asfaltadas y caminos llenos de polvo y chumberas.

En la forma y el estilo lo podemos emparentar con los grandes viajeros peninsulares de los años cuarenta y cincuenta, Cela y Pla, pero en el fondo tenemos que buscar otros referentes ajenos a estos escritores.

La mirada

 «Recuerdo muy bien la impresión de violencia y pobreza que me produjo Almería viniendo por la N-340, la primera vez que la visité, hace ya algunos años».  Campos de Níjar, pág 9.

Así como en la construcción, el lenguaje y la forma Campos de Níjar se podría encuadrar dentro del libro de viajes, en ese deseo de revisitar la España rural por parte de los escritores de posguerra, no sólo cercano a Pla o Cela sino también mostrado como fondo por las primeras novelas de Delibes y Sánchez Ferlosio, no será así en el fondo de la obra mucho más cercano a los postulados del realismo social y del neorrealismo italiano que daba en esos años sus últimos coletazos[3].

Ahonda mucho más el escritor barcelonés que todos ellos. Su mirada no esconde una crítica corrosiva al

Juan Goytisolo in Instituto Cervantes Berlin

régimen, al estado de pobreza en que se ve sumido el país fruto de un dictador que gobernaba el país como quien gobierna un cortijo. Es un ataque frontal, no sólo con imágenes. Goytisolo no sólo enfoca el paisaje sino que desvía la mirada hacia los hombres, los niños, la marginalidad de algunos entornos (especialmente en el barrio de la Chanca, que visitará en una segunda obra, publicado por Seix Barral en 1962). Así retrata este entorno marginal en Campos de Níjar: «Descubrí una parva de niños en cueros, parecían lombrices oscuras, recién salidas de la tierra…» y así lo amartilla en el mencionado reportaje de Nonio Parejo, en 2009: «La primera vez que llegué a la Chanca no me atreví a entrar. Me di cuenta de que había una frontera allí y decidí leer informarme sobre lo que había en la Chanca y al año siguiente volví…».

Una y otra vez la sobriedad del paisaje, su dureza, halla el contrapunto en el retrato de los que lo habitan. Juega siempre en un equilibrio en el que el escritor genera imágenes que golpean en perpetua tensión.

Esta cercanía por el paisaje y por sus gentes como forma de crítica social venía de lejos y ya en la generación del 98 escritores como Unamuno y Machado entienden que la descripción del paisaje (especialmente la estepa castellana) y su aspereza es una forma de hacer ver el vacío moral y material que reina en España. Quizá se aborda aquí únicamente desde el espacio, este vacío que también aporta la Meseta y sus comarcas deshabitadas, desde un punto de vista espiritual y tendremos que esperar a la posguerra para encontrar un crítica social más áspera y directa y más relacionada con la obra de Goytisolo.

El fondo social. La denuncia

«El camión abandona la carretera alquitranada de Níjar y se interna por la de Rodalquilar. Aprieta el calor y Sanlúcar cabecea sobre el volante…».

«Los Escullos es un poblado mísero, asolado por los vendavales, cuyas casas crecen sin orden ni concierto, lo mismo que hongos. No hay calles, ni siquiera veredas que merezcan tal nombre. El coche encalla en un regajo y nos apeamos frente a la escuela».

«San José es un pueblo triste, azotado por el viento, con la mitad de las casas en alberca y la otra mitad con las paredes cuarteadas».

(Campos de Níjar)

En los años cuarenta el tremendismo ya hizo una incursión en los campos españoles, en el hambre y en las condiciones infrahumanas en que vivía buena parte de la población rural. Se retrata con violencia, encadenando situaciones exasperantemente extremas y personajes marginales pero parece este movimiento[4] más un continuación del trauma de la cercanísima guerra que ningún tipo de crítica a la situación política del momento. No parece que autores como Cela o Fernández Flórez, o como antes el mencionado Pla, quisieran abordar ningún tipo de implicación política o social. El tremendismo estaría más cerca de un naturalismo exacerbado que a la crítica política o social del sistema.

Sería ya en los años cincuenta, y espoleado por literaturas y movimientos culturales cercanos (realismo social y neorrealismo italiano) que la nueva generación de narradores y poetas españoles entiendan que la literatura sí puede ser un medio para cambiar la realidad española. El modelo italiano pasa por Carlo Levi (Cristo se paró en Eboli, 1945) y el patronazgo de intelectuales como Pier Paolo Pasolini (Muchachos de la calle, 1955; Una vida violenta, 1959) y editores como Einaudi o Feltrinelli con un fuerte componente ideológico. El intelectual ya no sólo se fija en el campo sino también en los grandes nidos de miseria que crecen alrededor de las grandes ciudades. También en el cine la aparición del neorrealismo causa un gran impacto en autores como Ignacio Aldecoa, Sánchez Ferlosio, García Hortelano, Ana María Matute o Jesús Fernández Santos. El culto por el modelo estilístico que viene de Estados Unidos (especialmente Faulkner) se combina con el fondo del cine y la literatura social que viene de Italia.

Dentro de ese cauce la narrativa de Goytisolo avanza un poco más, no sólo aborda la máscara del retrato naturalista de la realidad sino que en Campos de Níjar la crítica a una dictadura que engangrena ya la sociedad es directa en varios episodios. Como en su estancia en Rodalquilar, donde se están explotando unas minas de oro y donde observa con desdén y repugnancia restos de la propaganda fascista. En una pared hay una pintada que muestra el eslogan Franco, Franco, Franco y el escritor no esconde su aversión ante ella:

Como permanezco silencioso el Sanlúcar se apresura a informarme que su Excelencia el Jefe del Estado visitó la mina de oro de Rodalquilar durante su triunfal recorrido por la provincia.

—¿La mina de oro?

—Ya la verá usté si nos deja pasá. Es la única que hay en España (p.21)

Páginas más tarde, en casa de un terrateniente local, la escena se repite ante una tarjeta que muestra la filiación de la persona que le acoge.

«En la pared hay una cartulina amarillenta con las banderas española, italiana, alemana y el retrato en colores de Salazar, Hitler, Mussolini y Franco…» (p. 102)

En el intento de aperturismo de la dictadura en los años cincuenta y principios de los sesenta este tipo de recordatorios no eran bien acogidos. Posiblemente por este tipo de referencias tan directas se declaró persona non grata al autor tras la publicación de la obra.

Goytisolo en Campos de Níjar y La Chanca (y posteriormente en buena parte de su obra) no se conforma con describir con maestría una realidad crítica sino que denuncia el sistema con radicalidad. Señala de forma directa de dónde viene el mal.

En la última década volvió a recorrer Goytisolo no sólo las comarcas del oriente sino también las zonas más occidentales de Almería, como El Ejido o Roquetas con sus enormes “mares de plástico” y la marginalidad de los extracomunitarios que malviven en sus arrabales y campos. Allí fijó su atención de nuevo y su denuncia. También su audacia al exponer lo que muchos piensan y nadie se atreve a decir por miedo a que suene antipatriótico.

«Lo que ocurre en El Ejido es la esclavitud de los subsaharianos y magrebíes que están allí en unas condiciones exactamente iguales a como vivían los esclavos en las plantaciones de azúcar en el siglo XIX. No hay mejor definición. Y por haberlo dicho me declararon persona non grata. Ya me ha ocurrido dos veces en mi vida: cuando escribí Campos de Níjar me declararon persona non grata, luego el gobierno socialista –con muy poca ilusión por mi parte- me declaró Hijo Adoptivo de Níjar y, al cabo de unos años me volvieron a declarar persona non grata. Debo decir que cuando me dan una medalla o un honor dudo de mí mismo y cuando me declaran persona non grata sé que tengo razón».

(Entrevista en la revista Actualidad, marzo 2004, nº 7).

Pese a la importancia de la carga crítica del texto sería importante no quedarse sólo con eso. Campos de Níjar es un libro excelente no sólo cuando retrata aceradamente la miseria, el dolor o la tristeza de esas comarcas. Es también un magnífico libro de viajes, con imágenes de una contundencia y originalidad difíciles de igualar. No sólo hay espanto, también hay ternura en su mirada, recreaciones, imaginería de la palabra. Goytisolo se enamorará de la parquedad de un paisaje que parece encantado y que buscará luego en su discurrir vital: pueblos blancos sobre lonas áridas, la dureza de la vegetación, playas con dunas fósiles que mueren en el mar, un escenario repleto de fortalezas desmochadas y terrosas que se confunden con la arena.

Juan Goytisolo falleció en Marrakech en junio de este año. En un tiempo de verdades matizadas echaremos de menos su voz hermosa, candente y exacta.

[1] Viaje a La Alcarria (1948), Del Miño al Bidasoa (1952), Vagabundo por Castilla (1955)

[2] Guía de la Costa Brava (1941), Las ciudades del mar (1942), Viaje en autobús (1942)

[3] La crítica siempre ha fijado 1961 como el año de cierre del Neorrealismo cinematográfico aunque quedarían sus secuelas en los años siguientes.

[4] Destacamos del movimiento La familia de Pascual Duarte (1942), de Camilo José Cela, Los hijos de Máximo Judas (1949) de Luis Landínez y Lola, espejo oscuro (1951) de Fernández Flórez.

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