El viejo verde

Si bien los relatos enviados a las revistas de chicas desnudas tenían un claro componente sexual, Bukowski consideraba que el sexo no era la fuerza motriz de los mismos. En una entrevista publicada en 1975 en Northwest Review, hizo hincapié en que su obra no era únicamente de carácter sexual: «Escribí cuentos porno para las revistas porno, que entonces pagaban muy bien… Incluía sexo, pero también una narración, aunque sólo fuera por placer personal. Me decía, vale, quieren sexo, pero les tomaré el pelo… Aunque hay sexo en esos cuentos, verás que no es el motor principal». Es más, en otra entrevista de 1975, Bukowski aseveró que sus relatos no eran «guarros», a pesar de haberlos calificado como tales en 1971 en «The Silver Christ of Santa Fe» o de que popularmente se le conociese como el «viejo verde» de la escena underground: «Un cuento guarro es muy aburrido. Si te molestas en leer alguno, bueno, ya sabes, dicen “el tío sacó la polla; medía veinte centímetros y estaba bien tiesa, y ella se abrió de piernas…”. Eso es un cuento guarro, y es aburrido, así que diría que no escribo cuentos guarros». Sea como fuere, Bukowski reconoció que las publicaciones eróticas resultaban más que tentadoras: «Las revistas porno eran una válvula de escape perfecta: decías lo que te daba la gana y, cuanto más directo, mejor. Por fin, sencillez y libertad entre las fotos relucientes de coños en primer plano», concluyó con ironía a comienzos de los noventa.

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(Del artículo «Bukowski se pasa al porno», de Abel Debritto. Quimera. Revista de Literatura, septiembre de 2013).

Nº 358: septiembre de 2013

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FOTO DE PORTADA: ANTONIO ALONSO ©

 

SUMARIO

El salón de los espejos

Entrevista a Jorge Herralde, por Álex Chico y Jordi Gol

4

El cielo raso

Dossier: Crónicas del realismo sucio

Mariano González Campo. Infamia en los fiordos: el polémico legado de K. Hamsun

Juan Ignacio Alonso. O. Henry, una vida de cuento

Roberto Contreras. Raymond Carver: hacer otras cosas para vivir

Fernando Clemot. Pregúntale al polvo: Fante en el bulevar de los sueños rotos

Abel Debritto. Charles Bukowski se pasa al porno

Foto revista 1

Javier Morales. Universo Richard Ford

Laia López Manrique. De jaulas, ráfagas y silencios: viaje oblicuo a través de la narrativa de Carson McCullers

Salvador Perpiñá. Siete versiones del realismo sucio

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Rebeca García Nieto. Cormac McCarthy, el apocalipsis del realismo sucio

Pedro Juan Gutiérrez. Poemas de Arrastrando hojas secas en la oscuridad

La vida breve

Relato inédito de Ángel Olgoso

Los pescadores de perlas

Microrrelatos inéditos de Juan Armando Epple

El castillo de Barba Azul

Poemas inéditos de Tomás Sánchez Santiago

La voz humana

Entrevista a Juan Mayorga, por Ana Gorría

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Einstein on the Beach

Óscar de la Torre. Heteronimia e intranimia

El ambigú

Alejandro J. Ratia: Solsticio, de José Carlos Llop

José Antonio Vila: La ley de la frontera, de Javier Cercas

Jordi Gol: Estampas del Valle, de Rolando Hinojosa-Smith

Gemma Pellicer: Viaje imaginario al Archipiélago de las Extinta, de Susana Camps

Álvaro Valverde: Una vida subterránea. Diarios 1991-1994, de Laura Freixas

Ricardo Martínez Llorca: Algún día escribiré sobre África, de Binyavanga Wainaina

Agustín Calvo Galán: La bicicleta del panadero, de Juan Carlos Mestre

Francisco J. Martínez Morán: El tiempo menos solo, de Abraham Gragera

Raúl Quinto: Vivo en lo invisible, de Ray Bradbury

El pianista

Entrevista a Lola Larumbe, de la Librería Alberti (Madrid), por Ginés S. Cutillas

Lola_Larumbe_Rafael_Alberti

El apuntador

Eduardo Iriarte. Pulir el desencanto

El tercer acto

Literatura y vida, valga la redundancia, de Eduardo Moga

El detective de personajes, de Ricardo Adolfo

El que posterga la lectura, de Leonardo Valencia

Pierre Michon o el lugar sagrado, de Ricardo Menéndez Salmón