PAULA BONET: “Quise que ‘Roedores’ huyera del victimismo y fuese un libro duro, donde lo íntimo se cuenta con silencios”

Por Eva Díaz Riobello

(*Fotografías cedidas por la entrevistada)

Reconocida pintora e ilustradora, Paula Bonet (Villareal, 1980) jamás se había planteado escribir hasta que la necesidad de poner nombre al dolor que sentía la empujó a ello. En Roedores. Cuerpo de embarazada sin embrión, rompe el tabú en torno al duelo por la pérdida gestacional a partir de su propia experiencia y da voz a una vivencia femenina que hasta ahora estaba ausente en la literatura.

– Hablemos de Roedores, un libro-objeto que nació a raíz de una foto que subiste a las redes el 15 de enero de 2018, titulada “Autorretrato en ascensor con embrión con corazón parado”, junto a una ilustración de Louise Bourgeoise y un texto donde rompías el silencio sobre tus dos pérdidas. Aquella publicación se hizo viral.

– Después de la segunda pérdida me di cuenta de que, si no nombraba aquello que había sucedido, estaba formando parte de un silencio colectivo del que ya había sido cómplice en mi primer aborto. Y pensé que era un error. En 2016 publiqué un libro, La sed, que era un despertar, una toma de conciencia de que esa igualdad de género que se nos había prometido de pequeñas era mentira. Y en esa búsqueda de referentes femeninos llegué a una serie de autoras como Anne Sexton, Clarice Lispector, María Luisa Bombal… que me hicieron ver que el mundo también se nombra en femenino y que la formación tanto de los hombres como de las mujeres parte de la experiencia masculina, porque sólo leemos a hombres. Y algo que agradecí a todas estas autoras fue que pusieran lo privado en un espacio público. Por ejemplo, de Anne Sexton, que es uno de mis referentes, me ayudó mucho leer poemas en los que habla de la locura, de la masturbación, o del hecho de parir y sentir rechazo por un hijo. Yo pensaba: “No he vivido esta experiencia, pero al menos tengo la experiencia literaria y si en algún momento me sucede me sentiré menos sola”. Cuando me di cuenta de que yo no había nombrado mi primer aborto espontáneo y había formado parte de ese silencio colectivo, vi que estaba siendo muy incoherente con mi propio discurso, por eso la segunda vez lo nombré a pesar del dolor. Lo que no sabía era que iba a tener la repercusión que tuvo. Además, cruzaba una línea muy fina que nunca había querido traspasar, que era mostrar esa intimidad en el filtro artístico. Creí que tendría muchos detractores, pero lo que sucedió fue que todo el feedback fue positivo y que tanto hombres como mujeres se abrieron en canal y compartieron sus experiencias de abortos espontáneos, de pérdidas neonatales, sus duelos… Y vi que esa realidad es mucho más frecuente de lo que se cree –de hecho, afecta al veinticinco por ciento de los embarazos a partir de los treinta y cinco años- y cómo vivimos en un contexto que culpabiliza a las mujeres por esto y no nos permite vivir un duelo, que es algo imprescindible.

– El libro se divide en dos partes: un cuento infantil que escribiste para tu hija y el diario donde narras ese año en el que sufriste las dos pérdidas. ¿Cómo concebiste esta estructura?

– En un principio mi intención era publicar únicamente el acordeón ilustrado. Yo pinté ese animalario durante el segundo embarazo, queriendo que saliera todo bien y empezando a crear un vínculo con mi hija. Pensaba que era un libro infantil, pero ahora con la perspectiva me he dado cuenta de que no lo es: por el contenido, por la forma en que está abordado, la gama cromática es muy oscura, las pinceladas son agresivas, los animales representados son bastante terroríficos… Con el tiempo he visto que, en realidad, era el autorretrato de una mujer atemorizada. Así pues mi idea inicial era publicar ese libro que yo consideraba infantil y, ya que mi hija no podría leerlo, al menos podría regalárselo a mis sobrinos, a los hijos de mis amigos…. Pero mi agente vio claramente que no era un libro para niños. Lo presentó a varias editoriales, entre ellas Random House, y Claudio López Lamadrid se interesó muchísimo por él. Fue en nuestra primera reunión cuando vi que tenía que acompañarlo de un texto, aunque fuera muy breve. Lo que no esperaba es que el texto se convirtiera en lo que se ha convertido. Yo había estado escribiendo desde antes de mi primer embarazo, cuestionándome las maternidades, entendiendo que se nos vende una única idea de la maternidad y que no debería ser así. Desde pequeñas nos hacen las preguntas equivocadas, nos preguntan: “¿Cuántos hijos vas a tener?”, en lugar de: “¿Quieres ser madre?”. Yo tenía ese texto y Claudio quiso publicarlo. Fue él quien sugirió que fuera independiente del acordeón y que no estuviera ilustrado. Quiso desvincularlo de mi trabajo gráfico, ya que según él mi trabajo literario tenía entidad por sí solo. Ahí fue donde tomé conciencia de que estaba creando un libro, ya que ese diario que había escrito era mucho más extenso y estuve varios meses trabajando en “la poda”. Para mí era importante que el libro nombrase al mayor número de mujeres posible y sirviera para poner ese tabú sobre la mesa. No quería que mi experiencia personal devorase el contenido. Mi idea era que el “yo” se desvaneciera, huir de cualquier tipo de victimismo, que fuese un libro duro y que toda la parte que tuviera que ver con lo íntimo se contara con silencios, por eso hay tantos espacios en blanco. Creo que eso es lo que ha hecho que el libro tenga tan buena acogida, porque las mujeres que lo leen se sienten identificadas en esos silencios, pues ahí es donde vuelcan su propia experiencia.

– Con respecto a la parte gráfica del libro, se produce un contraste muy llamativo entre la paleta oscura del animalario y el verde claro que salpica varias páginas del diario.

– Ese tono es el verde quirófano, es el color de las batas de los médicos, que también sirve para contrastar con los tonos tierra que bañan el libro. Nora Grosse, la diseñadora gráfica, vio muy claro que debíamos usar esos colores a raíz de un fragmento del diario, donde le digo a mi hija que la imagino “como un trozo de barro esbozado, como la primera forma que se crea al sujetarlo con las manos”.

 – El diario arranca con rabia contenida, con una escena en el banco en la que un hombre intenta venderte un seguro de vida y te cuenta sus penas mientras tú callas la tuya. Se habla poco de que la ira es una emoción muy presente en el duelo, además de la tristeza.

– Hemos construido un sistema que vive de espaldas a las emociones y, además, decide cuáles son buenas y cuáles son malas. La ira es imprescindible en esos momentos del duelo y debemos permitirnos sentirla para sanarnos. Sí, el libro empieza con ira y con ironía, narrando una situación muy cotidiana. Vas al banco y lo último que te esperas es una situación así, que te hace revivir con muchísima más fuerza y más rabia la pérdida que has sufrido hace tres días.

– El duelo perinatal que pones en palabras en Roedores es considerado por los expertos como un duelo desautorizado, es decir, un tipo de pérdida a la que la sociedad no suele conceder importancia y por eso quienes la sufren suelen recibir mucha incomprensión por parte de su entorno.

– Y tú misma tampoco te lo permites, porque para la sociedad ese niño no ha existido. Sin embargo tú lo has estado gestando, has proyectado cómo va a cambiar tu vida, todo lo que vas a querer darle a ese hijo y todo lo que él te va a dar. Es muy doloroso porque realmente no se te permite vivir el duelo, pero tú misma tampoco te lo permites y eso se añade a la culpa que sientes. A menudo la sociedad nos responsabiliza a las mujeres de estas pérdidas, cuando muchas veces la causa no está en nuestro cuerpo. Ahora existen algunos lugares donde se están haciendo gestos de reconocimiento importantes hacia esta clase de duelo. En el cementerio de Lleida, por ejemplo, hay un espacio destinado a este tipo de pérdidas.

– Has comentado en varias ocasiones que el aborto espontáneo es un tema sin tradición literaria.

– No tiene tradición literaria como no la tiene el aborto voluntario, ni el embarazo, ni las relaciones entre madres e hijas…, pero no porque no hayan existido mujeres que escribieran sobre esos temas, sino porque no nos llegan, ya se encarga el sistema de borrarlos. Cuando se imprimen los libros de texto, estas historias no se incluyen. Y cuando alguna nos llega, llega desvirtuada. Recientemente descubrí que Mary Shelley sufrió la muerte de tres de sus cuatro hijos cuando eran muy pequeños y además su madre, Mary Wollstonecraft, murió tras darla a luz a ella. De hecho su novela Frankenstein habla de ese abandono, de la imposibilidad de crear vida, pero nadie nos habla del contexto en que fue concebida esa obra. Todavía existe un gran pudor en nombrar lo íntimo femenino. Aun así creo que podemos ser optimistas, porque las cosas están cambiando.

– Por otro lado, últimamente en los medios se habla de que a nivel editorial se está creando una “burbuja de libros feministas”. ¿En qué quedamos?

– Yo creo que por fin estamos levantando la voz y nos estamos nombrando. No es una moda, es un despertar. Más de la mitad de la población, que durante tanto tiempo ha sido acallada, está alzando la voz. Y es necesario que esto suceda. Lógicamente hay gente que se subirá al carro y publicará libros que no tengan demasiado interés, pero es un peaje que hay que pagar para poder leer historias importantes.

– Tampoco nadie ha protestado nunca porque haya demasiados libros sobre hombres escritos por hombres.

– Claro, porque estas críticas también son una reacción del propio sistema y de algunos hombres en posiciones de poder que ven peligrar sus privilegios porque, efectivamente, van a tener que renunciar a muchos de ellos. Va a ser muy difícil que la igualdad de género sea real. Yo siempre vuelvo a Mary Beard cuando afirma que “el problema es el sistema”. No podemos intentar encajar y tener voz en un sistema que está hecho a la medida del hombre. Tenemos que romper sus cimientos y construir desde cero otro en el que la igualdad sea real. Al final estamos imitando roles que no tenemos por qué replicar: el poder no sólo debe identificarse con lo masculino, también tiene que identificarse con lo femenino, pero es dificilísimo, es un proceso muy lento. No es que ahora haya más libros feministas, siempre los ha habido, pero quizás muchos no se entendían como tales. Estas críticas también responden a la necesidad del sistema actual de etiquetarlo todo, de evitar que lo autores seamos poliédricos, todo es definir, delimitar y encorsetar. Así, al final lo que se consigue es una sociedad coja, donde no se escucha a más la mitad de la población ni se lee la experiencia femenina.

– En La Sed homenajeaste a un grupo de autoras que tú denominabas “despertadoras”, como Anne Sexton, que también está presente en Roedores junto a Margaret Atwood. ¿A qué escritoras destacarías ahora como imprescindibles para quien quiera acercarse al feminismo?

– Son muchas las autoras que han sido importantes para mí en este despertar y que me han ayudado a entenderme, a armarme de argumentos y a comprender que tengo todo el derecho del mundo a estar enfadada y que no tengo que disimular ese enfado porque tengo razón, tenemos razón. Uno de mis libros de cabecera es Cómo acabar con la escritura de las mujeres, de Joana Russ, que habla sobre esta necesidad del sistema de desprestigiarnos continuamente. Annie Ernaux me fascina, con libros como La mujer helada o El acontecimiento, que habla del deseo de abortar en una época en la que en Francia constituye un delito. También recomendaría Solterona, de Kate Bolick, Los hombres me explican cosas, de Rebeca Solnit, los libros de Siri Hustvedt siempre, como La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres; Todos deberíamos ser feministas, de Chimamanda Ngozi Adichie; Jessa Crispin y El complot de las damas muertas. Me parecieron muy interesantes los diarios de Laura Freixas, Todos llevan máscara, y la Teoría King Kong de Virginie Despentes. Otro libro que me entusiasmó fue Jezabel, de Irène Némirovsky, que aborda otro de los grandes pesos que arrastramos las mujeres, la obsesión por la eterna juventud; Clavícula, de Marta Sanz, que nombra otra realidad femenina, la menopausia; Contra los hijos, de Lina Meruane, imprescindible. La verdad es que ahora mismo sólo quiero leer a mujeres. Por último, para afrontar mis dos pérdidas me ayudó mucho El cuerpo silenciado, de Maria Teresa Pi-Sunyer y Sara Berbel.

– Un año después de aquel post que se hizo viral, ¿qué balance haces de la reacción de los lectores al libro?

– Es que aunque ha pasado un año, lo sigo viviendo. La promoción del libro se está alargando y gracias a eso estoy aprendiendo muchísimo. Cuando decidí publicarlo pensé que era una suicida porque, al contrario que con otros libros anteriores, no tenía una bibliografía detrás en la que apoyarme. Fue a raíz de decidir publicar Roedores cuando empecé a investigar y llegué a obras que me han servido de gran ayuda. Pero también estoy aprendiendo a través de lo que sucede en las presentaciones del libro, ya sea en Barcelona, en Sevilla o en Santiago de Chile. En todas ellas siempre se crea un ambiente de absoluto respeto en la sala, en el que se hacen preguntas muy interesantes y se crea un debate en torno a las maternidades, los tabúes o lo femenino. Después, durante la firma de libros, es cuando muchas mujeres y hombres se abren y me cuentan sus experiencias. Algunas de ellas son terroríficas y las han vivido en silencio. Esto me recuerda a un cuadro de Correggio que vi hace poco en el Museo del Prado, La oración en el huerto, donde tres cuartas partes de la pintura están en sombra mientras que la parte superior, donde aparece Jesucristo rezando, aparece iluminada. Pero en esa zona de sombra también suceden muchas cosas y, al verlo, recuerdo que pensé: “Ahí es donde vivimos nosotras, ahí es donde las mujeres hemos ido levantando construcciones, en las tinieblas”. Sin embargo, desde que he publicado Roedores me he dado cuenta de que no es así, estamos en las tinieblas pero estamos aisladas, no hay diálogo, ahora está empezando a haberlo. Porque si lo hubiera habido antes, cuando una mujer sufre un aborto espontáneo, o da a luz a un niño muerto o se muere su hijo al poco de nacer, tendría ciertas herramientas para gestionarlo. Y no las tenemos. Lo que sucede en las firmas del libro es prueba de ello, todas estas mujeres que han vivido historias atroces las han vivido aisladas, con vergüenza, sintiendo que tenían una tara y que no podían contarlo. Yo creo que es importante este diálogo, que hablemos entre nosotras, que nos contemos estas experiencias y creemos esas herramientas que necesitamos para poder sobrevivir a algo tan natural y tan frecuente como es un aborto espontáneo.

– En estos meses tampoco te han faltado las críticas de seguidores que no llevan bien que hayas pasado de dibujar “ilustraciones preciosas” a proyectar tus inquietudes en tu pintura, primando el contenido a la forma.

– Como mujer, hagas lo que hagas y seas como seas, se te va a juzgar. Partimos ya de esta premisa. Pero cuando un señor viene a explicarme cómo tengo que vivir mi duelo por dos abortos espontáneos, o cómo tengo que abordar mi obra con respecto a ese dolor o a esa necesidad de narrarme, mi respuesta es la carcajada, aunque en realidad es algo muy grave y es justamente contra lo que estamos luchando. Dan ganas de decir: por favor, callaos, escuchadnos, apartaos, dejadnos nuestro espacio, que lo vamos a ocupar aunque no nos dejéis, de hecho ya lo estamos haciendo. Para explicar esto siempre pongo el mismo ejemplo: yo, como mujer, sufro machismo, pero una mujer negra, además, sufre racismo. Y si una mujer negra me está hablando de cómo se siente cuando sufre ataques xenófobos, me callaré y la escucharé, porque no tengo su experiencia y no la voy a tener nunca. Necesito callarme, escucharla y creerla. Y eso es lo que tienen que hacer los hombres ahora mismo, tienen que entender que no pueden hablar por nosotras, porque es lo que han estado haciendo siempre. Nosotras tenemos la experiencia, tenemos la palabra, tenemos los pinceles, así que vamos a contarnos. Un hombre que venga a explicarme cómo tengo que contar mi dolor está haciendo un ridículo enorme y no entiendo cómo no se lo piensa dos veces antes de pronunciarse.

– Actualmente acabas de terminar una edición ilustrada de El año del pensamiento mágico de Joan Didion, un libro donde la escritora norteamericana habla del duelo por la muerte de su marido. ¿Dirías que se cierra un círculo con esta obra?

– Yo no creo que se cierre un círculo porque el duelo es un tema que voy a seguir tratando. No siento que se acabe aquí, de hecho se trata de seguir nombrándolo. Pero sí es una coincidencia bestial en el sentido de que yo no suelo trabajar por encargo, pero acepté este proyecto porque soy una gran admiradora de la obra de Joan Didion y porque aborda el mismo tema que yo estoy tratando en mi trabajo personal, así que para mí es un honor mayúsculo poner mis imágenes al servicio de ese libro. Y es curioso que justamente éste sea El año del pensamiento mágico, y que lo decidiera Claudio López Lamadrid, es algo muy bestia y muy doloroso. Sólo hacía un año que estaba trabajando con Claudio y estaba aprendiendo muchísimo de él. Ahora siento el dolor de la pérdida inmediata, esa negación, porque todavía no nos creemos que haya fallecido. Y luego, desde una perspectiva más egoísta, no puedo evitar pensar cuánto podría haber aprendido de él, si en un solo año me había enseñado tanto. Eso es aún más doloroso y una emoción difícil de colocar, sobre todo teniendo en cuenta que cerramos el libro un día antes de su muerte.

– Como artista que siempre se ha pronunciado públicamente a favor del feminismo y contra la violencia de género, en ocasiones hasta el punto de sufrir linchamientos en las redes, ¿cómo ves el avance de la extrema derecha en nuestro país y su pretensión de derogar la LOVG?

– Me cabrea muchísimo, pero al mismo tiempo que aparezca un partido como VOX es una reacción a este grito feminista y a esta sororidad que se palpa desde el último ocho de marzo. Las mujeres no podemos dejarnos llevar por la inercia. Aunque estemos consiguiendo dar pasos adelante, no podemos darlos por ganados nunca, porque cuando bajas la guardia sucede esto. Yo creo que a todas nos pasa que unos días te sientes muy fuerte y otros estás muy hundida, porque señalar y hacer frente a todas estas injusticias que ves a diario es muy agotador. Pero como mujer creo que es la primera vez que siento que realmente tengo a un ejército de mujeres de mi parte, que la sororidad es real y gracias a ella tenemos más fuerza y somos más valientes. Publicar este libro a mí me ha resultado más fácil sabiendo que tengo todo ese respaldo. Que gane protagonismo un partido como VOX, que parece reivindicar una vuelta al pasado, es la respuesta natural a lo que muchos perciben como una amenaza.

– ¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

– Estoy con varios proyectos y tengo muchas ganas de encerrarme en el taller y pintar. Yo realmente soy pintora y hace ya muchos años que no disfruto del proceso de crear una exposición. Actualmente estoy preparando una para un festival que se celebra en octubre en Barcelona, organizado por la Casa dels Clàssics. Su objetivo es homenajear a grandes clásicos, y también debatirlos y ponerlos en cuestión. Ahora mismo estoy trabajando con la obra de Baudelaire, al que no leía desde la universidad, y volver a él con toda la experiencia adquirida después está siendo muy interesante. También sigo con mi proyecto de nombrar el mundo en femenino y estoy preparando una serie de pinturas y grabados sobre ese tema para una exposición que se podrá ver en 2020 en La Nau de Valencia. Por último, estoy trabajando con Patricia Escalona, una amiga y autora a la que admiro muchísimo, en un proyecto editorial que está en una fase aún embrionaria y sólo puedo adelantar que estamos muy enfadadas (se ríe) y que tenemos muchas ganas de publicarlo.

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Esta entrevista fue publicada en Quimera 423, marzo de 2019.