Carta inédita de JOSEP PLA: «Debemos salvar esta literatura»

Una misiva de 1972 del autor catalán para la escritora Montserrat Roig

Por XAVIER PLA

La irrupción de la obra de Montserrat Roig en la cultura catalana de los años setenta del siglo pasado fue rápida, potente y obtuvo de inmediato el favor del público y de la crítica. Desaparecida prematuramente en 1991, a los cuarenta y cinco años de edad, la figura de esta novelista y gran periodista no hace más que acrecentarse; muchos son los aspectos de sus reflexiones que se avanzaron a las grandes preocupaciones políticas, sociales y culturales que inundan hoy el mundo real y no digamos ya el de las redes sociales. Roig ya escribió anticipadamente, ¡hace más de cuarenta años!, sobre la llamada memoria histórica, sobre la participación e in- corporación de la mujer en el mundo del trabajo, sobre las identidades nacionales y sociales, sobre las víctimas, los refugiados y los marginados del sistema.

El año 1970 fue decisivo en su trayectoria: abandonó el PSUC, participó en Montserrat en el encierro de intelectuales en protesta contra el proceso de Burgos y ganó el premio de relatos Víctor Català con el libro Molta roba i poc sabó… i tan neta que la volen, que la catapultó al humilde y todavía reprimido parnaso de la literatura catalana. Sin embargo, su obra periodística, en clara competencia con su obra narrativa de ficción, atrae hoy a miles de jóvenes lectores, impresionados por su inolvidable reportaje Els catalans en els camps nazis, publicado en 1977, un ejemplo modélico de periodismo narrativo, investigación histórica y también de historia oral con centenares de entrevistas a deportados y supervivientes de Mauthausen y de otros campos de concentración. Pero fueron quizás sus entrevistas las que le concedieron la popularidad deseada. Docenas de retratos e interviús publicados en catalán en la revista Serra d’or y en castellano en Destino, mayoritariamente con hombres y mujeres de la generación de antes de la Guerra Civil, siendo la gran preocupación

de la entrevistadora la desmemoria colectiva obligada por el franquismo y la necesidad de las nuevas generaciones de conocer y entender el pasado político inmediato. Sus impactantes entrevistas, por ejemplo, a Joa- quim Amat-Piniella, el novelista catalán de los campos nazis, a Eugeni Xammar, el legendario periodista que asistió al auge del nazismo en los años veinte y treinta, o a Josep Pla forman parte ya de la memoria cultural de generaciones de lectores catalanes y españoles.

No se sabe exactamente cómo o a través de quién Montserrat Roig expresó sus ganas de entrevistar a Pla, que en aquel momento vivía una situación incómoda y agridulce: por una parte, gozaba de un alto reconocimiento literario, había publicado El quadern gris en 1966 y llevaba ya casi dos docenas de volúmenes publicados de su Obra Completa con los más altos elogios de la crítica. Sin embargo, su visión del mundo se había ido haciendo inmovilista, más agria y, quizás también, amarga; sus críticas contra los países comunistas y contra nuevas formas de expresión social, a las que atacaba provocadoramente, le habían convertido en el centro de duras polémicas con los sectores más jóvenes, catalanistas y progresistas. Montserrat Roig, que entonces colaboraba en el periódico bar- celonés Tele-eXprés, que dirigía Manuel Ibáñez Escofet, se hizo eco de los debates en un breve artículo, titulado «Algo sobre la irritación que provoca Josep Pla», publicado el 16 de enero de 1972. Roig argumentaba, siguiendo a Josep M. Castellet, que había que aceptar la filosofía vital de Pla tal como era, realista y antiromántica, y que «me parece excesivamente dogmático querer encorsetar la obra de Pla dentro de unos límites doctrinarios absolutos». Parece que Roig envió el recorte al Mas Pla de Llofriu y un ejemplar de Molta roba i poc sabó. El escritor pareció razonablemente satisfecho y aceptó, por intermediación de su editor Josep Vergés, hablar con la joven escritora en una larga entrevista que se publicó en la revista Destino con el título «Conversación con Pla en un día frío de finales de enero» el 4 de marzo.

Después de un inicio más que frío, Roig admitía sentir «pavor» ante el inminente encuentro con «un escritor con una insondable aureola mítica, inasequible a nuestra delgadísima realidad de posguerra, me corroe la incertidumbre de cómo va a recibir ese gran escritor a una persona joven y, quieras que no, representante, por la edad, de conceptos muy poco seculares. Alguien dijo, en cierta ocasión, que es mejor no conocer nunca a los escritores que se admiran». Y un Pla nervioso, definitivamente incómodo ante la mirada inquisitiva de la joven y bella periodista, se exclamaba: «Y usted escribe? ¿Tan joven…? Usted, señorita, está muy flaca… No me gusta la juventud asexuada de hoy, no me gusta nada. ¡Y es que en diez años ha cambiado mucho el mundo! Y usted, ¿qué escribe? ¿Sobre las personas o sobre los pájaros? Hágame caso, señorita, cobre poco por sus escritos. Es mejor cobrar poco y siempre, hasta la muerte…». La conversación, densa, pero a pesar de todo fluida y amena, avanzó entre la alta cultura y el chismorreo, pasando desordenadamente de la belleza del paisaje a las ansias de libertad de la juventud, de Salvador Espriu a Stendhal y, por encima de todo, por su preocupación compartida por el presente y el futuro de la literatura catalana. Según Pla, «Parece que la gente joven es consciente de una continuidad. La literatura catalana está mejor que nunca. En la posguerra se han hecho cosas que nunca se habían hecho. Se ven- den más libros, hay más propaganda». Al final del día, Pla, Vergés i Roig se desplazaron en coche hasta Pals, Calella y Palamós, donde, entre grandes cantidades de café y whisky, con un Pla quizás ya ligeramente devastado, se despidieron con una inesperada complicidad. Roig escribió: «Pla será un escritor tan conservador como se quiera. Pero es extraordinario cuando leo sus descripciones de lugares, me apasionan, me subyugan tanto, que me entran ganas de visitarlos. Me fascina su dominio, su agilidad lingüística. Creo que todos los que nacimos en la dura y rígida posguerra y nos muerde el gusano de las letras tenemos la santa obligación de empaparnos, de impregnarnos, de su sabiduría literaria. ¡Quién pudiera escribir como él!».

En el fondo Montserrat Roig del Arxiu Nacional de Catalunya de Sant Cugat se conserva una única carta que el escritor Josep Pla envió a su joven interlocutora. Ha permanecido inédita hasta ahora y la presentamos en su lengua original y traducida al castellano. Da testimonio del reconocimiento y el afecto que el venerado prosista sintió por la novelista, quien pocos días después publicó, también en Tele/eXpres, una elogiosa reseña del libro planiano Les hores, el volumen número 20 de su Obra Completa. Pla se sintió obligado a responder cortésmente, todavía a la espera de ver publicada la entrevista, quizás retóricamente avergonzado por «la inanidad de mi pobre e interminable monólogo». Pero la misiva puede sorprender por dos razones: la preocupación de Pla por la continuidad de la literatura catalana le lleva a ofrecer sin lugar a dudas el relevo cómplice a Montserrat Roig, a quien anima con insistencia a escribir más, tal como lo hizo también en aquellos años con Joan Fuster, Baltasar Porcel o Terenci Moix. «Debemos salvar esta literatura» fue su motto desde 1939, pero quizás nunca Pla lo expresó con esta contundencia. Y, en segundo lugar, la singular propuesta, desconocida hasta ahora, de escribir una novela a cuatro manos, o más bien una novela que Pla llevaba «en la cabeza» pero escrita por la misma Roig, que no llegó a concretarse y que des- conocemos de qué habría tratado. Si Roig la hubiera llegado a escribir, Pla, según reconoce abiertamente, la habría promocionado al premio que, creado por la editorial Destino en 1968, llevaba su nombre.

 

Mas Pla, 20 febrer 1972

Montserrat Roig
Barcelona

 

Molt apreciada Montserrat,

Vaig rebre la carta amb el retall del seu article del Tele/eXpres. Està molt bé, però és, com tota la crítica d’avui, una mica superficial, etc. Li agraeixo moltíssim.

La conversació que tinguérem al domicili de Vergés a Palamós consistí en una sèrie de llocs comuns sense importància. Ara veurem —quan surti el seu paper— quina utilització n’ha fet. De tota manera, no sap quan li estimo la seva paciència davant de la inanitat del meu pobre i interminable monòleg.

Sóc un gran admirador de vostè —del seu llibre. Sembla un fenomen típic de la seva timidesa que, en un moment determinat, es despenjà amb una nervio- sa explosió d’anticonvencionalisme i de cinisme. És un gran sistema per escriure. M’agradaria molt de parlar amb vostè del seu llibre sarcàstic i desaforat. És un mètode no gaire corrent en aquest país —mètode que jo admiro. Vostè té una gran capacitat d’expressió i moltes coses al cap. En aquest país, no és pas gaire corrent. S’hauria de remoure una mica aquesta literatura en vista a l’època d’avui. Podria fer un gran bé.

Si jo fos jove, la vindria a veure a Barcelona. Si vostè tingués un medi de locomoció —qualsevol—, hauria de venir vostè. Els joves no solen tenir temes.

M’agradaria d’explicar-li una novel·la que tinc al cap des de fa ja molts anys i que mai escriuré. L’hauria potser d’escriure vostè i, si sortís, tindria el premi —sempre, és clar, que li agradés de fer-la. Tot això és entre vostè i jo, naturalment. Hem de salvar aquesta literatura, no ho creu?

Passi-ho bé. Affm.

Josep Pla

Mas Pla, 20 de febrero 1972

Montserrat Roig
Barcelona

 

Muy apreciada Montserrat,

Recibí la carta con el recorte de su artículo del Tele/ eXpres. Está muy bien, pero es, como toda la crítica de hoy, un poco superficial, etc. Se lo agradezco muchísimo.

La conversación que tuvimos en el domicilio de Vergés en Palamós consistió en una serie de lugares comunes sin importancia. Ahora veremos —cuando salga su papel— qué utilización ha hecho. De todos modos, no sabe cuanto le estimo su paciencia ante la inanidad de mi pobre e interminable monólogo.

Soy un gran admirador de usted —de su libro. Parece un fenómeno típico de su timidez que, en un momento determinado, se descolgó con una nerviosa explosión de anticonvencionalismo y de cinismo. Es un gran sistema para escribir. Me gustaría mucho hablar con usted de su libro sarcástico y desaforado. Es un método no muy corriente en este país —método que yo admiro. Usted tiene una gran capacidad de expresión y muchas cosas en la cabeza. En este país, no es muy corriente. Se debería remover un poco esta literatura en orden a la época de hoy. Podría hacer un gran bien.

Si yo fuera joven, la vendría a ver a Barcelona. Si usted tuviera un medio de locomoción —cualquiera—, debería venir usted. Los jóvenes no suelen tener temas. Me gustaría explicarle una novela que tengo en la cabeza desde hace ya muchos años y que nunca escribiré. La debería quizá de escribir usted y, si saliera, tendría el premio — siempre, claro, que le gustara hacerla. Todo esto es entre usted y yo, naturalmente. Debemos salvar esta literatura, ¿no lo cree?

Hasta pronto. Affm.

Josep Pla

Xavier Pla (Girona, 1966) es el director de la Cátedra Josep Pla de Literatura y Periodismo de la Universitat de Girona.

Este artículo fue publicado en Quimera 433, enero de 2020.