Entrevista a Fernando Arrabal

«Desgraciadamente no supe de otra trascendencia que la que otorga la satrapía»

Por Iván Humanes

Fernando Arrabal responde a nuestras preguntas recién publicado un nuevo volumen de su obra Pétalos de confinamiento (Libros del Innombrable, 2022). Un drama ya estrenado en Paraguay en el que retrata a la poderosa y visceral Sélavy y que comparte páginas con el monólogo «Julieta», inspirado por la musa de los existencialistas, Juliette Gréco; así como otros textos publicados durante el confinamiento. No pocas páginas se han escrito sobre el «misterio» de su valioso legado durante este tiempo. En cualquier caso, Fernando Arrabal continúa alimentando su inconmensurable obra; nuestro verdadero legado. El ajedrez, la memoria, la confusión y los sueños siempre presentes en él, y en su entrevista.

Contra e4, Cf6. Defensa Alekhine. ¿Es una buena forma de definir su avatar en este mundo? ¿Lo son los jugadores hipermodernos?

– A pesar de mi pasión por el ajedrez —como por la pintura— no nací, como tanto hubiera deseado, con el talento de Robert Fischer, Alireza Firouzja, Sergey Karjakin, Magnus Carlsen y tantos otros. En las simultáneas que doy generalmente (juego obviamente con blancas) nunca mis oponentes han utilizado la defensa Alekhine, ni tampoco el propio Александр Александрович Алехин salvo en 1921. Se consideró siempre una mala defensa hasta que, en 1972, Fischer… «Hipermoderno» parece un título chusco gratuito y estrafalario ¿impropio del ajedrez? ¿Hay ya ajedrecistas «galácticos» que descienden por la Vía Láctea con la escampada hacia los bajos fondos?

Pregunta onírica: ¿Qué soñó el «cinco de marzo» de 2022?

– …Los dos vamos por un campo (sin vivienda alguna). ¿Por Ciudad Real? ¿Vamos hacia Jaén? Llega Diego Bardón. Nos alegra su sorprendente aparición. Topor me dice: «Seguramente Bardón nos ha traído su delicioso jamón». En efecto, de su mochila saca dos cachos enormes. Topor le pregunta: «¿Dónde os han puesto?». «Esta vez nos han alojado en una casa que es un balón gigantesco». Me pregunto: ¿cuál es el grupo que va con Bardón? Me siento tan feliz con ellos dos que ni me doy cuenta de que ya estamos en otro campo: en la raya con Portugal, cerca de Ciudad Rodrigo. Topor le pregunta a Bardón: «¿Cómo haces para que te dejen entrar en la casa/balón?» Bardón responde: «Silbo el pase. Me lo sé de memoria. Lo puedo repetir para vosotros». Se pone a silbar… como mi despertador. En ese mismo instante suena el despertador de mi habitación. Exactamente como el silbido de Bardón.

Algo de erotismo gastronómico. Me han soplado al oído que su Faustball puede tener en un suspiro nueva versión. ¿qué hay de cierto en ello?

– No soy desgraciadamente especialista de gastronomía y menos de erotismo. No es secreto alguno: las siete óperas que he realizado me han procurado insólitas satisfacciones y deleites inopinados en sus diferentes representaciones. De las de Faustball en la Ópera Real de Madrid guardo un sorpresivo recuerdo y en especial del director musical Jesús López Cobos… Espero mucho de la nueva representación ¿en Chicago? Aun que he declarado al director de Sinfonía Virtual que tengo tan buena suerte que voy a descubrir la Sonata de Vinteuil para piano y violín… Los campesinos controlaban sus relojes al ver pasar a Kant recorriendo su sistemático paseo diario. Wittgenstein dijo al llegar a América: «Deme de comer cualquier cosa; pero todos los días el mismo plato». Los dos ¿querían acceder a un tiempo puro para sumergirse en las aguas originales de la existencia?

– Elija una obra de su ¿legado?

– Enigmáticamente se llama legado a mis cosas. Lo que he recibido inmerecidamente de tantos surgió muchas veces (o a menudo) del malentendido de creer que era yo el condenado a muerte o el representante-plenipotenciario-de-los-cuatro-avatares. Por casualidad las centellas que me rodean comenzaron… ¿desde el inicio? ¿Cuando me sentía una ánima errante sonámbula?

– ¿Deberemos los españoles exiliarnos para contemplar su colección particular en un futuro euclidiano?

– Mis cosas, mi tertulia y el piso de la calle Jouffroy están a menos de tres horas de Madrid o Barcelona. Lo han visitado anónimos, doctorantes, embajadores, ministras (a veces ministros) de Cultura o espontáneos. El último dijo: «Me entran ganas de correr sumido en el deseo de renovación total».

– ¿A dónde van los patos de Central Park cuando el lago está completamente congelado?

– Esa es la pregunta que hace a los taxistas de Nueva York, repetidas veces, Holden Caulfield, errando en The catcher in the rye, de Salinger. Sesenta años más tarde, la hicimos mi hija y yo a cincuenta taxistas de Nueva York el año en que el autor acababa de ocultarse: el 27 de enero de 2010. Cuando todas las esquinas de Manhattan nos invitaban con Rose Sélavy.

Óleo (105 cm x 105 cm). Autor: Fernando Arrabal ©

– Defina la ocultación.

– A pesar de no ser definidor creo que se utiliza la palabra ocultación (especialmente los patafísicos) por ser más precisa que fallecimiento. Tzara, Marcel Duchamp, Topor, y no digamos André Breton y Thieri Foulc, hubieran sido (¡y fueron en alguna ocasión!) excelentes secretarios de redacción y no hubieran dejado pasar ningún «coquille/gazapo» en una de sus publicaciones. Creo que el consejo de Paul Valéry a Breton fue coherente: «Toda obra de arte es una celada y trampa de su propia destrucción… No lo piense más: sea el secretario de Proust».

– Si mira atrás y, en concreto, a su Viva la Muerte, ¿cree que el tiempo es repetición en su vida? ¿Que los buitres planean? ¿O que construyen un nuevo nacimiento como en su obra de teatro ¡tan evidente! En la cuerda floja?

– Cuando el diablo se esconde en las válvulas… Quizás me equivoque: la vida actúa ¿como si un arquero ciego disparara sus flechas de indeterminación, con coups-de-théâtre?

Mujeres (Libros del Innombrable, 2021): la madre Mercedes, Teresina de Ferrer, Simone de Beauvoir… ¿qué han supuesto para usted?

– No podría ni querría comparar a la «madre» Mercedes con una desconocida como Teresina de Ferrer o con Simone de Beauvoir (admiradora de Viva la Muerte). ¿Cómo interpretar la «contingencia-sartriana» cuando el cero esperaba su instante? En uno de sus «asentamientos» la «madre» empleó «contingencia» a su inconfundible aire.

– Vaya una pregunta que todo el mundo se hace, con el escándalo del desconocimiento: ¿es usted más anarquista que Thatcher?

– Henry Miller afirmó que Thoreau «es lo más raro que se puede encontrar sobre la faz de la tierra». Nunca pidió nada de nadie ni la supresión del Gobierno [solo quería un gobierno moderno: modesto] y aún menos de las ramas del anarquismo. Gandhi le veneró y divulgó su ahimsa. Quisiera ser yo un poeta de mi barrio contemplándolo todo maravillado, instagrameando o tuiteando…

– ¿Practica la apuesta pascaliana de la inangustia? ¿Alguna vez ha probado la meditación trascendental, a lo David Lynch?

– Con la «madre» Mercedes, y luego en Valencia con los «agapitos», conocí éxtasis irrepetibles. Desgraciadamente no supe de otra trascendencia que la que otorga la satrapía. Cuando Lis le propuso a Michel Houellebecq (cansadísimo) la apuesta pascaliana, respondió acertadamente: «Pascal es demasiado rock-and-roll».

– La última. Memoria, azar y confusión. Responda lo que guste.

– Más quisiera yo que lo dicho y por decir les gustaran a su revista y a usted. Aunque desgraciadamente ¿nunca he podido ni puedo deshacerme de lo que creo esencial? En el génesis (¿antes del Big-bang debo suponer?) ¿parecen ya evidentes para cernir todas y cada una de nuestras facultades el azar y la memoria? Cuando sin el tohu-bohu, sin la confusión, ¡pobres de nosotros!, no habría ni existencia ni esencia.