Quimera Voces #8

Suicidios y otras muertes (más o menos) poéticas

En el episodio del agosto más tórrido que se recuerda desde Faulkner, el tema que lo atraviesa todo es la muerte: la buscada, la inducida o la inapelable de tantos que se la autoimpusieron y que es el tema que desarrolla Marc Caellas en Notas de suicidio; y la de aquellos a quienes les llegó después de un bonito cadáver, como narra la puertorriqueña Marta Aponte Alsina en La muerte feliz de William Carlos Williams. Para culminar el episodio, empezamos una nueva serie de charlas con las que Quimera Voces buscará un diagnóstico sobre la literatura actual, desde ese multiverso en el que críticos, editores, prescriptores, publicistas, agentes de prensa y un ejército de funciones adyacentes escoltan a la frágil figura de las y los creadores. Para abrir cancha, un editor recién llegado de Buenos Aires y con currículum sobresaliente: Leopoldo Kulesz, de Libros del Zorzal.

Notas de suicidio (La uña rota, ed.), de Marc Caellas, es un ensayo, una antología poética y también un libro de viajes. Antes de eso ya había sido un montaje teatral, en el que habían colaborado David G. Torres y el poeta y actor Esteban Feune de Colombi. Caellas recorre las notas que dejaron aquellos ilustres que decidieron abandonar el barco antes de hora, y lo hace ordenándolas por rasgos temáticos, siguiendo un designio enciclopédico que tiene mucho de irónico pero no menos de curioso, de indagador, de periodista preguntón. Entre sus páginas caen varios muros de lo indecible y, de paso, se hace acopio de todo un repertorio poético de otras y otros que, sin bautismo en el tema, se preguntaron por qué, cómo, a pesar de qué, con qué derecho en algún lugar una mujer, un hombre, decidieron dar por zanjada la existencia.

Notas de suicidio rezuma vida, y acaba por desencadenar deseos de más vida. Y sí, se enfrenta al hecho de la muerte, pero para terminar constatando lo que Cortázar decía encontrar al fondo del reloj: que tampoco importa tanto. Un ensayo gánico -como explica Caellas en su charla- que abre vías de pensamiento y, de paso, todo un repertorio de nombres a los que hay que volver regularmente, si es que se quiere exprimir buena literatura.

“WCW es un gran poeta, y lo que lo caracteriza es un acercamiento, una apertura constante en la cotidianidad a las experiencias que nos parecen más superficiales, más banales”.

Marta Aponte

En La muerte feliz de William Carlos Williams, la portorriqueña Marta Aponte Alsina emprende un camino que lleva a lugares insospechados y diría que lugares que desde hace tiempo nos estaban esperando. Uno de ellos es, claro, la poesía de William Carlos Williams, un poeta en plena fase de revalorización que ha dado pie últimamente a una película (Paterson, de Jim Jarmusch) y a una nueva traducción al español de la mano de Lumen (de la que hablaremos en el próximo podcast). El otro tema es la madre de William Carlos, Raquel Hoheb, puertorriqueña, culta, pintora aficionada, cuya vida traslada al lector a ese otro territorio archimencionado y a la vez ignoto que es el Caribe, con todo su torrente cultural y creativo. Pero hay otros lugares desvelados en el libro: la identidad americana, el ego tormentoso de los autores de la generación perdida, la sedimentación de experiencias y hallazgos que es la poesía, la retroalimentación de pintura y literatura, en fin, todo un atlas del mundo que creció de manera subrepticia de la mano del médico de Rutherford que tenía aquel nombre pintoresco.

Marta Aponte Alsina es una de los voces más reputadas de la literatura latinoamericana actual, aunque no es necesario acotar este aserto circunscribiéndolo sólo a mujeres. Ya saben, de todas maneras, que Cristina Rivera Garza la incluyó en su lista de doce escritoras latinoamericanas imprescindibles.

“Me sorprendo todos los días desde hace 22 años con este oficio”

Leopoldo Kulesz

El episodio culmina con una entrevista a Leopoldo Kulesz, editor de Libros del zorzal, recién llegado a Barcelona desde Buenos Aires. Hablamos de sus proyectos actuales, entre los que se encuentra el próximo libro de Riss, el dibujante y actual director de Charlie Hebdo, y que se titula Un minuto y 49 segundos, una reflexión acerca de la libertad de expresión. Preocupado por un mundo en una fase de cambios desquiciados (“La noción de democracia en el mundo está relativizándose; los valores republicanos, que antes eran un dato, ahora son una variable”, dice Kulesz), pero no menos por la inteligencia humana que, felizmente, se mantiene al margen de esa ruleta que son las tendencias de cada momento, Kulesz repasa algunos de los títulos que ha dado a la imprenta en los veintidós años de vida de la editorial, y que incluye obras insólitas, como Leer a Euclides, del matemático Beppo Levi, o La palabra amenazada, de Ivonne Bordelois.

Con esta entrevista a Leopoldo Kulesz comenzamos una serie de encuentros con los que Quimera Voces intentará dar forma a un mapa lo más fiel posible de la realidad literaria actual, con sus espejismos y espacios inanes, pero también con sus dimensiones más o menos objetivables.

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