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Entrevista al artista invitado: Eric Lusito

por Elina Cerla


Los proyectos fotográficos de Eric Lusito emanan envergadura y perseverancia y nos invitan a ser testigos de un imperio soviético generalmente inaccesible y, en Huellas del Imperio Soviético, nos adentramos en lugares ahora devorados por el tiempo y ruinas cargadas de simbología que se activan de forma diferente con cada mirada. Este mes se publica el libro de su reciente proyecto Institutos Científicos Soviéticos que retrata la cara activa de centros de investigación monumentales ya renovados, pero aún impregnados de su historia.


126º Regimiento de Aviación de Caza, Mongolia, De la obra Huellas del Imperio Soviético, Eric Lusito ©
126º Regimiento de Aviación de Caza, Mongolia, De la obra Huellas del Imperio Soviético, Eric Lusito ©

El simbolismo de tus imágenes de los espacios ahora vacíos todavía resuena con su función de defensa y vigilancia, o como herramienta de propaganda. Proyectan además una impresión de inevitabilidad y permanencia política.

Ese es uno de los aspectos que precisamente me interpeló cuando descubrí esos lugares. Esos lugares que simbolizaban el poder y la ambición de la Unión Soviética, que muestran a la vez su fracaso. Y también estaba el contraste entre la ambición exhibida a través de esos monumentos, esos frescos, ese dinero gastado, y su final de “coloso con pies de barro”.


Tenía la impresión de ser un arqueólogo tras las huellas de una civilización desaparecida, que no era tan lejana, aunque con las fotos uno tiene la impresión de que son casi ruinas antiguas.

Pero en las bases soviéticas hay como una energía negra que permanece. En aquella época, cuando hice esas fotos, pensaba que era cosa del pasado y hoy, con Putin y la guerra en Ucrania, tengo la impresión de que, al final, esas cenizas se reavivan. No estaban del todo apagadas. Y esa es la gran diferencia de percepción que tengo de este trabajo respecto a cuando lo hice.


Antes yo estaba realmente en el proceso del borrado, de la desaparición: “existía y ahora proyectamos en ello lo que queremos”, y ahora digo: “vaya, al final pueden volver bajo una forma diferente”.


Tenemos esa impresión de que en el aparato soviético había todo un contenido estético que creaba los lugares e imponía esa sensación.

De hecho, todas esas bases militares son como mini representaciones autónomas de la Unión Soviética. Había una obligación de control ideológico de los soldados y de los oficiales que era permanente. Por eso había muchas salas recubiertas de pósteres de propaganda o frescos o estatuas. Y muchos lugares que fotografié vivían de forma aislada. Así que era como un archipiélago soviético repartido por los confines del Imperio. Los militares no debían entrar en contacto con la población, no debía haber mezcla. El control central era igualmente fuerte incluso en lugares a miles de kilómetros y muy alejados de los centros políticos de decisión. Hay esa ambición de mantener el control. Y efectivamente, había una uniformidad que se constata en los edificios que he podido fotografiar: la estética, la arquitectura, los materiales son idénticos, ya sea en Alemania del Este o en Mongolia.


Las familias de los militares vivían allí. Eso mantenía esa idea de un perímetro cerrado, claro, porque la Unión Soviética tenía el culto al secreto y la paranoia del espionaje. Hay muchos lugares que no estaban en los mapas. Oficialmente era solo un número de código para recibir el correo.


Iván de la Nuez evocó el género del eastern en comparación con el western, en referencia a las imágenes de ruinas soviéticas ahora expuestas en un paradigma capitalista. ¿Cómo crees que tus imágenes se inscriben en ese marco?

Depende de la mirada del espectador. Yo tengo una posición un poco neutra, un poco frontal. Lo interesante es que la gente no ve lo mismo y las reacciones pueden ser muy diversas según el país del que venga y su edad. Por ejemplo, mis fotografías no se perciben igual si vives en Lituania, en Rusia o en Estados Unidos. Recuerdo, por ejemplo, una mujer rusa que empezó a llorar al ver mis fotos, al ver mi libro y me dijo: “Me recuerda cosas que mi abuelo me decía”. Business Insider publicó las fotos y había comentarios de los estadounidenses que decían: “Pues ahí está el naufragio total del comunismo”. Y si son checos o lituanos conservan el recuerdo de la ocupación soviética. Así que ven las fotos a la vez como una prueba, un testimonio de la ocupación de su país y a la vez de su liberación.


Según si la persona vivió o no la época soviética, la reacción no es la misma. Recuerdo jóvenes rusos muy interesados en descubrir esas fotos, y también rusos más mayores, de unos cincuenta años, que, al contrario, no querían verlas y hacían el gesto: “No, no, yo eso no lo miro”.

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