Reseña de "Bernie": Bernie o cómo poner en escena la realidad
por J. Casri
Director: Richard Linklater
Reparto: Jack Black, Shirley MacLaine y Matthew McConaughey
País: EE.UU., 2011

Es habitual que las películas con un ligamen a vidas o acontecimientos reales anuncien desde el principio esta relación sin detenerse demasiado en lo problemático del vínculo. A veces incluso establecen diferentes niveles de proximidad a la realidad, con fórmulas estilo “basada en hechos reales” o “inspirada en hechos reales”, donde la primera presupone una mayor fidelidad que la segunda. Esta búsqueda por convencernos de su fidelidad funciona como una forma de legitimación de lo que suele ser una ficción, la cual tiene la peculiaridad que cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia. Y luego está Bernie. Esta película de Richard Linklater parece situarse en un territorio intermedio, aunque su singularidad no reside tanto en la fidelidad dentro de la ficcionalidad sino en la dificultad de distinguir qué mecanismos ficcionales está utilizando el director o, mejor dicho, distinguir qué elementos reales están enmascarados como ficción y qué es pura ficción, si es que la hay.
A partir de un crimen ocurrido en 1996 en Carthage, una pequeña localidad de Texas, Linklater construye una comedia negra que, desde sus primeras secuencias, recurre a un repertorio reconocible de convenciones documentales. Por ejemplo, los entrevistados hablan directamente a cámara, explican la historia e idiosincrasia de la región, recuerdan los acontecimientos sucedidos y opinan sobre los protagonistas. A su vez, hay actores claramente interpretando papeles y, en el centro del filme, se halla uno de los actores menos verosímiles en el terreno dramático, Jack Black, acompañado por Shirley MacLaine y Matthew McConaughey. La película no proporciona una distinción entre habitantes reales y aquellos que están interpretando un papel y, con esta mezcla de entrevistas y reconstrucciones dramatizadas, los mecanismos tradicionalmente empleados por el cine para conferir autenticidad terminan poniendo en cuestión esa misma autenticidad y viceversa, la evidente ficcionalidad queda extrañamente legitimada como verdad.
Así, Linklater pone en juego el pacto de realidad (o de ficción). Bernie parece sugerir que la autenticidad de una representación depende también de convenciones que hemos aprendido a reconocer y aceptar como espectadores, y de cómo la distinción entre documental y ficción es mucho más compleja que la simple oposición binaria entre verdad e invención.
Bernie Tiede, protagonista del filme e interpretado por Jack Black, es más que el empleado de la funeraria local. Su generosidad, su participación en la vida de Carthage, su sensibilidad y su capacidad para acompañar a vivos y muertos le han convertido en una de las personas más queridas de su comunidad, una reputación que condiciona la interpretación de cualquiera de sus actos, incluido el homicidio. Marjorie Nugent, la mujer a la que asesina, es recordada por sus conciudadanos como una persona tan desagradable como solitaria. Black, MacLaine y McConaughey están representando una ficción, la acumulación de testimonios por parte de los habitantes de Carthage funcionan como un coro que no se limita a comentar los acontecimientos, sino que participa en su construcción narrativa. Sus voces se suman, a veces se corroboran y en otras se contradicen, componiendo una realidad que no es unívoca, pero tampoco necesariamente ficcional. Ni falsa. La película reproduce así, mediante sus propios procedimientos formales, los mecanismos por los que una comunidad construye y legitima una versión de los hechos.
A quien conozca el cine de Linklater no le sorprenderá esta búsqueda por parte del director. En Boyhood, rodada durante una década, la duración real del rodaje y el envejecimiento real de los actores son parte de la ficción y del mecanismo narrativo; sus últimas películas como Nouvelle Vague y Blue Moon juegan con la mitologización de personas reales; y en A Scanner Darkly animación y actores reales se funden en una forma visual diferente sin que pertenezca la película a ningún género concreto. Son diferentes procedimientos, distintos en naturaleza, que comparten una cierta desconfianza hacia las fronteras aparentemente estables entre representación y realidad.
Bernie probablemente resulta más interesante como reflexión sobre el acceso a lo real que como reconstrucción de un crimen. Moviéndose entre las aguas que unen realidad y ficción, Linklater muestra que nuestro conocimiento de lo sucedido es también producto de la representación, de convenciones y de las expectativas que como espectadores traemos con nosotros. La realidad de lo sucedido puede que exista ahí fuera, pero los procedimientos que utilizamos para reconocerla y legitimarla forman también parte del visionado (y de la propia realidad). Un último apunte: Linklater explicó que los diálogos de los testimonios estaban preparados de antemano, aunque los participantes podían incorporar sus propias palabras. La pregunta que entonces queda es si la verdad, en el fondo, no deja de ser su puesta en escena.













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