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Quimera Voces: Argentina, tenemos que hablar - Con Ramón Starc.

Argentina, tenemos que hablar. Los acontecimientos de este verano, la deriva desquiciada de sus gobernantes, sus papas y sus tótems… todo nos empuja una vez más a volver los ojos a Argentina, pensarla e interpelarla… que es justamente lo que nos facilita el argentino Ramón Starc en su primera novela, Que se vayan todos (Candaya). El título es polisémico, y de malas pulgas, pero entre los argentinos es también una frase que lleva inevitablemente a un punto concreto el año 2001, el día en que se decretó el corralito. Que se vayan todos se refería, por supuesto, a quienes gobernaban Argentina, quienes, ante el temor de una retirada masiva de efectivo, ordenaron que el ciudadano medio se empobreciese a mayor beneficio de la patria -que, como es sabido, es anterior y está por encima del ciudadano-. Argentinos empobrecidos que se subliman cantando el himno con la albiceleste sudorosa, otro hecho recurrente en la argentinidad, que parece no ser consciente de su propio desquiciamiento.

 

La de Ramón Starc es una historia en la que se anudan siete relatos, ubicados en las siete calles por las que se llega a Plaza de Mayo en Buenos Aires. El Big bang de la nueva Argentina acaba de producirse y los personajes de esos relatos viven sendas peripecias que los llevará a cruzarse unos con otros en ese espacio. El resultado es un mosaico amplio que recrea los días terribles en que toda una nación empobreció por decreto.

 

Sobre política, Ramón Starc dice que no, pero también dice que sí, que está presente en su novela, pero que antes que nada está la literatura. Y el relato. Y la decisión por un narrador, y por unos diálogos. Y en ese aspecto Ramón Starc decide que sean humorísticos, y porteños, tanto que a veces resultan intratables para el lector ajeno, pero que siempre se deja someter. La literatura es, también, la forma en que se desenreda una trama, y las oportunidades en que la trama gira y la historia se vuelve otra y, mientras tanto, eso que queremos creer, que queremos entender, y que puede llamarse la Argentinidad, se va desplegando ante nuestros ojos.

 

En fin, no sé si contribuiremos al cese de hostilidades con este episodio, pero, desde luego, salvaremos la posibilidad de ser felices en ese otro país que es Quimera, todo un refugio climático de calidad, esperamos que también inteligente.





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