Reseña de "El jardín de rosas"
por Pedro Plaza Salvati
El jardín de rosas
Maeve Brennan
Eterna Cadencia, 2025, 384 págs.
Traducción de Jorge Fondebrider
Cuentos desde el desarraigo

Angela Bourke, biógrafa de Maeve Brennan, reconoce en Homesick at The New Yorker tres temas centrales en la obra de la escritora nacida en Dublín: “identidad, migración y exilio”. Hija del primer embajador de la República de Irlanda ante Estados Unidos, Brennan se traslada a los diecisiete años a Washington D. C. Estudia allí su carrera y, culminada la misión del padre, decide quedarse en Nueva York para probar suerte como escritora.
Su carrera literaria despegaría al publicar en 1950 “El terror sagrado”, en Harper’s Bazaar. Y de allí su salto a la más prestigiosa revista literaria: The New Yorker. Maeve Brennan (1917 1993) no solo era una gran cuentista sino una excepcional cronista de la ciudad: dominaba con maestría tanto la ficción como la no ficción. En su obra destaca su libro de relatos Las fuentes del afecto: Cuentos dublineses, su novela breve De visita y Crónicas de Nueva York (antología de sus escritos en The New Yorker).
Un libro fundamental en su obra, The Rose Garden, se ofrece traducido por primera vez a los lectores hispanoparlantes. Los relatos de El jardín de las rosas están agrupados en cuatro partes relacionadas con cuatro enclaves geográficos. La primera, narrada en tercera persona, está situada en un lugar imaginario llamado Herbert’s Retreat. Consta de siete relatos de largo aliento que suman 150 páginas deslumbrantes; una suerte de retrato de una comunidad de casas de familias ricas a orillas del Hudson, a treinta millas al norte de Nueva York. Se cuelan los sueños truncados de personas presas de su propia debilidad o malos juicios, lo que en “El bromista” la narradora llama “almas perdidas”. Las voces de distintas mucamas —en contraste con las de las familias pudientes— es uno de los puntos conectores, enfatizados en “La vista desde la cocina” y “El baile de las sirvientas”.
La segunda sección comprende cinco relatos en los que la autora —que siempre escribió desde Nueva York — emplea el recurso de la memoria y la imaginación para recrear situaciones de su vida pasada en Irlanda. En el cuento que da título al libro, la narradora nos dice que Mary es coja, fea y que mantiene una extraña relación con su esposo Dom, un tipo que “siempre estaba tocándose el cráneo, buscando fisuras”. Entre la desesperación y la esperanza, las rosas simbolizan lo que Mary hubiera querido ser: hermosa sin complejos ni defectos físicos.
La tercera parte se centra en Nueva York. La voz narrativa transita de la tercera a la primera persona. Se podría decir que son cuentos con alma de crónicas. Las descripciones de lugares y de los neoyorquinos, con sus neurosis y su soledad, son excepcionales. La cuarta y última sección se desarrolla en East Hampton, donde la autora pasó temporadas. La protagonista de estos cuentos, al regresar a la tercera persona narrativa, es una perra negra labradora llamada Bluebelle. Bluebelle salta de un relato al otro creando intertextualidad entre ellos. Las historias desbordan hacia la fábula y lo fantástico en títulos como “Dentro y fuera del País del Nunca Jamás”.
Estos relatos de Brennan, publicados entre 1950 y 1968, bien pudieran ser considerados un conjunto de cuentos independientes. Sin embargo, aparte de su agrupación por criterios geográficos, podemos identificar rasgos comunes tales como una prosa evocadora y concisa; notables descripciones físicas de personajes y entornos; hacer parecer que no sucede nada del otro mundo al hurgar en la crueldad humana; satirizar las pretensiones sociales a la vez que se da protagonismo a personajes de estratos bajos; abordar problemas de pareja. Todo ello sumado al extrañamiento, la soledad y el desarraigo que padecía la propia autora y que, en la última parte, arroja pistas de su insólito derrumbe mental.















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