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Reseña de "Ese pelo"

por David Rodríguez Seoane

Ese pelo

Djaimilia Pereira de Almeida

Las afueras, 2025, 168 págs.

Traducción de Miren Álvarez


El pelo por el todo


La vida es, a menudo, tan elástica y maleable que permite ser contada empleando múltiples soportes, formas y maneras. Impresa sobre papel couché, invertida en negativo en blanco y negro, a doble velocidad en audios de WhatsApp o susurrada en el descansillo de una escalera. También, por inverosímil que parezca, impregnada en los filamentos cilíndricos, delgados, de naturaleza córnea, que nacen y crecen en la piel, y que comúnmente llamamos pelo. Djaimilia Pereira de Almeida (Luanda, 1982) opta por esto último para cardar su esencia identitaria. Portuguesa, angoleña, mujer, negra, afrodescendiente, escritora, activista, feminista… convierte el cabello en una potente metáfora social y en una perífrasis geopolítica.


A medio camino entre la autoficción, la novela y el ensayo poscolonial, Ese pelo es un texto híbrido, mestizo y necesario en el mundo de fronteras porosas que preconizaba la filósofa Seyla Benhabib. Mal que les pese a los promotores de las vallas, la segregación racial, los muros y los alambres de espino. Con una prosa fragmentaria, como si fueran las fotografías de un viejo álbum familiar, los capítulos de esta historia retratan a Mila, trasunto, quizás, de la autora, mientras rememora pasajes de su infancia, su adolescencia y su adultez. De esa búsqueda, para darle forma a su identidad; de esas imágenes inconexas; de ese pelo surgen algunas tentativas de respuestas para las grandes preguntas: ¿Quién soy? ¿Quién creéis que soy? ¿Por qué escribo? ¿A qué lugar pertenezco?


Desovillando el fino hilo conductor de sus cortes de pelo y sus visitas a las peluquerías, Mila se erige portavoz de un lenguaje propio, lleno de frases elípticas que se retuercen en un loop infinito. Frases inusuales que parecen esconder el artilugio secreto que activa el funcionamiento de un espejo deformante. El mismo mecanismo que permite que los recuerdos afloren de los lugares más insospechados. Por eso querida lectora, querido lector, como dice Miren Álvarez, la traductora al español en la edición de Las afueras, “encontrarás frases con una sintaxis retorcida como caracoles de mechones difíciles de peinar porque al igual que el pelo, la memoria también presenta bucles enrevesados de desentrañar”.


Djaimilia Pereira de Almeida escribe desde las entrañas de su cabello crespo, racializado, mientras deshace la madeja de historias de cuatro generaciones de la familia de una niña mestiza que, como ella, se crio en Portugal y cada día se despierta con una melena leonina. Son años de idas y venidas, de tránsito entre su Luanda natal y el distrito lisboeta de Oeiras. Son salones de peluquerías que definen caracteres y maneras: “En Senegal, son manos hidratadas; en Angola, una cierta dejadez, una gracia brutal; en Portugal, una quemadura de secador, un tirón de cepillo”. Sucesiones de alisados, trenzas, extensiones y brushings que moldean y dan volumen al sentimiento de pertenencia y a la personalidad de una mujer en busca de sí misma en un tablero minado de cruces culturales. El racismo cotidiano de los gestos simples o la experiencia de ser leída como extranjera en su país se entremezclan en las ondas capilares y cognitivas del texto, peinadas por las manos diversas que, con más o menos maña, han intentado domeñar sus rizos desde que tenía seis meses. Su madre lo hizo la primera vez; una peineta de strass, a la postre fallida, adornó su peinado el día de su boda. Esa, vestida de novia, es la última imagen que completa el álbum y culmina un viaje iniciático hacia su interior del que se desprende una gran revelación: “el pelo es la persona”. La parte por el todo. Un tropo. Una sinécdoque peluda.


En Ese pelo está ensortijado el código secreto que descifra la clave de acceso a la memoria fotográfica de Djaimilia Pereira de Almeida. Una forma de contar original pero, sobre todo, una forma de ser única. La suya.

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