Reseña de "El volumen del tiempo II"
- Alejandro López Menacho

- 30 sept 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 6 ene
por Alejandro López Menacho
El volumen del tiempo II
Solvej Balle
Anagrama, 2025, 216 págs.
La eternauta de lo cotidiano

En el segundo capítulo de El volumen del tiempo, Tara Selter sigue prisionera de un bucle temporal que no admite preguntas ni ofrece respuestas. Continua buscando una rendija por la cual escapar de ese maldito y caprichoso 18 de noviembre que se le repite una y otra vez, esa prisión de reiteraciones incesantes que la está volviendo loca. Sospecha que para conseguir salir de este loop debe ensanchar al máximo los límites del tiempo atmosférico. En otras palabras; asistimos a un pulso entre el tiempo del reloj contra el tiempo atmosférico. Viaja mucho por tierra, mar y aire buscando completar un año según las distintas estaciones: ¿es posible conocer la primavera, el verano, el otoño y el invierno en un mismo día? La respuesta es afirmativa. Pero mientras lo corrobora va descartando, mediante el clásico ensayo-error, teorías estrafalarias acerca de cómo volver a ese día a día que perdió por el camino hace ya más de un año.
El experimento literario y existencialista de Solvej Balle carece de la frescura y el factor sorpresa del primer y espléndido volumen, pero mantiene intacto su valor literario. En las continuas travesías de Tara comprobamos cómo esta bibliotecaria astuta, observadora y sentimental va encontrando excusas que la mantengan cuerda, entretenida y esperanzada hasta su enésima decepción; hasta ese nuevo 18 de noviembre sempiterno que pone a prueba su aguante, su memoria y su estabilidad emocional. Un ejercicio de funambulismo entre la cordura y el desvarío, entre lo fugaz y lo eterno.
Este Día de la Marmota centroeuropeo en clave literaria nos recuerda, una vez más, que vivimos una vida terriblemente anodina aunque frecuentemente nos engañemos para creer lo contrario. La mentira más piadosa y consensuada de nuestros días. Y es que el bucle trampa de Tara podría ser cualquiera de nuestras insignificantes existencias; la constatación de que fuera de los límites convencionales, en los márgenes más básicos de la humanidad somos iguales, seres frágiles y pensantes que buscan un leitmotiv que guíe nuestra existencia hasta el final, luchando contra un tiempo que nos consume en una soledad inmisericorde de manera terca, obcecada, letal.
Ya familiarizados con la autora, en el aspecto puramente literario Solvej Balle no nos va a sorprender con su pericia y minimalismo, con su bella prosa, su delicadeza o su habilidad para proporcionar unidad al relato. Tampoco nos extrañará cuando ahonda en lo hermoso de la naturaleza o enarbola un subtexto sobre nuestros días; pero sí puede hacerlo con los giros argumentales de esta, su obra magna. En una historia en la que parece que nunca pasa nada, la autora se guarda un poderoso as en la manga, un cliffhanger del tamaño de una catedral para mantenernos absortos, enganchados al devenir de esta librera sin rumbo que busca un asidero en los confines del tiempo. Esta eternauta de lo cotidiano aún guarda una esperanza; aún tiene una escapatoria, pero esa, queridos lectores y lectoras, es una historia para otro momento.

















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