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Reseña de "Cuddy"

por Salvador Izquierdo

Cuddy

Benjamin Myers

Piel de Zapa, 2025, 453 págs.

Traducción de Alberto Moyano Muñoz



La Catedral de Benjamin Myers


Cuddy es la octava novela del escritor inglés Benjamin Myers (Durham, 1976). Es una novela ambiciosa que abarca mil trescientos años de historia organizados alrededor del culto a San Cutberto de Lindisfarne —un pastor del siglo VII que se convirtió en obispo durante los principios del cristianismo en Gran Bretaña, y que vivió como eremita hacia el final de su vida—. Contiene cuatro secciones centrales, cada una un libro propio con su trama individual, pero lo primero que llama la atención es la forma, cómo ha sido compuesto, cómo se ve por dentro. Cuddy se parece a una catedral: cuatro grandes secciones como la nave con su transepto, y se podría alegar que más que la figura del santo —“Cuddy” según su apodo cariñoso que permanece hasta ahora— es la Catedral de Durham, sede del santuario de San Cutberto, la que se lleva el protagonismo en las más de cuatrocientas páginas del libro. Myers ha reconocido la influencia de The Spire, la novela del gran mago William Golding, y eso es una pista. El planteamiento se refuerza si consideramos los distintos recursos, a manera de ornamentación, que aparecen en la novela: desde símbolos gráficos hasta distintos tamaños de tipografía, desde secciones enteras con citas tomadas de una investigación histórica hasta el uso estratégico de sangrías, verso libre, dramaturgia, diario, pastiche… La Catedral incluso llega a ser un personaje con voz propia durante un segmento.


El primer libro nos presenta a Ediva, una huérfana adoptada por un grupo de monjes que transportan los restos de “Cuddy” hacia un lugar en el que esté a salvo de los ataques vikingos. En el camino, envueltos en poesía, se cuentan historias. En momentos que parecen salidos de Pedro Páramo, el cadáver del santo habla directamente con la huérfana desde el más allá. El segundo libro, escrito en otro registro, ya no en verso, como de santos hablando, sino en la prosa de personajes más mundanos, transcurre durante la construcción de la Catedral de Durham en plena Edad Media. Dos personajes: un arquero, el tosco y abusivo Fletcher Bullard, y el albañil Francis Rolfe se disputan el cariño de Eda. En el tercer libro, un profesor arrogante de Oxford llamado Forbes Fawcett-Black visita Durham, donde opondrá ciencia a supersticiones. En la última sección, leemos el relato de un joven contemporáneo llamado Michael Cuthbert, quien ayuda a cuidar de su madre moribunda y termina trabajando como cargador en la Catedral. Hay muchos enlaces, puertas secretas si se quiere, que conectan los libros entre sí. Personajes que se mueven como aves entre tiempos. El resultado es fascinante, una obra magnética y rica, aunque tampoco sería increíble que algunos lectores consideren que por momentos se prolonga más de lo necesario.


Muchas veces se ha ubicado a Myers como un escritor atado a un rincón geográfico: el noroeste de Inglaterra. Varios de sus libros tienen que ver con la historia, la cultura y los paisajes de esta región y aledañas, como Yorkshire. Cuddy es una oportunidad para conocer algo de la cosmovisión anglosajona. La novela también nos mueve a pensar sobre el arte sacro y la espiritualidad. Es raro ver catedrales contemporáneas construidas a partir de diálogos con la religión de nuestros antepasados. No sé si el autor se considera creyente, ateo o agnóstico, pero su proyecto lo habrá forzado a contemplar la fe de alguna manera. Tuve el impulso de leer porciones del libro en su edición original, en inglés, lo cual me dio un pulso más próximo al proyecto de Myers pero también sirvió para constatar que la traducción de Alberto Moyano Muñoz es excelente —no pierde ese pulso— y eso es algo que no se puede dejar de celebrar.

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