Editorial #508 - Lenguaje, paranoia y poder
- Jofre Casanovas

- hace 5 horas
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por Jofre Casanovas
Durante mucho tiempo la paranoia fue considerada una forma extrema de delirio interpretativo que genera la convicción de que todo —gestos, palabras, acontecimientos— está secretamente dirigido hacia uno mismo. Sin embargo, el siglo XX introdujo una sospecha inquietante: ¿y si ciertas formas de paranoia no fueran solo un trastorno individual, sino también una respuesta a modos de organización del poder que operan precisamente mediante la vigilancia, la clasificación y la captura de nuestra vida cotidiana?
A medida que las sociedades modernas desarrollaron sistemas cada vez más complejos de control, la sospecha dejó de pertenecer exclusivamente a la psicopatología para insinuarse también en la experiencia común, y mecanismos que antes pertenecían al imaginario de distopías totalitarias comienzan hoy a presentarse como normalidad funcional. Como señaló Gilles Deleuze al prolongar las intuiciones de Michel Foucault, hemos pasado de sociedades disciplinarias basadas en instituciones delimitadas —la escuela, la fábrica, el hospital, la prisión— a sociedades de control en las que la vigilancia se vuelve continua, móvil y en gran medida invisible.
El control no se ejerce solo mediante dispositivos técnicos o estructuras institucionales, opera también a través del lenguaje. Mediante el lenguaje enmarcamos el mundo y, a menudo sin advertirlo, podemos aprisionarnos en uno de sus marcos. Las categorías jurídicas o los expedientes administrativos no solo describen la realidad, sino que también la organizan, la delimitan y la hacen legible para el poder. En este sentido, el lenguaje puede funcionar tanto como instrumento de dominación como de resistencia y la literatura, la memoria y el testimonio pueden introducir fisuras, tal vez paranoicas, en la prisión conceptual que se está construyendo a nuestro alrededor.
En esta constelación Paranoia y sociedad de control transitamos esa frontera entre paranoia, lenguaje y control. Fulgencio Argüelles nos propone un recorrido por novelas que han narrado la experiencia de las dictaduras. Hablamos con la autora rusa Anna Starobinets, quien se ha visto forzada a exiliarse con su familia. Alfons Cervera vuelve con rabia a su infancia bajo el franquismo. Ale Oseguera recupera el poemario Sílithus de Enrique Falcón sobre una sociedad futura bajo un sistema totalitario, donde el lenguaje cobra un papel central. Sin abandonar el lenguaje, Irene Yúfera nos adentra en el poder ejercido por las administraciones públicas en sus comunicados a la ciudadanía, y Beatriz García Guirado nos presenta un texto nacido de la idea de William Burroughs de que el lenguaje es un virus. En la conversación con Juan Mattio, paranoia y control en el pasado y una sociedad futura vuelven a entremezclarse, y Jorge García traza un recorrido sobre la paranoia a lo largo del siglo XX a través del caso Schreber y su instrumentalización por parte de Freud, Canetti, Deleuze y Guattari, entre otros. Cierra el número nuestro artista invitado, el fotógrafo Eric Lusito, cuyo trabajo sobre bases militares abandonadas de la Unión Soviética explora los vestigios de otro sistema de poder.
En una época en la que los dispositivos de control se integran cada vez más en la normalidad del día a día y el lenguaje participa activamente en su legitimación, explorar sus mecanismos se vuelve una tarea tanto crítica como literaria. También una forma de recordar que ninguna normalidad es inocente.














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