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Reseña de "Mi madre ríe"

hace 11 minutos
3 min de lectura

por Elena Santos

Mi madre ríe

Chantal Akerman

Tránsito, 2026, 204 págs.

Traducción de Regina López Muñoz


 

Juego de espejos


Portada Expulsados del reino

A veces el cine no existe únicamente en una pantalla. Así, Mi madre ríe, el libro de Chantal Akerman publicado originalmente en Francia en 2013, no debería considerarse tanto un dietario, una autobiografía, un ensayo o un retrato sesgado de la madre de la autora, como una sucesión de imágenes que solo necesitan animarse, en el fondo, más como ideas atmosféricas o gestos esbozados que como mera escritura a la manera tradicional. El texto, que forma un díptico con No Home Movie, su film estrenado en 2015, parece proceder de un pensamiento que flota, de una manera inadvertidamente poética de ver el mundo, y eso es lo que Akerman pretende atrapar. 


El punto de partida es, en apariencia, muy simple. En Mi madre ríe, una narradora —identificada por completo con la autora—, valiéndose de un imparable fluir de conciencia, describe en presente, desde la primera persona, el día a día de su madre —aunque en ocasiones sea la voz de la progenitora la que tome la palabra—, una anciana de salud frágil cuyo final parece inminente. El temor ante la pérdida desencadena en Akerman un encarnizado enfrentamiento con sus demonios más íntimos y va minando su propia salud mental, igualmente precaria, y así surge poco a poco algo parecido a una segunda trama, un autorretrato existencial que va más allá de lo puramente literario. Desde una temporalidad difusa, a través de una sintaxis de frases breves, los episodios y recuerdos se entrelazan con la continuidad irracional del pensamiento inconsciente. Mientras tanto, algunas fotos puntean las breves secuencias que componen los capítulos, a modo de memoria gráfica de un tiempo ya desaparecido… 


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