Reseña de "Poemas inéditos 1973-1989"
por Pedro Xavier da Cunha
Poemas inéditos 1973-1989
Mario Santiago Papasquiaro
Ediciones Sin Fin, 2026, 380 págs.
Prohibido desesperarse

Hace más de una década que Ana María Chagra y Bruno Montané, con sus Ediciones Sin Fin, andan sacando los libros de Mario Santiago Papasquiaro y otros poetas infrarrealistas. Aunque al hablar del infrarrealismo, tarde o temprano se haga sonar el nombre de Roberto Bolaño, la cuidadosa labor editorial de Chagra y Montané va a contramano de esta costumbre, ocupándose de recuperar la espesura y polifonía del movimiento vanguardista surgido en Ciudad de México a comienzos de los setenta. La publicación de los Poemas inéditos 1973-1989 de Papasquiaro viene a engrosar este trabajo.
Es ya conocida la escritura de marginalia del poeta —sus versos en los márgenes de los libros que leía—, pero aquí la dispersión y la sobrevivencia contagian el modo mismo de composición del libro. Se trata, si se quiere, de un libro de restos, que evoca la precariedad de los soportes originales a través de pequeñas frases que indican dónde fueron encontrados varios de los poemas, si en una revista o antología ya olvidadas, en una carta escrita al amigo Bruno, en una “hojita de libro arrancada” o garabateados a las orillas de un libro. También la manera como esos otros libros atraviesan los Poemas inéditos nos lleva a preguntarnos: ¿qué leen los versos que estamos leyendo? ¿En qué página o palabra de aquel otro libro comenzó este poema? Y así se va armando una constelación que alimenta la poesía de Papasquiaro y con la que esta dialoga constantemente: Pound, Vallejo, Bataille, antologías surrealistas... En los bordes de un mismo libro llegan a aparecer poemas con años de distancia entre ellos (en uno de Gregory Corso, por ejemplo, encontramos versos de 1980 y otros de 1989).
Pero no es solo en el montaje donde emerge la precariedad de lo escrito. “& CONSTE QUE ESTO ES SÓLO 1 EJERCICIO”, dice uno de los títulos, lo que permite concebir a muchos de estos versos como tal, ejercicios, es decir, poemas que son esbozos de poemas inexistentes; algo en marcha y que insiste en resaltar sus marcas gráficas como si exhibiera su andamiaje o, al revés, el desmadre del lenguaje. Así, proliferan los signos “&”, “1”, “½”, y también “/” separando versos que se mantienen en la misma línea. Un pensamiento que comienza por las comas, podríamos decir (“a leerte el pensamiento / comenzando por las comas”); pero también que procede por añadidura, en largos poemas como “ALBA CLARA SOBRE EL CAGADERO”. Palabras que se muerden unas a las otras (“¿Por qué ese miedo a que hagamos morder a las palabras?”), dando lugar a palabras-bisagras disonantes: memorias-ámbar, naufragio-puercoespín, noción-muñón.
¿Deseas ampliar la información?
Suscríbete a revistaquimera.com para seguir leyendo esta entrada exclusiva.














