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Reseña de "Dugongo"

hace 15 minutos
3 min de lectura

por Lulu Ralda

Dugongo

Ale Oseguera

Yegua de Troya, 2026, 280 págs.


 

Renunciar a los colmillos


Portada Expulsados del reino

“¿En dónde encaja mi relato: en lo latinoamericano, lo mexicano, lo hispano o lo barcelonés?”. Lula, la narradora y protagonista de Dugongo, es una escritora mexicana que vive en Barcelona desde hace mucho tiempo y decide emprender un viaje al Sureste Asiático. No habla solo sobre su identidad, sobre ser migrante; habla también de su cuerpo, y de su rostro, y de su escritura. La segunda novela de Ale Oseguera, publicada por el sello Yegua de Troya de Random House, explora una voz en proceso, cuyo deseo más grande es contar su propia historia a su antojo, crearse a sí misma, forjarse su propia tradición. 


Un viaje y un duelo se parecen en que los dos son cambios de dirección que desencadenan una transformación, recorriendo la memoria, propia y colectiva. Lula está atravesando ambos. La reciente muerte de su padre reabrió la herida de su rechazo. Él nunca supo aceptarla tal cual es. Artista. Mujer. Escapar de la dictadura de su padre fue el impulso que la llevó a Barcelona y el motivo por el cual su identidad se ha convertido en una cartografía fragmentada. Durante años, esa ciudad y su relación con Arnau —su novio catalán, quien también la acompaña en el viaje—, fueron su refugio. Pero la depresión punzó esa burbuja. “Quizás por eso quise volver al Sureste Asiático, para ver si podía volver a sentirme acompañada entre extraños. Hace tiempo que siento que no pertenezco a nada ni a nadie. Llevo las amarras sueltas”. 


Dugongo es una especie híbrida, una mezcla entre diario de viaje y ensayo-ficción, repleta de datos históricos, observaciones, sueños, memorias, mensajes de texto y mucha poesía. Los registros se turnan como el pensamiento en una suerte de mapa doble que marca el itinerario de viaje y, a la vez, el territorio del adentro. Sus temáticas abarcan la mirada, la forma, la escritura, la historia y el tiempo. La libertad y el equilibrio. También la pertenencia. El estilo de su prosa es lírico, íntimo, por ratos incómodo, y el alcance de detalle visual es casi cinematográfico. La voz de Lula es honesta y autoconsciente, y a medida que el relato avanza, las dos caras de su mapa se van plegando y superponiendo, hasta que el afuera y el adentro comparten una misma escala donde la confusión del duelo y la espontaneidad del viaje se reconcilian.

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