Entrevista a Aleah Chapin
por Elina Cerla
La obra precisa y emotiva de Aleah Chapin nos invita a gozar de la superficie de la pintura mientras sentimos las palpitaciones que laten bajo ella. La pintura respira y cuestiona su propia naturaleza como objeto inanimado. La superficie se abre para invitarnos a una nueva dimensión de lo real y de lo vivido.

. Cortesía de la artista.
En tu obra reciente conviven estilos diversos, pinceladas amplias y sueltas espontáneas se entrelazan con detalles de apariencia casi real. ¿Cómo emergió esta nueva obra?
Desde que tengo conciencia de mí misma como persona, he estado obsesionada con un cierto tipo de realismo, arraigado en una realidad física y externa que podía ver con mis propios ojos. He pasado la mayor parte de mi vida perfeccionando las habilidades técnicas necesarias para transmitir la verdad que percibía en el mundo que me rodeaba. Hace seis años me di cuenta de que mi lenguaje visual necesitaba cambiar: mis percepciones interiores, emocionales y sensoriales habían cobrado una fuerza que el estilo pictórico tradicional parecía incapaz de transmitir. Para expresar mejor una experiencia vivida que se había vuelto del revés, emprendí un viaje de olvido, utilizando mi mano no dominante y trabajando enteramente a partir de mi imaginación. Creé cientos de obras sobre papel, rápidas y gestuales, sin saber muy bien para qué servían, pero sabiendo que necesitaban salir. Esas piezas, tituladas Caminando hacia atrás, fueron la base de una serie de pinturas que tenían esta pregunta en su núcleo: ¿cómo expreso visualmente la realidad de un mundo que no puede verse?
Estas nuevas piezas tienen una profunda carga emocional, al mismo tiempo percibo en ellas ecos de la historia del arte y de tu historia personal, por ejemplo, los dibujos tacto de tu madre. ¿Podrías hablar de las distintas capas que se combinan?
El realismo tradicional es un lenguaje de lo externo. Los trazos más automáticos, expresivos y abstractos son un lenguaje de lo interno. Al principio, cuando comenzaba a explorar esta nueva forma de trabajar, intencionalmente mantuve estos estilos diferenciados. Quería entender cómo dialogaban en un mismo cuadro, cómo cada uno podía apelar a un nivel distinto de percepción. Con el paso de los años, estas distinciones se han suavizado y se han fusionado. La semilla de cada cuadro nace de un sentimiento interior, algo intrínsecamente emocional, y, aunque utilizo una técnica distinta a la de mi madre, su acercamiento intuitivo es una gran influencia. También siento un profundo respeto por la curiosidad que han mostrado todas las generaciones de pintores a lo largo de la historia. Es una forma de ver el mundo que nos rodea (y el que llevamos dentro) con asombro y fascinación, con el deseo de comprenderlo profundamente aun sabiendo que jamás lo lograremos del todo.
Existe un apego a lo que algunos denominan la representación realista en tus destrezas como pintora, al mismo tiempo, tu obra está llena de emoción y conexión. ¿Cómo se da esta combinación de técnica y expresión?
Siempre me ha encantado la pintura tradicional. Hay algo mágico en la práctica de superponer pigmento sobre una superficie plana de la forma precisa para que cobre vida. Pero incluso antes del cambio en mi obra, ya sabía que parte de esa magia consistía en permitir que la pintura fuera imperfecta. Esta aceptación de la imperfección se ha convertido en una celebración de ella. Se trata de una danza entre control y abandono, intención y accidente, continente y aquello que nunca puede ser contenido. Si mi objetivo es el realismo, esta danza es lo más cerca que puedo estar.
¿Qué hace que una pintura se sienta “real” para ti?
Una pintura se siente real cuando parece estar viva. Y parece estar viva cuando se le permite ser imperfecta. La imperfección le da espacio para ser lo que es.
Has descrito tus dibujos automáticos como “pinturas rápidas, descuidadas y malas”. ¿Cómo ha transformado ese carácter lúdico tu proceso?
Había dedicado toda mi vida hasta ese momento a entrenar mis ojos y mis manos a trabajar juntos con el fin de expresar el mundo que veía a mi alrededor. Es casi imposible olvidar eso sin más, así que utilicé mi mano no dominante y me dije que hiciera “pinturas malas”. Esto me dio permiso para soltar el control y dejar que entrara algo nuevo.
Hablemos de la escala. Tu obra suele ser de gran tamaño. Es relevante porque en internet se reduce a lo representacional, mientras que en persona es profundamente pictórica, con pinceladas vibrantes y visibles. ¿Cómo coexisten el “realismo” y el oficio evidente de la pintura?
Me apasiona pintar a gran escala porque me permite soltar el trazo sin perder cierto grado de realismo en la imagen, el tamaño de los pinceles se ajusta al lenguaje natural de nuestra piel, contenido en el marco de un cuerpo. “Oficio” para mí implica un dominio matizado sobre mis materiales, tener una relación íntima con ellos, conocer nuestro lenguaje compartido con tal fluidez que podamos relatar cualquier historia que busque ser contada, sabiendo al mismo tiempo que hay cosas que nunca podremos conocer de verdad. Esto deja espacio para lo inesperado, que es un aspecto fundamental de estar vivos.
Representas a personas habitando sus cuerpos mientras revelas mucho sobre sus mundos interiores. ¿Buscas alguna cualidad de presencia en particular?
No creo que haya una cualidad particular, sino quizá la “presencia” en sí misma. Estar presente consiste en estar con lo que es sin necesidad de nombrarlo ni encajarlo en una idea o definición preconcebida. Mi objetivo es crear un continente, una base, un punto de partida, donde pueda florecer la viveza de quien estoy pintando.
En tus pinturas coexisten mundos espirituales inefables y entornos naturales concretos. ¿Crees que esta fusión es inherente a nuestra experiencia del mundo?
Sí, del mismo modo que estamos conectados entre nosotros como seres humanos, formamos parte de un ecosistema, una biosfera de la cual cada ser vivo forma parte.
La pintura es, en sí misma, una superficie; sin embargo, logra llegar más allá de la superficie de las cosas y de las personas. ¿Qué esperas que emerja en ese espacio intermedio?
Esa es precisamente la magia que me atrae. Mi esperanza es que en ese espacio emerja una nueva forma de mirar, tanto el mundo exterior como nuestra experiencia interna de ser. En el día a día de nuestras vidas, dejamos de realmente ver las cosas, caemos en rutinas de actuar, hablar, pensar y sentir. Si la superficie de una pintura abre una puerta a un mundo sin límites, ¿qué otras superficies existen en nuestras vidas que son invitaciones a lo ilimitado?
¿Cómo expresarías la diferencia entre mirar a un cuerpo y mirar con un cuerpo?
Creo que siempre miramos con un cuerpo, pero normalmente no somos conscientes de ello. La diferencia es que mirar a un cuerpo implica inherentemente la separación. Mirar con un cuerpo significa reconocer que nuestra experiencia de estar con otras personas consiste en percibir con todos nuestros sentidos, incluso aquellos de los que no somos conscientes. La manera en que podemos sentirnos atraídos hacia alguien sin saber por qué, o cómo al ver llorar a alguien sentimos un nudo en la garganta: estamos tan profundamente conectados. Mirar con un cuerpo es recordar esa conexión..















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