Reseña de "Fascismo cosplay. Crónicas del desconcierto en el laboratorio argentino"
por Jorge García López
Fascismo cosplay. Crónicas del desconcierto en el laboratorio argentino
Luis Ignacio García
Caja Negra, 2026, 222 págs.
Resistir frente al desconcierto

Crónicas del desconcierto en el laboratorio argentino es el subtítulo de este libro del filósofo argentino Luis Ignacio García. Crónicas porque se trata de textos que hacen un seguimiento del proceso de descomposición político, social, pero también ideológico y lingüístico, de Argentina a partir de la llegada de Javier Milei. Que el término crónica no confunda, no estamos ante artículos periodísticos: García, como una suerte de Barthes moderno, va a la búsqueda del trasfondo semiótico de todo el dispositivo de irrealidad que rodea al presidente argentino y lo hace, a nivel formal, a través de eso que él llama “contradicción performativa”. Y es que los textos que componen este libro fueron publicados en Instagram y, por lo tanto, su dimensión queda limitada a los 2200 caracteres que permite la aplicación. He aquí la paradoja —y también el “desconcierto”—: son textos que “intentan pensar la condición digital de la descomposición de nuestra comprensión, pero lo hacen en uno de los medios más característicos de esta descomposición”.
Pero este no es el único “desconcierto”. Para García, Milei se presenta en sí mismo como una máquina de producir desconcierto. Desde su capacidad para, de manera histriónica y espectacular, vehicular en su favor el sufrimiento de la población —y, a la postre, implementar políticas que van a generar un sufrimiento aún mayor— hasta todo lo que tiene que ver con su puesta en escena, incluido su vínculo esotérico con su perro fallecido o la relación pseudoincestuosa con su hermana. A todo este delirio, el autor le busca una significancia. Su tesis es que ninguno de estos comportamientos responde a la “espontaneidad” del personaje, al contrario, forma parte de una manera de gobernar que sume a la sociedad en una suerte de confusión caótica en la que se “destruye el tejido simbólico que permite hablar de verdades en general” y en la que se obtura la capacidad de los ciudadanos para argumentar, debatir y responder.
Si Argentina es el “laboratorio” del nuevo fascismo global, este libro es, asimismo, un laboratorio de pensamiento político en el que García ensaya con las ideas. Se compone de artículos independientes que producen continuidades internas, consecuencia natural de una manera de pensar siempre en proceso. El autor activa un mecanismo de especulación teórica por el que circulan desde Benjamin hasta Deleuze y Guattari, pasando por Freud, Mark Fisher y los pensadores hipersticionales del CCRU, para alumbrar breves “iluminaciones”, algunas de las cuales van armándose de manera más sólida a medida que avanzan los ensayos. Podría achacársele, quizás, cierta falta de concreción en algunos puntos; produce ideas y asociaciones que, dada la limitación del formato, no desarrolla con la suficiente precisión. Es algo que, de alguna manera, viene implícito en la apuesta del autor. No obstante, en su conjunto, se trata de textos tan exigentes como lúcidos que se encuentran entre los más frescos y estimulantes que este reseñista ha leído en mucho tiempo.
Y, finalmente, argentino porque el foco está indudablemente puesto en Argentina, si bien esto no debe disuadir a aquellos a los que la realidad de aquel país les sea ajena. No solo porque también pone su mirada en otros asuntos de actualidad como el genocidio de Gaza o el regreso de Trump, sino porque lo que en realidad está haciendo García es tomar a Milei como síntoma de un fenómeno global que pasa por reintroducir un tipo de fascismo aceleracionista a partir del simulacro, de lo fake. Frente a ello, nos dice el autor, urge plantar una batalla ideológica que pasa por “volver a la herencia ilustrada para distinguirla, desgajarla y finalmente oponerla al proceso y al ideal de la modernización capitalista”.















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