Conversación con Enrique Vila-Matas: "¿Cómo haremos para desaparecer?"
- Jorge García López

- hace 23 horas
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por Jorge García López
Durante su trayectoria, una de las más relevantes de la literatura española de entre siglos, Enrique Vila-Matas ha trabajado una y otra vez las ideas de fracaso y renuncia. Desde su famosa Bartleby y compañía, sobre autores que abandonaron la escritura, hasta la más reciente de sus novelas, Canon de cámara oscura, en la que se alumbra la figura de “el fracasista”, Vila-Matas sabe de antemano que toda escritura parte de una imposibilidad: la de utilizar como vehículo de expresión el código limitado del lenguaje. La conciencia de que aquello que se aspira a decir será siempre indecible es el comienzo de la literatura que interesa a Vila-Matas, esa sobre la que tanto ha escrito en la mayoría de sus novelas, piezas a medio camino entre la ficción y el ensayo, a través de las cuales ha creado una voz autorial inconfundible. Con él hablamos sobre fracasos, renuncias, pero también sobre el estilo y el legado de su escritura.

En Canon de cámara oscura hay un personaje central que es Altobelli, “el fracasista”. Es interesante esta palabra, porque no designa exactamente a un fracasado, sino casi a alguien que ha hecho del fracaso una disciplina, una poética o, incluso, un modo de estar en el mundo, casi una ética. ¿Qué es para ti un fracasista?
Desde que he sentido que es “alguien que ha hecho del fracaso una disciplina, una poética o, incluso, un modo de estar en el mundo, casi una ética” no creo que quede más que añadir a tan buena definición del fracasista Altobelli. Si acaso comentar que, cuando elegí su apellido, pensé en el escritor barcelonés Francisco Casavella, alguien que iba siempre al fondo de la noche, parecía infatigable, invencible. Altobelli/Casavella. Belli/Vella. Era rotundamente scottfitzgeraldiano, que para mí era entonces lo que tenía que ser un escritor. La primera vez que le vi en mi vida fue en la coctelería Boadas, en Tallers junto a las Ramblas. Ni que hubiera preparado su performance especialmente para mí. Casavella era jovencísimo y estaba sentado en un solitario taburete en medio del local leyendo El gran Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald. ¿Un mensaje nítido y toda una declaración de intenciones de cara al futuro? Años después, cuando ya era conocido, me llamó una mañana para preguntarme si podía incluir en su nuevo libro una cita de El gran Gatsby que había incluido yo en uno de los míos. La cita decía (traducción de Justo Navarro): “A mí me habían invitado de verdad”. Con el tiempo iría convirtiendo su vida en la historia de The Crack-Up, que aquí se tradujo por El desmoronamiento, gran libro de culto sobre cómo fracasar a tope en la literatura y en la vida y al mismo tiempo desmoronarse de un modo glorioso.
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