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Conversación con Laura Fernández: "Los que escribimos somos siempre dos personas"

Actualizado: 26 jul

por Beatriz García Guirado y Matías Néspolo


Si el placer de lectura cotizara en onzas, si el goce del juego y la aventura fuera un metal precioso, entonces Laura Fernández sería el rey Midas. O la reina, mejor dicho. Porque todo lo que toca lo convierte en oro. Y lleva más de dos décadas haciéndolo, pero comparte su riqueza a manos llenas, tanto la que descubre por ahí en las pantallas o en libros ajenos, con su disfraz de periodista y crítica cultural, como la que ella misma escribe en unos libros rarísimos. Sobre su identidad circulan todo tipo de versiones. Unos aseguran que es una escritora famosa y extremadamente popular de Marte que está en la Tierra solo de paso. Otros creen que es la reencarnación luminosa y afable de la hermana gemela de Philip K. Dick, nacida en Terrassa (Barcelona) en 1981. Como sea, ella no se deja atrapar y con títulos como Connerland (2017), La señora Potter no es exactamente Santa Claus (Premio El Ojo Crítico de Narrativa 2021) o Damas, caballeros y planetas (2023), entre otros, no ha hecho más que difuminar ese misterio. Y tampoco es que nosotros pretendiéramos aquí resolverlo. Solo nos propusimos conversar con ella sobre su particular teoría del doble, sobre la excavación arqueológica de la escritura y sobre el subversivo poder emancipatorio de la imaginación. 


©María Rodenas
©María Rodenas

Lo primero que publicaste en 2006 fue con el seudónimo de Laura Malasaña, ¿por qué? 

Todo se resume en la editora de Barataria. Me llamó dos semanas antes de que saliera Dos y dos son cinco para decirme que era un libro muy largo, que no lo podía publicar así: uno de los cuatro relatos tenía que quedar fuera. Eran cuatro casos de un detective muy torpe que vivía en el quinto pino —un lugar muy parecido a Terrassa que se llamaba literalmente Quinto Pino—, y quien resolvía los casos era su secretaria, una chica que parecía menor de edad que se llamaba Elena Cádiz. En ese momento yo estaba pasando un fin de semana en Madrid, en el barrio de Malasaña, y me dije qué hago. Con el primer relato comenzaban los casos, con el último concluía todo. Si quitaba el segundo quedaría un libro cojo. Y cuando regresaba a Barcelona en autobús elegí quitar el tercero. Pero entonces me asusté, no podía firmar ese libro así, aunque firmar con mi nombre tampoco importaba mucho, porque llamarse Laura Fernández es como no llamarse nada. Pero creo que fue una buena decisión, porque lo que he escrito luego no ha tenido nada que ver o sí, no lo sé... 

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