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Conversación con Patricia MacCormack: Fracasar como especie

por Jofre Casanovas


Si este número de Quimera se pregunta por el fracaso y la renuncia, Patricia MacCormack lleva ambos conceptos hasta su límite: no hay fracaso más absoluto que el de la humanidad como especie ni renuncia más absoluta que la de dejar de perpetuarnos hasta la extinción. Profesora de Filosofía Continental, MacCormack ha desarrollado una obra que cruza teoría queer, ética poshumana, cine, animalismo y ecología. En Cinesexuality (2008), Posthuman Ethics (2012) y el reciente Death Activism (2025), ninguno editado aún en castellano, ha ido desplazando su pensamiento de lo poshumano hacia lo ahumano, concepto que no aboga por una nueva versión del ser humano, sino el abandono de sus privilegios y de su soberanía. Pero es en El manifiesto ahumano. Activismo para el fin del Antropoceno, publicado por Materia Oscura, donde fracaso y renuncia se radicalizan y con ella conversamos sobre la extinción voluntaria, el desconocimiento como ética, el derecho a morir, el activismo animal, la literatura ahumana y la posibilida —jubilosa, en su pensamiento— de imaginar un futuro de la Tierra sin nosotros.



La evolución de tu pensamiento va de un horizonte poshumano a otro ahumano. Para empezar, sería útil aclarar las diferencias entre estos conceptos relacionados. ¿Cómo definirías el transhumanismo, el poshumanismo y el ahumanismo?

El transhumanismo es una especie de impulso realmente extraño, casi “superhumano”, de ampliar la idea de que los humanos son, de alguna manera, una forma de vida superior y que, por lo tanto, merecen ascender a una forma de inmortalidad, a menudo a costa de otras formas de vida y, de hecho, a costa de lo que entenderíamos como organismo o de la vida misma. El transhumanismo trata de superar la muerte porque bebe de esa extraña idea de que los seres humanos no merecen morir, ya que, de alguna manera, no son organismos. Son superiores a la propia vida. Es una validación del concepto de excepcionalismo humano.


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