Después del posmodernismo, metamodernismo: entrevistas a Jason Josephson Storm, Robin van den Akker y Timotheus Vermeulen
por Juan I. Iturraspe
Introducción
¿Hace cuánto que no le sigues la pista a lo extraño? ¿Cuándo quedó atorada tu ilusión por la oferta de sueños escapistas? ¿Notas cómo algo, aún tenue y efímero, está emergiendo en este centro comercial en el que se ha convertido nuestra cotidianidad? ¿Y si eso es una oportunidad para habitar el mundo con otro amor, con otro riesgo y, a fin de cuentas, con un otro? ¿Y si es, por raro que parezca, una rendija por la que volver a la realidad?
Aunque sea un poco tarde para esto, ya que han pasado dieciséis años desde su aparición: ¡bienvenidos a la metamodernidad!
¿Y qué es la metamodernidad? El término nombra lo que viene después del posmodernismo sin ser una vuelta atrás: ni ironía ni sinceridad, ambas. Tampoco el fin de los grandes relatos, sino la recomposición fragmentaria y abierta. Aun así, como verás a continuación, nadie está de acuerdo en qué es exactamente, y esa es parte de la historia. En estos años ha habido una proliferación de mapas, andamiajes conceptuales y creaciones artísticas que, decididamente, han querido intervenir la hiperrealidad en la que nadamos para que podamos captar otra cosa, otra vida, aquí, aunque sea por un instante.
No sabemos qué resultará de estos espontáneos y comprometidos movimientos y teorizaciones, pero sí sabemos que representan el hartazgo ante la espera, de caminar entre escombros y revivals, de desaprovechar nuestra agencia política por conservar puristas constelaciones identitarias o tableros políticos claustrofóbicos, de perder de vista las cada vez más pequeñas esquicias por las que intentar cambiar el mundo. Como dije en alguna ocasión, los metamodernos parecieran estar cansados de este cansancio.
¡Se quiere otra vida!
(Aviso: esta misma fórmula potencial, que sirvió tanto al Tea Party como a los movimientos Occupy, emerge en ambas conversaciones para explorar algunos de sus claroscuros).
En las entrevistas que siguen, podrán apreciar cómo, desde hace ya un tiempo, esta preocupación se ha convertido en cuerpos teóricos, movimientos artísticos o formas de vida que apuestan por la Historia tras el final de la historia, por la reconstrucción tras la avalancha deconstructiva, por la sinceridad y la ironía tras la defensa cínica y nihilista ante el catastrofismo generalizado, por una academia integrada en las dinámicas sociales tras su abandono al secuestro neoliberal y la proliferación de ascetas aduladores del prestigio, por un mundo en transición poscapitalista tras la incesante acumulación de poder en pocas manos y la equivalente pérdida de agencia comunal y asociativa del tejido social. De ahí que veamos a Jason Josephson Storm sugerir un programa, una disposición, una revitalización, y a Timotheus Vermeulen y Robin van den Akker generar mapas que no nos instan a actuar, sino a situarnos en este temporal.
Los tres entrevistados con quienes tuve el placer de conversar apuestan desde lo que llamo metamodernismo filosófico/epistemológico y estético. Por lo que respecta al primero, nos encontramos con Storm, quien, con su manifiesto metamoderno, [1] nos insta a replantear los estancos derroteros de la teoría académica hacia marcos más posibilitadores, pragmáticos e inclusivos, a que la torre de marfil hable la lengua de las calles, localizando la investigación y la dirección epistemológica. En definitiva, nos invita a intervenir el mundo para restablecer los enlaces revolucionarios que sobreviven hoy como eco de tiempos insumisos.
En cuanto a Vermeulen y Van den Akker, que parten del campo de la estética, como ya pudimos apreciar en su libro junto a Alison Gibbons, [2] nos sitúan en estos extraños tiempos, acelerados y claustrofóbicos, y periodizan las derivas de la actual estructura de sentimiento y sus mutaciones en las diversas producciones culturales. El análisis de lo que aún no termina de establecerse, pero cuyo clima se intuye, esta atmósfera que nos atraviesa, es lo que Raymond Williams entendía por estructura de sentimiento y que, siguiendo a Fredric Jameson, Van den Akker y Vermeulen mapean con tal de permitirnos, al menos, ubicarnos ubicando para dar cuenta de los diferentes intentos por simbolizar otro lugar, ficcionalizar aquello que dejó de poder narrarse: la Historia.
Lo interesante es que no hay definición del metamodernismo como tal, sino que sus apariciones, glocales, como he escuchado en algún lugar, son una respuesta parcial, un intento por captar e investigar lo que a todas luces se siente como urgente y transversal y actuar ante ello.
Si tan cansados estamos, tan hartos de las circunstancias que nos minan, por algún lado hemos de comenzar a rastrear aquello que se alimenta de nosotros. Dar con las cortinas rojas de este mundo que, a la vista está, no fue hecho para nosotros y asaltarlo desde los flancos de la teoría y la ficción en lugar de abandonarnos a la inercia de esta pesadilla complaciente a la que, tristemente, nos hemos habituado.
Notas
[1] Jason Josephson Storm, El futuro de la teoría: un manifiesto metamodernista, Barcelona, Mutatis Mutandis, 2024.
[2] Robin van den Akker, Alison Gibbons y Timotheus Vermeulen (eds.), Metamodernismo: historicidad, afecto y profundidad después del posmodernismo, Barcelona, Mutatis Mutandis, 2023.
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Juan I. Iturraspe
Doctor en Filosofía, lleva años trabajando el metamodernismo como algo más que una etiqueta de época: como captura y producción del deseo de otra cosa. Prologó, revisó y tradujo El futuro de la teoría de Josephson Storm y ha escrito sobre metamodernidad, fascismo y política del anonimato. Edita en Mutatis Mutandis, codirige Metaxis y pertenece al consejo de la revista Hénadas.
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