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NÚMERO 511/512 · JULIO/AGOSTO 2026 - Dobles y múltiples

Actualizado: 7 ago


Este número doble de Quimera explora las distintas formas del desdoblamiento: el Doppelgänger, el gemelo, el heterónimo, la pareja creativa, la autoría compartida, el seudónimo y el avatar digital. Una constelación sobre la sospecha de que toda identidad y toda escritura albergan otras voces.







Contengamos multitudes


En este número doble hemos querido abrazar nuestros desdoblamientos, duplicidades y multiplicidades. En la tradición literaria occidental, la figura del doble ha tenido una presencia inquietante que ha amenazado la unicidad del yo. Desde el Doppelgänger romántico hasta las teorías contemporáneas de la identidad como construcción inestable, el doble plantea la sospecha de que todo yo, o todo nombre, es la máscara de una identidad mucho más compleja y, a veces, escindida. 


Bajo esa máscara de univocidad se esconden otras personas: el doble más clásico de Stevenson o Dostoyevski, pero también el gemelo, el heterónimo, la pareja, el coautor, el seudónimo, la persona aliada en un proyecto o el avatar digital. Esta multiplicidad no puede reducirse a un simple binarismo, como a veces presupone la figura del doble. 


Tal vez por eso convenga pensar el doble y sus múltiples no solo como un motivo fantástico o psicológico, y verlo como un símbolo de una teoría informal de la literatura. Allí donde aparece una figura duplicada, escindida, multiplicada o compartida, se tambalea también la idea de origen. Entonces, ¿qué yo habla cuando habla un personaje?, ¿quién firma cuando firma un nombre?, ¿qué parte de una obra pertenece al individuo y qué parte a una constelación de voces, lecturas, afectos y complicidades? El doble, la dupla y lo múltiple apuntan también que toda escritura es, de algún modo, una conversación con otro, incluso cuando ese otro adopta la forma de una sombra, un colaborador, una máscara o una versión desplazada de nosotros mismos.


Los textos reunidos trazan un mapa heterogéneo de estas operaciones: del doble clásico a las identidades digitales; de la autoría individual a la escritura compartida; de las parejas creativas a los heterónimos, los avatares y las voces que cuestionan la pretendida unidad del yo.


Frente a la tentación de pensar la literatura como expresión de una voz singular, los textos aquí reunidos insisten en su carácter múltiple, relacional y, en última instancia, inestable, donde la identidad, lejos de fijarse, se despliega en una serie de variaciones y uniones. En tiempos de firmas expandidas, identidades virtuales, escrituras colaborativas y subjetividades cada vez más porosas, volver al doble no es regresar solo a un motivo clásico, es la invitación a leer la literatura como una casa de espejos, no con el fin de encontrar el rostro verdadero, sino para aceptar que toda verdad, cuando se mira de cerca, empieza a multiplicarse. 


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